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Una nueva plazoleta en Boulogne abre interrogantes y sugerencias

El municipio la construye en lo que fue un galpón municipal.


Correo de lectores:

“¡Con lo que te preocupa el ambiente seguro que estás a favor de la nueva plaza en Boulogne! ¡Debés estar re contento!”. Como muchos saben, en el galpón municipal de Boulogne el municipio prometió una nueva plaza (aunque, con 2000 metros cuadrados, apenas sería una plazoleta) y ya está incluso empezando a demolerlo. Según tengo entendido hubo 5000 firmas a favor. Me alegra que haya un consenso en sumar nuevos espacios verdes, pero me preocupa el cómo.


Por empezar no es un baldío: es la base de operaciones para las obras públicas de la zona. A mí me gusta ser claro: no quiero que el verde para mí sea gris para otros. No encontré información oficial en internet, pero por lo que escuché las maquinarias irían a un predio en el bajo de Beccar. ¿Vamos a dar molestias a otros vecinos de San Isidro para que nosotros disfrutemos de una plazoleta? Además, ¿No se consideró que, a partir de ahora, tapar un pequeño bache en la zona se puede volver más complicado?


Sigamos por el proyecto en sí. ¿Qué tal si se organizan reuniones para saber qué es lo que queremos los vecinos? ¿Y si se convoca a un concurso de ideas? Ya que el predio es tan chico, ¿Por qué no sumar el estacionamiento lindero sobre Olazábal, de unos 300 metros cuadrados? Escuchando distintas opiniones el resultado siempre termina siendo mejor.

Además, se está desaprovechando un edificio que, más allá de detalles, parece estar en buenas condiciones estructurales. Podría convertirse en un espacio verde la playa de estacionamiento (que ocupa, de hecho, la mayor parte del terreno) y el galpón reconvertirse en un centro cultural. ¿Por qué demolerlo? Tiene, calculo, unos 60 años y ya es parte de la historia del barrio o, como dicen los arquitectos, un hito urbano. Además, ¿Están seguros de que las vibraciones no van a afectar las casas linderas? Incluso, como en Plaza Boedo, podríamos dejar sectores de las paredes como testigos del pasado.


Y, por último, me hace ruido el nombre. Estando ubicada entre Olazábal y Asamblea, el municipio la quiere bautizar “Plaza Olazábal”. ¿Por qué no “Plaza Asamblea”, en homenaje a todas las asambleas de San Isidro, ¿que desde hace décadas tanto trabajan por el bien común? O, mejor todavía, ¿Por qué no organizar una votación en las escuelas públicas para definir el nombre?.


Cuando comenzaron los remates en Boulogne, allá por 1910, de las cincuenta manzanas se reservaron dos (en Sáenz y Junín y en Deán Funes y Wilde) como futuras plazas, pero, relata Pedro Kröpfl, por razones no claras terminaron siendo loteadas. Tratar de reparar el error de aquellos tiempos es cómo manejar un auto en reversa: hay que ir con mucho cuidado, despacio y mirando hacia todos los costados. Si no podemos romper el espejo retrovisor, rayar la puerta o abollar el capot de la camioneta que está estacionada detrás. No dejemos que un impulso nos lleve a arruinar nuestra vecindad o, peor aún, un barrio hermano.


Patricio Agustín Iglesias

Vecino de Boulogne

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