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La extrema derecha también quiere destruir el deporte

  • hace 2 minutos
  • 5 Min. de lectura

Los Enhanced Games y el sueño del laboratorio tecnofascista. Se permite el uso de fármacos en la competencia deportiva. El libertario Peter Thiel y Trump en el campo de juego.


Por: Fernando “Topo” Gañete Blasco.-


En un contexto donde la política y la tecnología convergen de formas cada vez más extremas, los Enhanced Games se presentan como mucho más que una simple competencia deportiva. Apadrinados por el megainversor libertario Peter Thiel y financiados por 1789 Capital, el fondo vinculado a Donald Trump Jr., estos juegos no sólo permiten el consumo de sustancias dopantes sino que funcionan como un laboratorio ideológico que fusiona el culto al cuerpo máquina, la disrupción tecnológica y una estética de crueldad típica de ciertas corrientes reaccionarias.


La extrema derecha, y el “anarcocapitalismo”, desembarcó en el deporte. Lo hizo como lo hace en otros aspectos de la vida, ubicándose a la derecha de la derecha y con un objetivo que parece destruir todas las reglas (y/o leyes) que buscan cualquier equilibrio en pos de los intereses de los poderosos en desmedro del resto de la humanidad.


El deporte, desde hace tiempo, es manejado por el capital. Hubo un tiempo donde EE.UU peleaba con la Unión Soviética el medallero olímpico y era cuando la Cuba comunista de Fidel se mostraba sólida, superando holgadamente al resto de los países latinoamericanos. Cuando el deporte se convierte en industria, coincide con el bloqueo a Cuba y que la comunista URSS se convierte en la capitalista Rusia, la hegemonía norteamericana se apodera del negocio. Las ligas deportivas norteamericanas son las que más facturan. A medida que el fútbol crece, aparecen los magnates a invertir en la compra de clubes. Hoy los capitales norteamericanos tienen la mitad de los equipos de la Premier League inglesa. En los Juegos Olímpicos de los últimos años el país que creció mucho en el medallero fue China. Pero el capitalismo salvaje va por más.


Los Enhanced Games o Juegos Mejorados, en español, querían demostrar que el futuro del deporte es el dopaje. Para ello lo hicieron en base a billetera y presentándolo como el gran show en redes sociales. En la ciudad norteamericana de Las Vegas organizaron estos “Juegos Olímpicos Mejorados” que significaban una competencia de atletismo, natación y levantamiento de pesas donde la particularidad era que los deportistas podían doparse sin límite y utilizar IA u otros sistemas tecnológicos para mejorar el rendimiento. Convocaron a medallistas olímpicos con la tentadora oferta de entregar U$S500 mil por cada competencia (U$S 250 mil para cada ganador) y, en caso que alguien rompiera un récord se llevaría 1 millón de dólares extra.


Esto sedujo a varias decenas de deportistas olímpicos.


La gran mayoría de los 42 velocistas, nadadores y levantadores de pesas consumieron sustancias como testosterona, péptidos y esteroides anabólicos, atraídos por los premios mencionados.


Los organizadores predijeron y promocionaron que se batirían muchos récords mundiales (extraoficialmente, por supuesto). Distintas federaciones de atletismo y agencias antidopaje denunciaron que estos juegos "son peligrosos y contrarios al espíritu del deporte". Expertos en salud advierten que las sustancias podrían suponer "consecuencias potencialmente mortales y que acorten la vida", incluidos problemas cardíacos, hepáticos y renales. Quizá el objetivo de los organizadores era deshumanizar hasta el deporte y combatir la famosa frase "Mens sana in corpore sano" (mente sana en un cuerpo sano) del poeta romano Juvenal y popularizada por Pierre de Coubertin (el padre del olimpismo moderno).


En tiempos donde el papa León XIV publica la encíclica Magnifica Humanitas sobre la IA y donde expresa que “en la era de la #InteligenciaArtificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor”. La extrema derecha internacional, de la mano de Peter Thiel y Donald Trump, hace caso omiso y corre diametralmente opuesto a quienes buscan armonía en el mundo.


La coartada de la "autonomía corporal"


Lejos de ser un mero espectáculo de esteroides, los Enhanced Games han construido un discurso sofisticado para justificar la eliminación de las regulaciones antidopaje. El presidente del evento, Aron D'Souza, ha adoptado el lenguaje de la inclusión y los derechos civiles para defender el consumo de sustancias.


En su narrativa, términos como "dopaje" son considerados "un insulto colonialista" y comparan la situación de los atletas que usan drogas con la del colectivo LGBTQ+ hace 50 años: algo que debe hacerse en secreto por miedo a la autoridad. Este discurso de la "libertad de elegir" sobre el propio cuerpo busca desmantelar los sistemas de protección ética y sanitaria, alineándose con la ideología del biohacking y la mercantilización total del cuerpo humano.


El "Playgrom": cuando el juego se vuelve fascista


El académico Max Haiven ha acuñado recientemente el término "playgrom" (una combinación de play -juego- y pogrom

-masacre étnica-) para describir este fenómeno. Según su teoría, vivimos en una era de capitalismo gamificado donde ciertos sectores tecnológicos promueven la violencia o la transgresión como si fuera un videojuego.


Los Enhanced Games encarnan esta idea al celebrar la autodestrucción física como un acto de rebeldía contra el "sistema". No se trata sólo de ganar una medalla; se trata de romper récords mundiales a costa de la salud, normalizando el uso de testosterona y hormonas que generan dependencia fisiológica. Como advierte un estudio publicado en el National Institutes of Health (NIH), detrás de la retórica del "bienestar" y el "rendimiento" se esconde un modelo de negocio depredador que busca enganchar a los atletas a terapias de reemplazo hormonal de por vida, convirtiendo sus cuerpos en una fuente de acumulación de capital farmacéutico .


Masculinidad tóxica y poder MAGA


El economista Guillaume Vallet señala que los Enhanced Games "glorifican un cierto tipo de hombre, dominante y celebrado por la ideología MAGA". Esta no es una observación menor. La promoción del consumo de esteroides está intrínsecamente ligada a una visión arcaica y violenta de la masculinidad, donde el dolor, la agresividad y la supremacía física son los únicos valores válidos.


La conexión con Peter Thiel es clave en este punto. Thiel, famoso por sus opiniones misóginas (llegó a escribir que el voto femenino era malo para el libertarismo) y su desprecio por la democracia liberal, ha utilizado su fortuna para impulsar agendas que eliminan cualquier barrera ética o social que frene el "progreso" tecnológico absoluto. Los Enhanced Games son su versión del deporte: salvaje, sin reglas y profundamente reaccionaria.


El fracaso como espectáculo


Curiosamente, el estreno de estos juegos en Las Vegas no ha cumplido las expectativas de récords mundiales que prometían sus creadores (hubo un solo récord -en natación- logrado). Sin embargo, el fracaso deportivo no parece ser el objetivo. La idea es sentar un precedente: destruir el concepto de "juego limpio", ridiculizar la regulación estatal (en este caso, las agencias antidopaje y Comité Olímpico Internacional) y demostrar que el músculo financiero y tecnológico puede comprar y distorsionar cualquier institución, incluido el espíritu olímpico.


En conclusión, los Enhanced Games son el laboratorio donde el tecnofascismo entrena su retórica. Utilizan la estética del espectáculo y el individualismo radical para introducir una lógica de dominación absoluta, donde el cuerpo humano es el primer campo de batalla y la crueldad, el principal motor de la "innovación".

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