COVID 19: entre turros, mal paridos y miserables

Laura Alonso y Miguel Picheto arietes de los que actúan detrás de cámaras

Las situaciones extremas suelen mostrar el verdadero rostro de la humanidad. Así como en la cúspide muchos sacan a relucir arrogancia y soberbia supina, en tiempos de crisis, aparecen los turros, los mal paridos o paridas, y los eternos miserables que lucran sobre la desgracia. Y no es cuestión de individualidad. También hay gobiernos, dirigentes, medios de comunicación y periodistas y empresarios, que muestran rostros que priorizan al dios mercado, al dios dinero. Mientras los muertos se acumulan en todo el mundo, producto de la pandemia, esos sectores consideran, sí, consideran que no hay que detener el sistema productivo. “El costo de parar las economías es mayor que las muertes que dejará el virus”, dicen. Y seguramente para aquellos que todo se mide desde una planilla Excel, ha de ser así. Sin embargo, y por fortuna, hay otra mirado, profundamente humanista y cristiana que pone al hombre como centralidad.

Escuchar en medio de semejante incertidumbre nacional, angustia y de tanto esfuerzo político –gratísimo resulta ver a Fernández trabajando codo a codo con Larreta y Kicillof, por caso-, de tanta pasión puesta por los y las trabajadoras de la salud, al igual que de personal de seguridad, provincial o municipal, tener que soportar a dirigentes como la inefable Laura Alonso y Miguel Ángel Pichetto decir que la ayuda humanitaria que podrían brindar médicos cubanos en Argentina es “parte de un plan de espionaje internacional”, ubican a estos individuos en el terreno de los mal paridos; nadie de su partido salió a cuestionar las exresiones. A pesar que saben que profesionales cubanos están brindando ayuda humanitaria en países como Italia, estos mercenarios de la política dice lo que dice. Nunca fueron distintos: mala gente.

Y dentro de esas facetas que surgen con rostros desalmados y miserables, se inscriben banqueros y empresarios que argumentan que “hay que proteger la economía, porque así cuidamos a la gente”, insisten -vía medio de comunicación cómplices-, alivianar el aislamiento. Son los que reclaman y nada ponen en medio de la crisis.

Banqueros y empresarios que se enriquecieron a costa del hambre y angustia de la población; 42% de pobreza, 10,5 desocupación, por mencionar dos datos. No se discute que un empresario tenga rentabilidad, es la lógica. Se trata de ser solidarios. Así como hoy, el gobierno de Alberto Fernández puso todos los recursos de Estado en post del cuidado de la gente, estos sectores debería hacer lo mismo: por voluntad o vía, si fuera necesario, impuesto solidario. Son miserables, nunca ponen, siempre reclaman; y se quejan cuando le meten, por ejemplo, un aumento del 3% a las exportaciones de soja. Edenor, Edesur, Caputo, Ausol, Grupo Macri, Banco Santander, Banco HSBC, Galicia, FORD, GM, FIAT; Peugeot, entre otros, obtuvieron ganancias cercanas a un PBI; esto sin ingresar a analizar el dinero depositado en paraísos fiscales. Muchos de ellos ganaron en plena crisis del 2003 ya que el Estado nacional le entregó dinero (cerca de 20.000 millones de dólares) para que no fundieran. Algo parecido sucedió en 2008.

Son tan miserables que nunca ponen el pecho, mucho menos el rostro. Utiliza a medios de comunicación y periodistas amigos. Son los que por estas horas venden, desde las pantallas o titulares o medios radiales, la necesidad de alivianar el aislamiento como lo hacen Trump, Piñera o Bolsonaro. “Es más caro parar el país que enterrar a ciento de muertos”, dicen y no dejan de criticar al gobierno por las dudas. No lo dicen ellos de manera directa, tienen sus voceros rentados, periodistas y medios de comunicación que abrevan de modelo en que los mercados rijan los destinos del país. Un país sin sindicatos –que vale mencionar que por estas horas abrieron los sindicatos y hoteles sindicales para atender pacientes del COVID 19-, un país sin partidos políticos. Intentaron hacerlo con CEOs y así nos fue. Sin embargo, los mismo turros que operan detrás de un micrófono sugiriendo la necesidad de alivianar o llevar lisa y llanamente el aislamiento, fueron los que callaron las tropelías cometidas por el anterior gobierno.

Por estas horas, y mientras las muertes se acumulan y gobiernos muestran rostros hasta ayer impensado, para algunos, el debate que emerge es manos de quién dejamos a la humanidad: si al dios mercado que ya está sacando rédito con nueva plataforma de trabajo (en casa) o a Estados garantes de equidad y justicias social que eviten la voracidad y avaricia de unos pocos.

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