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“Genocidio industrial": el alarmante impacto del modelo libertario en Pymes y clase media

  • hace 1 minuto
  • 3 min de lectura

Más de 25.000 PyMes y 16.000 comercios barriales cerrados, 340.000 desempleados y constantes tarifazos son la resultante del modelo.



La realidad empresarial, la de los comercios barriales y supermercados contradicen el relato y entusiasmo del gobierno. La situación socio-económica está dañando la producción y el empleo (340.000 despedidos).  Desde la llegada del gobierno de derecha denominado La Libertad Avanza, 25.300 Pymes debieron cerrar, así lo expresaron industriales Pymes Argentinos que preside el empresario Daniel Rossato. El malestar por el modelo político que regentea el gobierno también encuentra eco en el sector de la construcción, la industria manufacturera, automotriz y textil.   


Tan delicada es la situación que se habla de “genocidio industrial”.


 El modelo de la derecha tiene claros ganadores y privilegiados: bancos, financieras, sector extractivista, agroexportadores y prestadoras de servicios (luz, gas, telefonía, entre otras). El sector más dañado, la producción nacional y la clase media. La torta se la reparten entre muy pocos, en el mejor de los casos, aseguran estudiosos universitarios y consultoras privadas, entre un 20/25% de la población.


En este sentido es que el diputado nacional Juan Marino, de Unión por la Patria, quien reitera un término que está siendo escuchado en distintos ámbitos: “genocidio industrial”. En esta sintonía también se ubican economistas que hablan de destrucción creativa. Sucede que la industria argentina registra un ritmo de “pérdida de puestos de empleo de seis por hora”, según indicó la consultora I+D, de Diego Coatz.


Mediante su más reciente reporte, ese centro de análisis económico advirtió que durante el último año (hasta febrero 2026) se perdieron 45 mil empleos formales directos y 79 mil 200 en total en la industria, al tiempo que cerraron mil 800 Pequeñas y Medianas Empresas sólo en el sector industrial.


El índice de producción industrial (IPI manufacturero) del Indec mostró una baja de 2,8 puntos porcentuales en abril medido contra el mismo mes de 2025, en tanto en el primer cuatrimestre de 2026 cerró con una disminución de 2,4.


Así, el sector manufacturero vuelve a perder fuerza tras haber mostrado un leve repunte en marzo, cuando cortó una racha de ocho meses consecutivos de caídas.


Sólo cuatro de los 16 sectores que abarca el IPI Manufacturero lograron en abril estar en zona positiva: Sustancias y productos químicos (16,7%), Productos de tabaco (6,5%), Refinación del petróleo, coque y combustible nuclear: (5,6%) y Madera, papel e impresión (4,1%). El resto quedó por debajo.


Los que peor estuvieron fueron: Vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes (-10,7%), Industrias metálicas básicas (-11,2%), otros equipos, aparatos e instrumentos (-11,4%), Prendas de vestir, cuero y calzado (-15,9%), Maquinaria y equipo (-20,2%) y Productos textiles (-22,2%).


También bajaron Productos de caucho y plástico (-5,1%), Muebles y colchones y otras industrias manufactureras (-5,1%) y Productos minerales no metálicos (-6,4%) y Alimentos y bebidas (-2,4%).  La caída del consumo (5%) es otro indicador negativo que oculta el gobierno. La gente no tiene plata en el bolsillo y esto se nota en los locales barriales y supermercados: cayeron las ventas.


Otro indicador de alerta proviene de  los  bancos. La morosidad en las tarjetas de crédito roza el 7% cuando en el 2023 rondaba  el 2,5%. Más grave es la morosidad en el sistema de créditos no bancarios: llega al 11%. Gente que trabaja y no logra llegar a fin de mes, por lo tanto se ven en la necesidad de refinanciar las tarjetas a costos que llegan a superar 120% de interés promedio.


La gente votó por este modelo, tal vez, sin comprender que los privilegiados serían los ricos, la clase más acomodada. Y, cuando éstos logren satisfacer sus necesidades, o codicia, podrían derramar para abajo: “teoría del derrame,” le dicen. Es la ideología que sostiene el  presidente que le permitió ganar. Sin embargo, el mal humor social y la caída de imagen y preferencia electoral marca que el discurso sin dinero en el bolsillo comienza a esmerilar al oficialismo.

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