Reunión de gabinete sin el Tío Lucas, con censura y corrupción sobre la mesa
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Una foto que intentó tapar la crisis y las múltiples denuncias de corrupción que cubren al gobierno. Censuran y prohiben el ingreso de periodistas acreditados en Casa Rosada y en la Cámara de Diputados.

El presidente Javier Milei encabezó, este lunes, una reunión de gabinete a modo de atemperar y reducir los efectos negativos generados por las múltiples denuncias de corrupción y la crisis socio-económica. Una reunión que contó con la presencia de todos los ministros, el titular de la cámara de diputados, Martín Menem; la presidenta del Bloque de Senadores de la Libertad Avanza, Patricia Bullrich; y el asesor Santiago “Billetera” Caputo. Estaban todos, sólo faltó el Tío Lucas -aquel personaje de los Locos Adams- para cerrar la foto de la gran familia libertaria.
Desde Casa Rosada se ocuparon de mostrar al primer mandatario en camisa y flanqueado por un sonriente Manuel Adorni en un claro gesto de reiterar el apoyo a quien por estas horas es uno de los principales denunciados por actos de corrupción. La misma situación atraviesa el primer mandatario y su hermana, El jefe, Karina Milei, y otros ministros más.
La reunión de gabinete no tuvo otra finalidad que no sea mostrar un gobierno sin fisuras, y sin grietas. Unidos y cerrando filas detrás del primer mandatario. Aun cuando las rivalidades entre funcionarios es una realidad inocultable.
Además, fue una reunión para tapar la crisis socio-económica y, particularmente, las múltiples denuncias de corrupción en que se encuentran envuelto el gobierno, ministros y diputados libertarios. Investigaciones judiciales, locales e internacionales, ponen el foco en el enriquecimieto de funcionarios y en manejos de licitaciones que despiertan sospechas de corrupción.
A modo de desviar la atención, el autoritario y violento presidente insistió con la agresión a periodistas al punto tal que instruyó censurar a varios de ellos prohibiéndoles el ingreso a Casa Rosada y a la Cámara de Diputados: censura y persecución flagrante. Nunca antes, en 44 años de democracia, el periodismo y periodistas habían padecido semejante atropello.
Es el propio presidente quien alienta la cultura de “no odiamos lo suficiente a los periodistas”. También odia a jubilados, a científicos, a la industria y cultura nacional, a docentes e investigadores. También detesta la soberanía en Malvinas, prefiriéndose abrazar a la locura de dos criminales, Donald Trump y Benjamín Netanyahu, metiendo a 48 millones de argentinos en un conflicto ajeno e injusto.















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