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La gran oportunidad que Milei ofrece a los argentinos 

El presidente, relato y falsos argumentos de por medio, presenta un nuevo envase con un fallido contenido que causó serios daños en tiempos recientes.


Macri, el gran titiritero que nunca ocultó su alianza con Karina y Javier Milei


Por: Fernando Gañete Blasco.- Para los hombres de negocios hay una máxima que dice que en toda crisis hay una oportunidad. Quizá sea por ello que los grandes fondos de inversión internacionales -a veces llamados Fondos Buitres (por su calidad de carroñeros)- tienen extraordinarios rendimientos a partir de las guerras, al igual que las multinacionales de productos de primera necesidad que aumentan sus ganancias con las pandemias, las guerras y las profundas crisis económicas de los países en vías de desarrollo y con gobiernos debilitados. 


Es claro que ese pensamiento en crisis no parte de quienes tienen sensibilidad, que ante una crisis buscan combatirla y ayudar a sus víctimas. Lo otro, la insensibilidad, califica tanto para empresarios, políticos, fuerzas de seguridad, periodistas o ciudadanos en general. O quizá, estos últimos sean víctimas, repetidores de los argumentos que dan los primeros que son los buscadores de oportunidades. 


Puede ser por esto que los partidarios de las ideas neoliberales cuando gobiernan buscan permanentemente las crisis en las sociedades; en la economía mediante licuar los ingresos de los trabajadores, subir tarifas y ampliar los márgenes de rentabilidad de las grandes empresas privadas, liberar precios para que los monopolios y oligopolios (alimenticias, laboratorios, energía, etc) ganen lo que las clases bajas y altas tendrán que pagar más caro. A veces esas crisis las crean a través de lo social, dividiendo a los ciudadanos con cuestiones raciales o de nativos contra extranjeros, de clase (clases medias contra pobres y los de mayor poder adquisitivo contra clases medias), o hasta ideológicas, pañuelos verdes contra celestes, entre otras cuestiones que sirven para profundizar el odio hacia el otro, el individualismo y, a su vez, distraer para que los que más le interesa que es que la sociedad no profundice en las razones de los verdaderos motivos de su empobrecimiento. 


También demonizar a los que van contra estas estrategias como históricamente lo fue con el peronismo y más contemporáneo el kirchnerismo ya que convencieron a un sector de la sociedad que son los dueños de todos los males. No hizo falta hacer lo propio con Alfonsín ya que los propios radicales lo abandonaron en sus ideas al ser adoctrinados por el neoliberalismo de la mano de De la Rúa y compañía. Los medios suelen ser fundamentales en ese rol de distracción. 

En general, los dueños de los sectores económicos concentrados son los ideólogos de estas políticas económicas, con los medios hegemónicos (ahora junto a influencers) como las herramientas propagandísticas para convencer a los ciudadanos y el sector político los que llevan a la práctica en democracia esas ideas (otrora fue en la dictadura cívico-militar). 

La oportunidad que da Milei. 


Al haber sido tan reciente lo que lastimó a las pymes y los sectores medios esa idea neoliberal en el gobierno de Mauricio Macri (su coalición quedó en tercer lugar en las elecciones generales), los ideólogos crearon un personaje outsider de la política. Su mayor argumento, es conocido, fue romper con la casta política. Siempre con la misma premisa de dividir, agredir y con estrategias disruptivas para disfrazar el principal concepto de las políticas neoliberales distrayendo con sus formas. 

Milei ganó y comenzó a aplicar las mismas prácticas neoliberales para que esa élite empresarial se pueda adueñar de, hasta, los bienes naturales de la Argentina y los ahorros de los trabajadores y emprendedores. La gran diferencia es que hoy les cuesta mucho disimularlo porque en este gobierno hay amateurs de la política como Milei, su hermana, Nicolás Posse y Santiago Caputo, entre otros, que hoy se transforman en un peligro para los propios ya que las torpes reacciones desnudan los verdaderos proyectos de negocios en desmedro del país y el conjunto de sus habitantes. Con los dos representantes en economía como Luis Caputo y Federico Sturzenegger expuestos como los responsables. ¿Cuál es la oportunidad entonces? 


