top of page

La censura libertaria a la prensa y la participación de inteligencia artificial no parecen hechos aislados

  • hace 32 minutos
  • 3 Min. de lectura

La exclusión de la prensa, la opacidad en la toma de decisiones y la creciente articulación con actores globales de la inteligencia artificial no parecen hechos aislados. En un contexto de crisis emerge la hipótesis de un nuevo modo de ejercicio del poder: menos visible, más sofisticado y orientado a modelar conductas sociales y electorales.


Milei reunido con el cofundador de PayPal, Peter Thiel


Columna de Opinión

Por: José “Pepe” Armaleo*


Por estos días, la escena política argentina ofrece una imagen inquietante: puertas cerradas en la Casa Rosada, periodistas excluidos y decisiones sin explicación pública, en paralelo con la presencia de actores globales vinculados al negocio de los datos y la inteligencia artificial. No se trata de hechos aislados. Visto en conjunto, emerge un patrón que sugiere algo más profundo que un conflicto con la prensa: sugiere tiempo ganado. La pregunta, entonces, no es por qué se cerraron las puertas, sino para qué.


El desplazamiento del periodismo no es sólo un gesto autoritario. En el contexto actual funciona como una condición técnica: la opacidad no sólo evita el escrutinio sino que habilita procesos. En una era donde la política depende crecientemente del procesamiento de datos y la segmentación conductual, controlar la información deja de ser defensivo para convertirse en una herramienta de construcción de realidad. El vacío informativo no permanece vacío: es ocupado por dispositivos menos visibles y más difíciles de auditar.


El viejo paradigma de la propaganda también queda atrás. Las nuevas tecnologías permiten intervenir no sólo sobre ideas sino sobre comportamientos. Ya no se trata de convencer, sino de inducir, anticipar y dirigir. En ese marco, la gravitación de plataformas de análisis de datos e inteligencia artificial deja de ser accesoria para volverse central.


Allí aparece la hipótesis de un “fraude invisible”. Tradicionalmente, el fraude alteraba resultados; hoy podría operar sobre la formación misma de la voluntad. Si es posible influir sistemáticamente en emociones y percepciones, la frontera entre decisión libre e inducción se vuelve difusa. No hace falta alterar una elección si se puede moldear al electorado.


En ese terreno, lo ocurrido con Cambridge Analytica aparece como un antecedente temprano. Lo que entonces fue escandaloso hoy resulta casi rudimentario frente a herramientas de inteligencia artificial capaces de procesar datos en tiempo real y ajustar conductas de manera dinámica y masiva.


Este escenario da lugar a lo que algunos llaman “tecnofeudalismo”: un esquema donde el poder se articula entre el Estado y grandes plataformas que concentran información estratégica. La soberanía ya no se define sólo por el territorio, sino por el control de los datos: quién conoce a la sociedad, quién puede predecirla y quién puede intervenir sobre ella.


En países con alta volatilidad y fragilidad institucional, estas dinámicas encuentran terreno fértil. En contextos de incertidumbre, la capacidad de modelar expectativas se vuelve un recurso político decisivo y la inteligencia artificial pasa de ser una herramienta a convertirse en un instrumento de gobierno.


Desde esta perspectiva, el cierre informativo adquiere otro sentido: no sólo confrontación, sino pausa estratégica. Tiempo para reorganizar, ajustar e implementar formas de intervención más sofisticadas y menos visibles.


El problema no es la tecnología en sí, sino la abdicación del Estado de su función de control. Cuando estas herramientas operan sin regulación, sin transparencia y sin rendición de cuentas, lo que se erosiona es la soberanía. Es el Estado quien debe garantizar que la formación de la voluntad colectiva permanezca libre de condicionamientos opacos.


Nada de esto implica afirmar un plan cerrado, pero sí obliga a considerar una hipótesis plausible: estamos ante un cambio de paradigma en el ejercicio del poder, que avanza no a la vista de todos, sino en silencio. Y tal vez ese sea el mayor problema: no lo que se dice, sino lo que empieza a ocurrir sin que podamos verlo.


"La historia no se borra, la memoria no se clausura, la justicia no se negocia, la soberanía no se entrega y la apatía es la derrota que ningún pueblo puede permitirse."


José “Pepe” Armaleo – Militante, abogado, magíster en Derechos Humanos, integrante del Centro de estudio de la realidad social y política argentina Arturo Sampay y de Primero Vicente López.

 
 
 
250x300.gif
Flayer Karem BANNER.jpg
con li BANNER.jpg

Presentado por

Logo Tobel -blanco.png
bottom of page