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Inseguridad en Olivos: vecinos alertan y nadie escucha

La comunidad del Bario La Loma asegura que, llamativamente, recrudeciron los delitos


La preocupación vecinal volvió a ganar las calles a partir de recrudecimiento que definen “como ola de inseguridad que se da casi cada 48 hs.” Esto sucede una zona que supo estar caldeada por entraderas y arrebatos callejeros: O’Higgins del 3400 al 3600. Tema sobre el cual Lo Nuestro cubrió de manera reiterada en años anteriores. Aquella realidad que parecía haber ingresad en un cono de letargo, está regresando, llamativamente, en un añoo electoral, tal cual lo indican no pocos vecino.


Sucede que el Barrio La Loma, de él se trata, en ciertos momentos cuando la prevención del delito y la presencia policial -provincial como municipal-, no tienen la contundencia que se reclama, el delito se dispara. Incapacidad, complicidad, limitaciones, vaya a saber cuál es la razón por la cual los muchachos de lo ajeno regresan al delito barrial poniendo en vilo a toda la comunidad.


“Las Cámaras del Centro del monitoreo están, pero no nos queda claro de qué modo están funcionando los operadores del Centro”, confía Adolfo quien fuera, días atrás, víctima de un robo en la calle


Mediante un escrito al cual tuvo acceso Lo Nuestro, los y las vecinas detallan que “desde el Centro de monitoreo, no nos dan prevención, cuando alguien pasa en actitud de merodeo, mirando dentro de los vehículos estacionados, probando si están las puertas cerradas de los mismos, no mandan ningún móvil, somos nosotros los vecinos que alertamos, desde la alarma, o con el llamado”.


Los vecinos explican que “nos insisten en las denuncias, hay una aplicación que permite hacerla desde el celular. La denuncia cae en una fiscalía, que las recibe y dice que va a investigar”, y agrega, un preocupado Andrés que junto a su mujer comenta que “si no hay individualización de o de las personas, qué puede investigar sobre un hecho como un arrebato callejero la investigación no avanza”.


Por otra parte, detallan que hay contacto con los efectivos de las patrullas, “ellos coinciden con la ubicación del origen de estos rateros, pero no les bajan instrucción para que hagan una vigilancia en ese lugar, porque “teóricamente” eso queda a cargo del Centro de Monitoreo”. Y, a modo de denuncia señalan que dentro de la red de venos que amamos como sistema de seguridad “indican que la calle O’Higgins es un corredor que circulan los delincuentes para después doblar en Acasusso”.


Como se observa, los hechos son tan contundentes como la ineficiencia a la hora de prevenir el delito. Cierto es que no existe el delito cero; en ninguna parte de planeta. Sin embargo, Argentina, y esto cuesta entenderlo cuando el dolor de ser víctima está a flor de piel, registra uno de los índices más bajos en delitos. Por caso, en la provincia de Buenos Aires se pasó, en estos últimos años, de 900 delitos a cerca de 720.Bajo. Alcanza, claro que no.


Seguramente otra sería la realidad si los y las responsables de la seguridad comunitaria reconocieran las limitaciones y escucharan más a la comunidad, al ciudadano de a pie que sabe y reconoce dónde están esos bolsones primarios del delito. Los otros, los que verdaderamente impulsan y llevan a miles a delinquir, nunca aparecen.

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