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Entre tránsfugas y traidores se alimenta la “nueva política”

  • hace 4 minutos
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Radicales y peronistas e "independientes" saltan el charco para ser parte activa o “pasiva” de la ultraderecha gobernante.



El reciente transfuguismo de Luis Juez formalizando su incorporación al bloque de La Libertad Avanza en el Senado nacional no hizo más que abonar el desprestigio que pesa sobre gran parte de la dirigencia política; y la política en general. Una impronta que el gobierno alimenta sin pudor a base de comprar voluntades y subjetividades ofreciendo dinero para obras y cargos públicos con sueldos de millones de pesos al mes.


El saltimbanqui Juez no fue el único que en estos días saltó el charco para acompañar la impronta de la ultraderecha gobernante. Varios legisladores que llegaron de la mano del peronismo oponiéndose al modelo que regentea Milei, sin pudor se despegaron del bloque oficial de Unión por la Patria que conduce el senador José Mayans. Se trata de la tucumana Sandra Mariela Mendoza, quien responde a Osvaldo Jaldo; la jujeña Carolina Moisés, quien será la presidenta del nuevo bloque, al salteño Gustavo Sáenz, y el catamarqueño Guillermo Andrada, a Raúl Jalil. Lo hicieron frente a un peronismo

-nacional y provinciales- sin conducción clara y firme que marque la cancha como corresponde. Aun teniendo todos los boletos para doblegar al actual gobierno, la dirigencia peronista parece balconear la realidad nacional. No se la ve en las calles ordenando y encabezando la bronca social.


Dentro de este paquete de dirigentes todo terreno que llegan con un discurso y lo cambian al poco tiempo, habría que ubicar a legislaadores del bloque de Provincias Unidas.


Es evidente que en tiempos de tibieza política opositora, la ultraderecha gobernante saca ventaja. Seduce, corroe, corrompe y compra voluntades. No tiene empacho. “Son corruptos ideológicos y económicos”, comentaba un veterano dirigente que supo trabajar muy cerca de Antonio Cafiero y Felipe Solá, en referencia a los sonados casos de corrupción que involucran al gobierno: Libra, Karina Coimas, narco Espert, oro banco central, pago de comisiones por toma de deuda, entre otros.


No es ningún secreto que, desde hace décadas, la política viene siendo objeto de fuerte esmerilamiento y desprestigio por las usinas del neoliberalismo a nivel mundial. Argentina no escapa a esta situación. Si se trazara una línea de tiempo, seguramente se podrá ubicar que el 24 de marzo del 76, cuando la dictadura cívico-militar derroca al gobierno constitucional de Isabel Perón, se lleva la vida de 30.000 personas destruyendo el país a base de endeudamiento y destrucción del tejido productivo nacional, comienza el desprestigio de la política. Se atacó a toda la dirigencia política, especialmente la del campo nacional y popular y, en particular, a la sindical. Medios afines a la dictadura se cansaron de repetir una frase atribuida a quien fuera Secretario Gral. de la CGT, Casildo Herrera. Se le atribuyó haber dicho al momento de ser consultado por el  golpe de estado: “yo me borré”. Una frase repetida hasta el cansancio que, en realidad, nunca fue expresada. 


Cierto es que cuando el ciudadano de a pie observa a dirigentes como la ex Montonera de Barrio Norte, Patricia Bullrich, a Luis Juez, a Diego Santilli o a los peronistas cambiar de camiseta como el camaleón, no les ha de resultar dificultoso comprar el relato de que todos los políticos son corruptos. Tal vez por este motivo, y tantos más, terminan votando a un autoritario y violento dirigente político como Javier Milei.

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