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El peronismo merece debatir proyecto, planificar, correrse de la danza de candidatos

  • hace 17 horas
  • 3 min de lectura

Antes de resolver quién debe representar un proyecto político, quizás sea necesario responder una pregunta previa: ¿cuál es el Proyecto Nacional que queremos representar?. Por correr detrás de nombres de candidatos se presenta el riesgo de no elaborar  un Proyecto Nacional capaz de ofrecer una alternativa al modelo de país que hoy impulsa el gobierno de Javier Milei.


 

Columna de Opinión

Por: José “Pepe” Armaleo.-


En las últimas semanas empecé a advertir que en distintos espacios del peronismo el debate comenzaba a desplazarse hacia una pregunta inevitable: quién debe conducir esta nueva etapa y quién debería ser el candidato o la candidata para enfrentar el próximo proceso electoral.


Es una discusión lógica. Toda fuerza política que aspira a gobernar necesita resolver sus liderazgos y construir una estrategia electoral. Sin embargo, mientras escuchaba esas conversaciones recordé dos temas que, curiosamente, habían aparecido casi al mismo tiempo.


Por un lado, la presentación del libro Planificación o Dependencia, de Pablo Bercovich y Nahuel Sosa, volvió a poner en el centro una palabra que durante demasiado tiempo había desaparecido del vocabulario político: planificación. La propuesta era sencilla y, al mismo tiempo, profundamente desafiante: volver a discutir un proyecto de desarrollo para la Argentina.


Por otro lado, escuché a Artemio López reflexionar sobre una distinción que el peronismo supo tener muy clara: la diferencia entre un candidato y un conductor. Mientras lo escuchaba, mi memoria viajó inevitablemente a 1973. Recordé a Perón proscripto y a Cámpora encabezando la fórmula presidencial. Nadie confundía entonces la candidatura con la conducción. Cámpora expresaba políticamente una conducción que el movimiento reconocía en Perón.


No se trata, por supuesto, de trasladar mecánicamente aquella experiencia al presente. Cada tiempo histórico plantea desafíos diferentes. Pero aquella escena conserva una enseñanza que sigue siendo valiosa: una candidatura puede expresar una conducción; difícilmente pueda reemplazarla.


Fue entonces cuando comprendí que ambas discusiones estaban profundamente vinculadas. Antes de discutir quién debe conducir, ¿no deberíamos discutir hacia dónde queremos conducir a la Argentina?


Y antes de preguntarnos quién debe encabezar una candidatura, ¿no deberíamos preguntarnos cuál es el Proyecto Nacional que esa candidatura está llamada a expresar?


Tengo la impresión de que desde hace demasiado tiempo hemos invertido el orden de la política. Debatimos nombres antes que ideas, liderazgos antes que proyectos y estrategias electorales antes que modelos de país.


Sin embargo, el mundo de hoy ya no es el de hace veinte años. La revolución tecnológica, la inteligencia artificial, la disputa geopolítica entre las grandes potencias, la transición energética, la competencia por los recursos estratégicos, son sólo algunos de los temas que han transformado profundamente las condiciones sobre las que cualquier nación debe pensar su desarrollo. La Argentina necesita respuestas nuevas para un tiempo histórico diferente.


Mientras tanto, el gobierno de Javier Milei procura consolidar una determinada visión del país, del Estado, del mercado y de la inserción internacional. Se podrá discrepar profundamente con esa orientación, pero sería un error responder únicamente con una discusión de nombres. La disputa en curso no es solamente electoral. Es una disputa entre proyectos de Nación.


Quizás por eso comienzan a multiplicarse libros, documentos, centros de estudio y espacios de reflexión que vuelven a colocar en el centro palabras como planificación, desarrollo, industria, ciencia, tecnología y soberanía. Más allá de sus diferencias, todos parecen compartir una misma intuición: antes de resolver las candidaturas, la política necesita volver a pensar la Nación.


La conducción no se decreta. Tampoco se hereda. Mucho menos se resuelve exclusivamente en una elección. Se construye cuando una comunidad política reconoce en una persona la capacidad de interpretar su tiempo, sintetizar un Proyecto Nacional y organizar las fuerzas necesarias para realizarlo. En ese sentido, la conducción no es el punto de partida de la política; es el resultado de una construcción colectiva.


Tal vez esa sea hoy la discusión más urgente para el peronismo. No porque los nombres carezcan de importancia. Toda fuerza política necesita candidatos y liderazgos. Pero las candidaturas sólo adquieren verdadero sentido cuando expresan un Proyecto Nacional capaz de convocar a las grandes mayorías.


Quizás haya llegado el momento de recuperar el orden de la política. Pensar primero la Nación, después el Proyecto Nacional y por último los nombres. De esa construcción surgirán naturalmente la conducción y las candidaturas.


Porque las elecciones definen gobiernos. Los Proyectos Nacionales construyen el destino de los Pueblos.


"La historia no se borra, la memoria no se clausura, la justicia no se negocia, la soberanía no se entrega y la apatía es la derrota que ningún pueblo puede permitirse".


José “Pepe” Armaleo – Militante, abogado, magíster en Derechos Humanos, integrante del Centro de estudio de la realidad social y política argentina Arturo Sampay y de Primero Vicente López.

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