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Villa Gesell: la ciudad que empezó como un bosque en la arena y hoy es uno de los destinos turísticos más solicitados

  • hace 4 horas
  • 3 min de lectura

Del apasionante sueño de Carlos Idaho Gesell, al paso de un joven Che Guevara, hasta la gran movida que atrajo, y atrae, a millones de turistas, la ciudad continúa con el inconfundible encanto de una naturaleza inigualable.



Antes de ser playa, antes de ser boliche, antes de ser verano, Villa Gesell fue un experimento forestal en medio de la nada. La historia de esta ciudad empieza con un hombre al que le dijeron “loco” y 1648 hectáreas de dunas que nadie quería. Si buscás pasajes a Villa Gesell, estás yendo a una ciudad que existe porque a un tipo le pareció buena idea plantar árboles en un desierto. Conocé su historia.


Carlos Idaho Gesell nació en Buenos Aires en 1891. Su familia, inmigrantes alemanes, tenía una fábrica de muebles y artículos para bebés llamada Casa Gesell. En 1931, buscando terrenos baratos donde plantar pinos para abastecer la fábrica, compró un arenal frente al mar, en la zona de General Madariaga. No había caminos, no había agua, no había nada más que un montón de arena que se movía con el viento.


El ingeniero agrónomo que contrató le dijo que nada iba a sobrevivir en esas dunas. Gesell lo despidió y se puso a experimentar solo. Para fijar la arena inventó un sistema de cuadrículas, importó acacias australianas que aportan nitrógeno al suelo y plantó pinos, eucaliptos, álamos, cipreses y fresnos en tubos de cartón tapados con brea.


Le llevó diez años, pero el bosque creció. En diciembre de 1931 construyó su primera casa sobre una duna de seis metros. Tenía cuatro puertas orientadas a los cuatro puntos cardinales así siempre había al menos una que no estaba tapada por la arena. Esa fecha se tomó como la fundación de la Villa.


Carlos Gesell no era un improvisado. Había vivido diez años en Estados Unidos, donde trabajó con Henry Ford y conoció a Thomas Edison. Una vez que el bosque ya había crecido, cambió de plan. En 1940 construyó una casita que llamó La Golondrina. La publicó en el diario La Prensa como una "casita solitaria frente al mar, se alquila por 15 días a $100".


Así llegó el primer turista. A partir de ahí, Gesell empezó a lotear con un trazado que seguía las ondulaciones del terreno en vez de imponer una cuadrícula. Las calles paralelas al mar se llaman avenidas; las perpendiculares, paseos. Esa estructura irregular, que respeta los médanos originales, es lo que le da a Villa Gesell su personalidad.


En los años 50, el Che Guevara pasó por la ciudad como escala antes de su viaje por América. En los 60 fue el epicentro de la movida hippie argentina y la primera playa del país donde se usó bikini. Carlos Gesell inauguró en 1968 el Anfiteatro del Pinar, donde todavía se hacen los Encuentros Corales de Verano. Murió en 1979, a los 88 años, soñando con forestar 20 hectáreas del Sahara.


Hoy, la Reserva Pinar del Norte conserva 14 hectáreas del bosque original con robles, alcornoques y especies de todo el mundo. Ahí están la casa de las cuatro puertas (hoy Museo Histórico), el Chalet de Don Carlos (centro cultural), el Museo de los Pioneros y el Museo de Malvinas. También, unos 25 kilómetros al sur, el Faro Querandí custodia desde 1922 la reserva natural.


Villa Gesell nació porque alguien decidió que un desierto de arena podía ser un bosque. Noventa años después, el bosque sigue ahí y la ciudad que creció entre sus árboles también.

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