El gol no es el objetivo, es la consecuencia
El triunfo de Lula en Brasil deja una enseñanza que va mucho más allá de las urnas. Frente al avance de la derecha global, el desafío es construir, con trabajo y organización, un Proyecto de País que vuelva a poner a la Patria en el centro de todas las decisiones.

Columna de Opinión
Por: José "Pepe" Armaleo*
Este domingo, las redes sociales se llenaron de celebraciones por el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil. No faltaron los análisis, las interpretaciones y los intentos de convertir el resultado en una señal definitiva sobre el rumbo político de América Latina. Sin embargo, más allá de la importancia de esta victoria, hay una enseñanza que merece nuestra atención: los resultados no aparecen por generación espontánea. Se construyen.
El triunfo de Lula representa un revés para una derecha global que tiene en Donald Trump uno de sus principales referentes y que encuentra en Javier Milei una expresión política en la Argentina. Pero sería un error creer que una elección resuelve por sí sola una disputa mucho más profunda, que atraviesa nuestras sociedades y que se juega todos los días en el terreno de las ideas, la economía, el trabajo y las condiciones de vida de nuestro pueblo.
Para entenderlo vale una comparación futbolera que el sábado vivimos muy de cerca.
Fuimos a ver jugar a Excursionistas frente a Sportivo Italiano. Excursio ganó 4 a 0 y consiguió el ascenso a la Primera B Nacional. Una alegría enorme para la hinchada, una tarde de festejos y la culminación de un objetivo largamente esperado.
Pero cuando el árbitro marca el final y los jugadores celebran, lo que vemos es solamente el desenlace. Detrás de esos cuatro goles hay entrenamientos, sacrificios, planificación, compañerismo, errores corregidos y mucho trabajo que no aparece en el resultado final. Ningún equipo construye un ascenso en los noventa minutos de un partido. Llega a ese momento después de recorrer un camino.
EL GOL NO ES EL OBJETIVO: ES LA CONSECUENCIA DEL TRABAJO QUE SE HIZO PARA LLEGAR A ÉL.
En política sucede lo mismo. Una elección es un momento decisivo, pero no puede reemplazar el trabajo que la hace posible. Los votos no se construyen únicamente con candidaturas, discursos o acuerdos entre dirigentes. Se construyen escuchando, organizando, militando, elaborando propuestas y estando presentes allí donde la gente vive sus problemas cotidianos.
Tampoco alcanza con esperar que el desgaste de un gobierno produzca automáticamente una alternativa. El descontento puede abrir una oportunidad, pero aprovecharla exige ofrecer un horizonte, explicar qué queremos cambiar y demostrar que existe un camino distinto. Sin un proyecto que convoque y una organización capaz de sostenerlo, la oportunidad puede convertirse en una nueva frustración.
Por eso, el resultado brasileño también debe servirnos para reflexionar sobre nuestra propia realidad. ¿Qué país queremos construir? ¿Qué lugar deben ocupar el trabajo, la producción, la educación, la salud y la ciencia? ¿Cómo recuperamos la capacidad de decidir sobre nuestros recursos y nuestro destino? ¿Cómo les devolvemos a nuestros jóvenes la posibilidad de imaginar un futuro en su propia tierra?

Estas preguntas no pueden responderse solamente durante una campaña electoral. Exigen debate, participación y compromiso. Exigen, además, comprender que la unidad no consiste en reunir dirigentes detrás de una candidatura ni en disimular las diferencias para llegar a una elección. Se trata de construir una propuesta común, con objetivos claros y compartidos, capaz de convocar a los distintos sectores nacionales, populares, democráticos y progresistas que entienden que la Argentina necesita otro rumbo.
No todos pensamos igual, ni tenemos por qué hacerlo. Pero podemos encontrarnos alrededor de algunas convicciones fundamentales: que la dignidad del trabajo importa, que la producción debe generar bienestar para las mayorías, que la soberanía no se negocia y que el Estado y la política tienen la responsabilidad de construir condiciones para una sociedad más justa.
Ese es el desafío que tenemos por delante. Desde nuestros barrios, en cada espacio de participación y junto a quienes estén dispuestos a aportar sus ideas y su trabajo necesitamos reconstruir la confianza y darle contenido a una alternativa nacional. No para empezar a trabajar cuando llegue la próxima elección, sino para que, cuando ese momento llegue, exista una construcción colectiva capaz de expresar las esperanzas y las necesidades de nuestro pueblo.
El triunfo de Lula demuestra que el avance de la derecha no es inevitable. Pero no nos exime de nuestras propias responsabilidades. Ningún pueblo puede delegar en otro la tarea de construir su futuro. La experiencia brasileña puede inspirarnos, pero el proyecto argentino debemos pensarlo, debatirlo y construirlo nosotros, desde nuestra historia, nuestra identidad y nuestras necesidades.
Porque la Patria no puede ser una palabra que pronunciamos en los actos ni una consigna que recuperamos cuando necesitamos ganar una elección. Tiene que ser el principio que oriente nuestras decisiones: la razón por la cual defendemos el trabajo, la producción, la educación, la ciencia, la soberanía y la posibilidad de que todos los argentinos vivan con dignidad.
El sábado, Excursionistas nos regaló una lección en una cancha de fútbol. Este domingo, Brasil nos dejó otra en las urnas. En ambos casos, el resultado fue la expresión visible de un camino recorrido.
Ahora nos toca hacer nuestra parte. Menos ansiedad por el resultado y más compromiso con la construcción. Menos especulación electoral y más trabajo colectivo. Menos discusiones sobre quién debe encabezar y más debate sobre qué país queremos ofrecerle a nuestro pueblo.
Porque los goles se festejan, los ascensos se celebran y las elecciones se ganan. Pero los proyectos que transforman la vida de un pueblo se construyen todos los días.
Y esa es la tarea que no podemos postergar.
"La historia no se borra, la memoria no se clausura, la justicia no se negocia, la soberanía no se entrega y la apatía es la derrota que ningún pueblo puede permitirse."
*José “Pepe” Armaleo – Militante, abogado, magíster en Derechos Humanos, integrante del Centro de estudio de la realidad social y política argentina Arturo Sampay y de Primero Vicente López.















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