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Muchachas, muchachos bajen un cambio, hace una semana

Las extremistas medidas económicas generaron un marcado sesgo de angustia y preocupación en la población. Un modelo ideológico, el de Milei y sus socios de JxC, en el que no se observa sensibilidad social. La tragedia de Bahía Blanca es una nueva muestra.



Apenas hace una semana que el presidente Javier Milei, junto a sus socios de Juntos por el Cambio, ocupa el gobierno nacional. Sin embargo, a la luz de los acontecimientos, millones de argentinos viven esta semana como si fuera varios años de oprobio, de destrucción institucional y de calidad de vida. Una semana, tiempo suficiente para comprender por dónde rumbea el modelo ideológico del gobierno. Y confirmar que el mentado relato de que el ajuste “lo pague la casta” no era más que eso, un falso relato.


Lo que a otros gobiernos se les suele otorgar una luz de un par de meses como para que se acomoden e indiquen el camino que garantice una mejor calidad de vida, no se está produciendo. Es tan dañino lo que han generado que el lapso se acortó. El ciudadano de a pie, el trabajador, el comerciante, el industrial PyMe, no necesitó meses para comprobar que sus salarios se licuaron, que los precios de los alimentos se dispararon sin control por arriba del 100%, que los primeros despidos comenzaron a manifestarse y que la película no presagia nada bueno para sus bolsillos.


El panorama es agorero, desalentador. Esto se palpa claramente vía redes sociales, a través de las entidades sindicales, empresariales, en medios de comunicación independientes, en movimientos sociales y religiosos que, de una u otra manera, denuncian que el ajuste lo están padeciendo en carne propia.


Los sectores exportadores, especialmente agro y minería, al igual que el sector financiero, son los ganadores del modelo llevado adelante por Milei y sus socios de Juntos por el Cambio. Y nada determina que este esquema vaya a cambiar. Más bien, así lo interpretan con la realidad en la mesa, la realidad podría verse más agravada para la clase media, para la industria local, para el comerciante, para el ciudadano de a pie.


La intuición popular, de algún modo, vislumbra que la película no termina bien, salvo para la “casta de privilegiados”, como denuncia la gravedad de la crisis generada por las medidas y reclama un cambio de rumbo. “Eligieron el peor camino, el que daña al pueblo”, coinciden dirigentes sindicales, políticos y religiosos a la hora de poner en claro el malestar.


Si como muestra basta un botón, a una semana de haber asumido la presidencia, Javier Milei lo primero que hizo -ayer- fue ir a votar en la interna del club Boca Juniors acompañando la lista de Mauricio Macri (perdió, ganó Román Riquelme). Esto sería natural si el contexto fuera otro. No tanto por la gravedad de las medidas que un amplio sector de la población le objeta. El drama que padeció la ciudad de Bahía Blanca con 13 muertos y la destrucción que produjo el temporal exigía, por lo menos para aquellos que apelan al sentido común y que viven la vida con mirada solidaria, que el presidente de todos los argentinos hubiese dejado una interna futbolera de lado. No, el presidente prefirió, como primer acto, ir a respaldar a su socio político. Recién después se trasladó a Bahía Blanca donde estaba el intendente y el gobernador Axel Kicillof atendiendo la emergencia y conteniendo a las familias de las víctimas.


 Javier Milei fue acompañado por la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y su par de Defensa, el radical Luis Petri. Tanto Milei como Petri concurrieron disfrazados con ropa de combate militar. Innecesaria indumentaria frente a un drama que no ameritaba dicha escenografía.


 Así como esta puesta en escena fue criticada, también los dichos del presidente en el lugar del drama. Frente a lo que muchos imaginaban que iba a llevar soluciones concretas, además del pesar del caso, mostrando de qué lado de la vida se para el presidente, dijo: "Estoy perfectamente confiado en que ustedes van a poder resolver esta situación de la mejor manera posible con los recursos existentes".


Cuando esto sucede, en gran medida, se comprende la ansiedad y angustia de millones de personas que viven la primera semana del presidente pretendiendo que sean las últimas jornadas de su gestión. Aún no se inventó la máquina que regule el tiempo. Si así fuera, seguramente sería un buen ejercicio radicaría en comprender por qué un “loco” ganó las elecciones con apenas dos años de transitar la política nacional. En el mientras tanto, esa gran masa del pueblo que supo de grandes glorias, tendrá tiempo para reoxigenarse y seguir caminando para dar las gran batalla cultural.

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