A partir de las torpezas del gobierno quienes han querido llevar a cabo políticas nacionales y populares, sean peronistas, radicales, de otros partidos políticos e independientes pueden mostrarle a la sociedad más que nunca las dos diferencias de modelos que hay en el mundo. Hoy el propio presidente en su honestidad brutal se animó a decir lo que ningún representante neoliberal había llegado a tanto, como manifestar lo que expresó en Davos: “los dueños de los monopolios son héroes” o defender las políticas de derrame al punto de insultar al gran actor ya fallecido Hugo Arana que le dijo al ex ministro de economía que le parecía una hijaputez que el niño con hambre tenga que esperar que al rico se le caiga algo de la mesa para poder comer. 


Hoy mejor que nunca se puede responder de manera práctica a quienes argumentan: “a mi no me importa quien gobierne, yo se que me tengo que levantar a las seis de la mañana para trabajar”. La diferencia es levantarse con la tranquilidad que hay un gobierno que piensa en el boleto del transporte del trabajador y otro que sólo le interesa que el dinero de la nación se lo lleven los empresarios. Esa es la diferencia entre un gobierno nacional y popular y el neoliberal. Un gobierno que sin acudir a financiamientos de fondos buitres, ni FMI da medicamentos gratis a nuestros abuelos y quienes se endeudan para fugar la plata de los argentinos y llaman “viejos meados” a quienes dejaron su vida trabajando en el país. Igualmente, poder explicar de manera práctica lo que significa que un gobierno garantice las paritarias donde los representantes de los trabajadores defienden (mejor o peor) a estos y otro que busca congelar salarios y que pierda capacidad de compra para transferir ese dinero a favor de los empleadores. 


También sacar a relucir lo que se ha hecho en gobiernos con políticas a favor de los ciudadanos, pese a todo lo destructivo que son los poderes concentrados de la mano de sus medios y sus políticos a quienes quieren mejorar la calidad de vida de la ciudadanía en general. Así destruyeron la imagen, más allá de los errores de sus gobiernos, de Alfonsín, Néstor y Cristina Kirchner o el propio Alberto Fernández, contra el blindaje de aquellos presidentes con políticas económicas neoliberales como la dictadura cívico-militar, Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Mauricio Macri. Y ni hablar de los economistas que llevaron a cabo esas políticas como Domingo Cavallo, Sturzenegger, Caputo, Carlos Melkonian, Pratt Gay, Dujovne, etc. 

Sin entrar en el capítulo de Derechos Humanos y política exterior que llevaría mucho tiempo más, pero que también son muy claras las diferencias y también están a la vista. Hoy dichas herramientas están a la vista para ser didácticos con la sociedad y explicar los gobiernos que buscan la paz y armonía, tanto externa, como para los habitantes del suelo argentino.

 

Es necesario que la sociedad entienda que el voto en la urna es la dirección hacia donde llevaremos al país y que no es un mero acto cívico. Para ello se necesita, por lo menos, los aspectos básicos de conocimiento. Si bien hay distintas corrientes políticas hay una diferencia clara: o se gobierna para el poder económico, siendo un empleado político de ellos o se gobierna para el común de la sociedad. Es importante que se sepa que la toma de decisión del voto no es igual que cualquier producto comercial donde se compra desde el packaging. El neoliberalismo en los últimos 40 años de democracia supo vender con slogan del salariazo y revolución productiva con el packaging de peronista, la honestidad y anticorrupción con el packaging de radical, es rico y no tiene la necesidad de robar con envase de empresario exitoso y ahora combatir la casta con el envoltorio de loco carismático con motosierra. El resultado es el mismo. Es hora de ver el contenido y no tanto lo “atractivo” del envase y la publicidad. Por eso no hay que perder la oportunidad de hacer docencia de democracia y mostrar las diferencias.

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