La pelota no se contagia

Paralelamente al esfuerzo que se le pide a la población -sector comercial incluido- debido a la pandemia, la Ministra de Salud, Carla Vizzotti, minimizó los riesgos que apareja la realización de la Copa América a disputarse en el país.

Foto: Prohíben el fútbol en clubes barriales sin embargo....


Por: Fernando Gañete Blasco.- La Copa América de fútbol es uno de los principales torneos de selecciones de la región, sino el más importante. Habitualmente se hacía cada cuatro años en años impares (2007, 2011, 2015, 2019). A excepción del 2016 que se organizó en EE.UU como conmemoración del centenario del torneo. La Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) decidió que se disputase en los años pares para emparentarlo al calendario de la Eurocopa. Para ello en abril del 2019 optó por darle las sedes a dos países para que en el 2020 la Copa América se disputara en Colombia (la fase regular de los países del norte de Sudamérica y la final), en tanto que la Argentina recibiría a los países del sur del continente).

El destino le jugó una mala pasada al mundo, con la llegada del Covid-19, y el fútbol optó posponer para el año siguiente y poniendo como fecha de inicio el 13 de junio de 2021 y el cierre para el 10 de julio.

Hasta aquí todo transcurría con cierta normalidad. Comenzó la segunda ola. Golpea como un maremoto en la región. Pese a ello la Conmebol no pensó nunca en suspender el torneo, sino que buscaba que hubiese público en las tribunas. Su mayor aliado era el presidente neoliberal de Colombia, Iván Duque, quien estaba dispuesto a hacer lo posible para que ello ocurriera. Desde la Argentina había dudas en continuar con la organización de la mitad de la Copa América por el aumento de casos positivos de Covid-19. Ante esa postura, el gobierno colombiano se presentaba como opción para organizar la totalidad del torneo.

Luego llegaron las protestas del pueblo colombiano, con paro incluido. Aun así el gobierno de Duque sostenía la sede, mientras reprimían las protestas con muertes incluidas. Llegaron los encuentros de la Copa Libertadores con clubes colombianos como locales donde en dos encuentros -más allá de los disparos que se escuchaban en la cancha- tuvieron que parar en varias oportunidades los partidos porque ingresaban los gases lacrimógenos de la represión a los manifestantes en las inmediaciones de los estadios. El gobierno colombiano recibió la reprimenda de la Conmebol por no garantizar la seguridad. Las manifestaciones en Colombia no cesaron, pero las autoridades de ese país insistían en tratar de tapar lo que pasaba con el fútbol. El pueblo puso una consigna fuerte: “Si no hay paz, no hay fútbol”. Alguna pizca de sensatez llegó y desde Colombia le llegó a la Conmebol la propuesta de postergar para noviembre la Copa América. Esta fue rechazada y se le quitó la sede.

¿Y la Argentina? ¿Y la pandemia?

En ese escenario las autoridades del fútbol sudamericano buscaban plan B, C y D. Se habló de Chile, Paraguay, Uruguay como alternativas a sedes del 50% del torneo, pero la Conmebol optó porque la misma Argentina sea la sede de la totalidad del torneo. Hasta hoy las ciudades sedes originales para que jueguen Argentina, Bolivia, Uruguay, Chile y Paraguay son: Buenos Aires (River-Estadio Monumental), Córdoba (Estadio Mario Kempes), Mendoza (Estadio Malvinas Argentina) y Santiago del Estero (Estadio Madre de ciudades). Todas ciudades que atraviesan alarma epidemiológica o de alto riesgo según el propio gobierno nacional.

Si bien la propia ministra de Salud de la Nación Carla Vizzotti se expresó que “de ninguna manera podría haber público presencial en los partidos de Copa América”, todo indica que la Argentina, además de las selecciones de los países antes mencionados, podría recibir a los que iban a jugar en Colombia: Venezuela, Perú, Ecuador, Brasil y Colom bia. Para ello se requieren otras sedes y se mencionan las ciudades de La Plata (Estadio Único), Avellaneda (Libertadores de América), CABA (Bombonera) y San Juan (Bicentenario).

La pregunta que surge sola es ¿Es necesario? La Argentina atraviesa los récords de contagios desde el inicio de la pandemia. Se pide que se limite la circulación y se le da luz verde a un espectáculo con no menos de 1.000 personas que vendrán de diversos países, con el riesgo de importar nuevas cepas o variantes del virus que nos aqueja a todos. ¿Es tan fuerte el negocio que no se lo puede rechazar?

¿Tan poderosa es la Conmebol que en el país se suspendieron durante los nueve días de confinamiento los partidos del torneo local, pero se disputaron los de las copas Libertadores y Sudamericana? Hay que recordar que hubo una gran cantidad de jugadores contagiados, y ni así se tuvo piedad. A River lo hicieron jugar sin arquero y sin suplentes ¿Cuáles son los intereses que hacen primar que se dispute un torneo de fútbol internacional en pleno Tsunami de Covid-19?

La propia ministra de Salud, Carla Vizzotti minimizó los riesgos que puede dar la organización en el país de la Copa América a pesar de la gran cantidad de casos diarios.

"Estamos analizando la situación epidemiológica, esperamos que en estos 9 días de medidas intensivas podamos detener la curva de aumento de casos. La realidad es que cuando uno habla de la Copa América en Argentina, lo que significa el mensaje, lo que significa para la población tener este entretenimiento, estrictamente recibir a 1200 personas con un protocolo estricto no es una situación epidemiológica de gran relevancia, si podemos trabajar con el Ministerio de Turismo y Deportes, y con todas las selecciones". Declaró Vizzotti.

Es probable que, desde el aspecto epidemiológico no sea un gran riesgo, pero hay otros factores a tener en cuenta, como el ejemplo que se muestra desde determinados lugares. El gobierno con esta actitud, además, le dará argumentos a la oposición para la crítica fácil a que sigan sumando almas indignadas y agotadas por la pandemia.

Es cierto que existe la famosa frase de Pan y Circo, y a veces si escasea el primero, se acude más a lo segundo. Pero en este caso, ni siquiera el circo es presencial y la televisación existiría igual para que todos los argentinos puedan ver a Messi y compañía. Es allí donde cuesta comprender los motivos por los que la Argentina se tendría que hacer cargo de la organización de la Copa América, con los riesgos que ello significa, más de mil extranjeros y otros tantos argentinos movilizándose por el país cuando se les pide al resto a que se queden en sus casas. Por sobre todo en invierno.