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¿Y si a Milei le sirve una Cristina libre?

hace 4 minutos
5 min de lectura

Cuando un gobierno empieza a ver naufragar su proyecto, el adversario puede convertirse en su mejor argumento electoral. ¿Y si la revisión de la causa Vialidad terminara abriendo un escenario políticamente funcional al oficialismo?

 


Columna de Opinión


Por: José "Pepe" Armaleo.-


Hay preguntas que parecen absurdas hasta que se las examina desde la lógica del poder. Una de ellas es esta: ¿y si, frente al desgaste de su proyecto económico y político, Javier Milei comenzara a encontrar más utilidad electoral en una Cristina Fernández de Kirchner libre que en una Cristina apartada de la escena pública?


No digo que exista un acuerdo, una negociación secreta ni una decisión tomada. Sólo planteo una hipótesis. Porque en política no siempre importa solamente quién es el adversario, sino también cuánto necesita cada uno del otro para sostener su propia construcción de poder.


La nota de Juan Luis González, «La campaña del riesgo kuka: la última esperanza de Javier Milei», Revista Noticias, describe una dinámica que merece atención. Frente a las dificultades económicas, el Gobierno insiste en presentar al kirchnerismo como la amenaza que acecha detrás de cada problema nacional. Si las promesas de prosperidad no se cumplen, siempre queda la posibilidad de advertir que lo que vendría después sería todavía peor.


Pero ese recurso tiene una contradicción: para mantener vigente el temor al regreso del kirchnerismo, el oficialismo necesita que el kirchnerismo permanezca en el centro de la escena política.


Y aquí aparece la paradoja. ¿Qué ocurriría si Cristina recuperara plenamente su libertad y volviera a intervenir de manera directa en la disputa política?


Para el peronismo, su regreso podría representar una oportunidad de movilización, pero también un factor de conflicto. ¿Quién conduciría la reconstrucción? ¿Cristina, Axel Kicillof, los gobernadores, los intendentes? ¿Se impondría una conducción compartida o volverían a enfrentarse los distintos sectores por las candidaturas y la orientación política?.


Una Cristina libre no garantizaría la unidad peronista. Incluso podría profundizar sus diferencias. Y un peronismo dividido entre la reivindicación de su pasado y la necesidad de construir una alternativa para el futuro sería un adversario más sencillo de enfrentar que un movimiento capaz de acordar un programa común.


Para Milei, además, su presencia podría ofrecer un recurso político conocido: reinstalar la elección como una disyuntiva entre él (y sólo él) y el kirchnerismo, aun cuando la discusión central debiera ser el resultado de su propia gestión.


Cuando el presente no alcanza para justificar el futuro prometido, el pasado puede convertirse en una herramienta electoral.

¿Pero cómo podría producirse un escenario semejante? Y aquí entra en juego la Justicia. La condena de Cristina Kirchner en la causa Vialidad quedó firme en junio de 2025, cuando la Corte Suprema rechazó el recurso extraordinario de su defensa. Ese pronunciamiento no desarrolló un examen propio y exhaustivo de cada uno de los agravios planteados. En septiembre de 2026, sus abogados anunciaron una nueva estrategia de revisión, apoyada, entre otros elementos, en documentación que consideran relevante para cuestionar los fundamentos de la condena.


¿Podría abrirse una instancia que permitiera examinar esos planteos con mayor profundidad? La respuesta depende de las vías procesales disponibles, de sus requisitos y de la decisión de los tribunales competentes. Una revisión no equivale, por sí misma, a la anulación de la condena ni a la recuperación de la libertad. Sin embargo, la pregunta política subsiste.


La Corte Suprema ha demostrado que sus decisiones pueden tener consecuencias determinantes sobre la vida institucional del país. Y su relación con el Poder Ejecutivo, como ocurre con toda institución llamada a controlar al poder, debe examinarse a la luz de sus decisiones concretas, no de supuestos acuerdos que no han sido acreditados.


¿Podría una decisión judicial favorable a la revisión de la causa terminar generando un escenario conveniente para el Gobierno? ¿Podría el oficialismo aceptar, o incluso considerar útil, que Cristina recuperase protagonismo si ese movimiento reactivara la polarización y las disputas internas del peronismo?.


No hay elementos suficientes para afirmar que esa sea la estrategia de Milei. Pero tampoco es necesario dar por probada una conspiración para analizar los incentivos políticos que podrían existir detrás de un escenario hipotético.


El interrogante se vuelve más relevante cuando observamos que la confrontación pública no excluye necesariamente los acuerdos institucionales. La política argentina ha ofrecido numerosas ocasiones en las que adversarios que se descalifican ante las cámaras encuentran puntos de coincidencia cuando están en juego decisiones concretas de poder.


La pregunta, entonces, no es si Milei y Cristina son enemigos. Es si la confrontación entre ambos puede terminar siendo funcional a sus respectivas necesidades políticas, incluso cuando sus intereses inmediatos parecen opuestos.


Hay una diferencia entre necesitar un adversario y necesitar que ese adversario gobierne. El primero permite mantener movilizada a la propia base electoral; el segundo puede resultar útil para alimentar el miedo, disciplinar a los aliados y justificar los sacrificios presentes en nombre de un futuro que todavía no llega.


Pero existe un riesgo para el propio oficialismo. Una Cristina libre no sería necesariamente la figura que Milei necesita. Podría recuperar iniciativa política, modificar la agenda pública y obligar al Gobierno a enfrentar discusiones que hoy intenta desplazar. La misma figura que podría servir para reactivar la polarización también podría convertirse en un factor de incertidumbre para sus cálculos. Escenario que Milei ya conoce.


Por eso, no se trata de anticipar una maniobra ni de atribuirle al Gobierno una decisión que desconocemos. Se trata de pensar qué escenarios podrían resultar funcionales a sus intereses y observar qué decisiones concretas se adoptan.


Mientras tanto, el peronismo tiene una responsabilidad propia: dejar de organizar toda su estrategia alrededor de Cristina, tanto para defenderla como para discutirla. Si pretende constituir una alternativa nacional, necesita debatir un programa económico y social, una propuesta de desarrollo y una conducción capaz de integrar sus diferencias sin quedar atrapada en ellas.


Porque si el futuro del peronismo depende exclusivamente de lo que resuelva la Justicia sobre Cristina, o de lo que Milei haga o deje de hacer con esa cuestión, entonces el problema es mucho más profundo que una causa judicial.


Quizás la pregunta más incómoda sea también la más sencilla: ¿y si una Cristina libre le resultara útil a Milei para que los argentinos discutan sobre Cristina, en lugar de discutir sobre Milei?


No sabemos si el Gobierno contempla esa posibilidad. Pero en política, a veces, la hipótesis que merece ser investigada no es la que da por probado un pacto secreto, sino la que nos obliga a preguntarnos quién podría beneficiarse de un escenario determinado.


Y cuando un proyecto de gobierno empieza a depender cada vez más del temor a su adversario, conviene preguntarse si ese adversario es solamente el obstáculo que denuncia el poder o si, paradójicamente, también puede convertirse en uno de sus recursos.


*José “Pepe” Armaleo – Militante, abogado, magíster en Derechos Humanos, integrante del Centro de estudio de la realidad social y política argentina Arturo Sampay y de Primero Vicente López.

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