Jaque al relato: la corrupción y la crisis hunden la imagen de Milei
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El gobierno enfrenta una crisis de credibilidad y de gestión, con la aprobación presidencial cayendo al 37% y graves denuncias de corrupción ($LIBRA, "Adorni curro") afectando la narrativa oficial mientras los bolsillos enflaquecen

"El Jefe", Karina Milei, junto a Manuel "Curro" Adorni
“Venimos golpeados, nos están entrando todos los goles”, sentenciaban en las entrañas del asesor presidencial, Santiago “Billetera” Caputo, a modo de graficar las secuelas que le están ocasionando, al gobierno, las múltiples denuncias cruzadas sobre actos de corrupción: #LIBRA, “Adorni curro”, las que por estas horas están sobre el tapete judicial y en todos los medios; incluidos la prensa mileista.
Sin embargo, al poder libertario no le preocupan las denuncias judiciales -nacionales e internacionales-, mucho menos la crisis económica generada por un modelo de ultraderecha que a la fecha destruyó, según datos oficiales, cerca de 22.300 PyMes, 16.000 comercios barriales y más de 300.000 empleos. Un viejo y conocido, y fracasado, modelo que cierra con alto nivel de desempleo y bajos salarios. Bastaría ir a la historia de los 90 o al gobierno de Fernando de la Rúa o al de Mauricio Macri para chequearlo.
Sin embargo, la verdadera preocupación es que descendieron estrepitosamente en la credibilidad ante su electorado: el presidente apenas tiene un 37% de aceptación positiva cuando hace menos de un año atrás cosechaba el 49%.
Un combo complejo para un presidente que, producto de la crisis socio-económica y corrupción que lo tiene sentado a él -y a Karina Milei- en primera fila, volvió a su verdadero ADN: el insulto, la agresión, el autoritarismo y la violencia institucional como método de defensa frente a una oposición que comienza a aglutinarse con miras al 2027. En particular, un peronismo que comenzó a mostrar que es capaz de dejar atrás viejas diferencias para amontonarse (el paso siguiente tal vez será construir unidad en torno a ejes claros y precisos) y dar paso a una fuerza amplia y diversa que termine derrotando a la ultraderecha.
Un asesor que trabaja en las sombras junto a Santiago Caputo comentaba, en torno a la realidad que impera por estas horas, denuncias de corrupción y falta de plata en los bolsillos de la gente, que “nos entran los goles, sí, claro, pero lo más jodido es que perdimos la iniciativa política, el control del relato y nuestra gente empieza a desconfiar”.
La lógica preocupación del funcionario tiene razón de ser en tanto y en cuanto el sol que venían tapando con manos amigas
-grupos y operadores mediáticos y económicos- le están facturando las contradicciones y la manifiesta soberbia institucional que sobrepasó todos los límites. Los insultos y el maltrato disparados por el primer mandatario al sector empresarial dejan de ser tolerados cuando sus fábricas son demolidas por el modelo o cuando no cumple con lo prometido bajo la mesa.













