Reflexiones sobre el encuentro de Primero Vicente López
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Hay fotografías que registran un encuentro. Y hay otras que, si sabemos mirarlas, expresan algo más. La del encuentro organizado por Primero Vicente López muestra que, cuando existe voluntad política, las diferencias no necesariamente separan: pueden ser el punto de partida para construir una mayoría.

Columna de Opinión
Por: José "Pepe" Armaleo
Hay una palabra que en la política argentina, y sobre todo en el Peronismo, pronunciamos con demasiada facilidad: unidad. La reclamamos, la invocamos, la ponemos en los documentos, la repetimos en los discursos. Pero pocas veces nos preguntamos qué estamos dispuestos a hacer para construirla.
Porque la unidad no empieza cuando desaparecen las diferencias. Empieza mucho antes: cuando existe la voluntad de sentarse con quien piensa distinto para encontrar aquello que podemos hacer juntos. Eso fue, en buena medida, lo que ocurrió en el encuentro realizado en SETIA.
Desde Primero Vicente López, un espacio que reúne peronistas, radicales, socialistas, vecinalistas y vecinos y vecinas sin pertenencia partidaria, convocamos (jueves 27 en el sindicato de SETIA de Florida) a una charla debate sobre “La construcción de un frente nacional y popular”, junto a Agustín Rossi y Gustavo López.
Y lo que sucedió en esa sala merece ser mirado con atención. Porque no se trató solamente de escuchar dos exposiciones. En las intervenciones de Rossi y López apareció, desde distintas perspectivas, una misma preocupación: cómo construir una alternativa política capaz de expresar a una sociedad que necesita respuestas y, fundamentalmente, cómo hacerlo desde una perspectiva de unidad.
Pero lo más significativo estuvo quizás en quienes escuchaban. Peronistas, radicales, socialistas, vecinalistas, militantes de distintas organizaciones y personas que no pertenecen a ningún partido compartiendo un mismo espacio de discusión. Incluso con otra actividad política desarrollándose en el distrito en el mismo horario, una amplia representación del arco político local decidió estar allí.
Eso también es construir. Porque Primero Vicente López no nació para sumar una sigla más, sino para generar un espacio donde podamos encontrarnos quienes, desde distintas historias y miradas, entendemos que hay cosas que debemos hacer juntos. No porque todos pensemos igual. Precisamente porque no pensamos igual.
En tiempos en los que la política parece empeñada en profundizar las diferencias, en construir enemigos y en convertir cada matiz en una frontera, encontrarse empieza a ser, en sí mismo, un acto político. Pero no alcanza con encontrarse. La pregunta verdaderamente importante es para qué queremos estar juntos.
Si la respuesta es solamente enfrentar a otro, probablemente la unidad tenga fecha de vencimiento. Si se trata únicamente de repartir lugares, candidaturas o espacios de poder, tarde o temprano volveremos a fragmentarnos.
La unidad que necesitamos es otra. Es la que nace de un proyecto de país y de sociedad, de una mirada común sobre aquello que queremos transformar y de la decisión de construir una alternativa capaz de gobernar. Porque si realmente tenemos vocación de poder, la unidad no es solamente una necesidad. Es una obligación.
No podemos pretender gobernar una sociedad compleja si antes no somos capaces de convivir dentro de nuestro propio espacio político con quienes tienen historias, identidades y miradas diferentes. Gobernar exige construir mayorías. Y construir mayorías exige escuchar, ceder, acordar, incorporar y comprender que nadie tiene por sí solo la representación de todos.
La unidad no significa renunciar a las convicciones. Significa entender que las convicciones también necesitan construir poder democrático para poder transformar la realidad.
Y en Vicente López tenemos una oportunidad. Tenemos un programa de gobierno que debemos retomar, actualizar y profundizar. Pero, sobre todo, tenemos que volver a caminar nuestros barrios, escuchar a nuestros vecinos y vecinas y construir con ellos las respuestas que el municipio necesita.

No alcanza con esperar una elección para intentar reunir lo que durante años estuvo separado. La unidad se construye antes. Se construye en la calle, en el debate, en la escucha, en la confianza y también en la capacidad de reconocer que el otro puede tener algo para aportar.
Primero Vicente López intenta ser eso: un lugar de encuentro antes que una estructura cerrada; una construcción antes que una etiqueta; una voluntad de hacer antes que una disputa por espacios.
La fotografía del encuentro muestra que es posible. Ahora viene lo más difícil: transformar ese encuentro en organización, esa organización en programa y ese programa en una mayoría capaz de gobernar. Y hacerlo también significa asumir una responsabilidad.
Hace un tiempo, el padre Pablo Tissera nos dejó una frase que, en estos tiempos, adquiere una dimensión política enorme: “Somos responsables de la esperanza”.
No somos solamente responsables de nuestras propias expectativas. Somos responsables de no resignarnos a que nuestra sociedad crea que no hay alternativas. Somos responsables de construirlas.
Y quizás por eso la unidad sea hoy mucho más que una herramienta electoral. Es una responsabilidad frente al futuro. Porque nadie construye poder en soledad.
Y como dice Agustín Rossi: desde el peronismo tenemos que construir un programa que vuelva a enamorar a los argentinos y argentinas, que nos permita invitarlos a una nueva épica y volver a ser depositarios de sus mejores sueños: los sueños del trabajo digno, de la movilidad social ascendente, del desarrollo industrial y de tantos otros.
"La historia no se borra, la memoria no se clausura, la justicia no se negocia, la soberanía no se entrega y la apatía es la derrota que ningún pueblo puede permitirse."
José “Pepe” Armaleo – Militante, abogado, magíster en Derechos Humanos, integrante del Centro de estudio de la realidad social y política argentina Arturo Sampay y de Primero Vicente López.















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