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Felipe Solá ¿candidato a gobernador?

  • hace 5 minutos
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En medio de un contexto nacional marcado por la corrupción institucional libertaria y una profunda crisis socio-económica, la oposición, toda, comienza a calentar motores con miras al 2027. El peronismo, como principal fuerza opositora, pica en punta sumando varios candidatos, en nación, y en la provincia de Buenos Aires, respectivamente.



Por: Miguel "Tano" Armaleo.- El gobierno nacional enfrenta múltiples denuncias judiciales por casos de corrupción; dato irrefutable. A esto se suma la crisis socioeconómica que daña al ciudadano de a pie, al que  produce y trabaja, al que educa, cura e investiga. El modelo de la ultraderecha gobernante, como describen sociólogos y economistas de diversos sectores, entre ellos Diego Giacomini, Domingo Cavallo, Carlos Melconian, privilegia al rico, a la especulación financiera y al extractivismo en particular, sobre la matriz productiva.


La refracción, la respuesta  social ante semejante cuadro es la defraudación del electorado que votó a Milei. Todas, pero todas las encuestadoras, desde Federico Aurelio, pasando por Poliarquía hasta llegar a Zuban Córdoba, así lo señalaron en diversos estudios de campo. Al respecto, explican que aquel electorado que confió en el gobierno, hoy, sin plata en el bolsillo y con el temor de perder el trabajo o tener que cerrar el comercio o la empresa, comienza a migrar. Busca nuevos horizontes electorales; creíbles y previsibles. Tema nada sencillo ante una dirigencia opositora que, en su gran mayoría, parece balconear, mirar la realidad desde los despachos.


A excepción de Javier Milei que promete ir por la reelección y un Axel Kicillof y Sergio Uñac, ambos por el peronismo, no hay dirigentes que evidencien claridad sobre la candidatura presidencial. Si bien Patricia Bullrich desliza y actúa con encarnadura de precandidata presidencial, aún no definió dónde quiere jugar: si como candidata de CABA o disputándole la presidencia a su último empleador: Javier Milei. Tampoco Mauricio Macri define qué quiere hacer de su vida. Si ser socio minoritario de un gobierno que lo maltrata públicamente o erigirse como la versión “educada” de la ultraderecha gobernante.

El ciudadano de a pie, el que produce, trabaja, estudia, educa, investiga y cura busca candidatos creíbles y, sobre todo, que garanticen previsibilidad.


Quien parece intuir esto es el peronismo. Tiene olfato, pero sobre todo historia y vocación de poder con el objeto de “alcanzar la grandeza y felicidad del pueblo”. Lee que la corrupción libertaria caló hondo en la gente y que la casta es el laburante y no los ricos. Todo lo contrario a lo prometido por el presidente.


En este marco Kicillof avanza con su Movimiento de Derecho al Futuro. Lo hace sin mostrar, aún, el tradicional liderazgo y conducción política con la que “los muchachos peronistas”  tanto gustan transitar la vida política. El gobernador va por otro camino. Es evidente. Intenta recrear la reconstrucción del movimiento nacional sumando a otras voces que no precisamente provengan del peronismo. Al cruce y con el acompañamiento de Cristina Fernández asoma el exgobernador de San Juan, Sergio Uñac.


Volviendo a Kicillof. El al igual que todo dirigente de cualquier  partido, sabe que ganando la provincia de Buenos Aires se abre una gran puerta para un triunfo nacional.Es en este contexto donde en la provincia asoman no pocos candidatos. Desde Gabriel Katopodis, pasando por la intendenta Mariel Fernández (Moreno) y su par Federico Achaval (Pilar) hasta Sergio Berni se inscriben en la grilla para reemplazar a Kicillof.


También asoma lo que muchos intuyen podría ser el candidato que ordene la provincia y la interna peronista, el exgobernador Felipe Solá.


Solá, con una amplia y reconocida labor en la función pública y sin objeciones a su pasado como funcionario que controló millones de pesos de la población y garantizar obras para la comunidad, cuenta con esta sobresaliente ventaja. La desventaja, entiende algunos, es que no carga con mochila. No tiene estructura política sobre sus espaldas y tampoco a quién rendirle cuenta. Se lleva bien con Axel y mantiene contactos con Cristina. Y nada más. Se podría decir que Felipe Solá es un monotributista de la política que suma más voluntades de las que resta. Es lo que entienden aquellos que lo estimulan para que juegue en la provincia.


Tal vez por esas cosas extrañas nada casuales, últimamente el excanciller ha comenzado a tener más apariciones públicas y a recuperar “la mística política entre los compañeros”. El  primer gran paso si de verdad se quiere ganar, explican desde el peronismo. Así como semanas atrás estuvo en Zona Norte compartiendo la mesa con el Centro de Estudios Arturo Sampay, Felipe Solá parece estar convencido de que no son tiempos de tibiezas y ambigüedades.


La gente necesita respuestas, ser contenida  y tener previsibilidad. Estar convencida de que el futuro inmediato será mejor que la crudeza que le ofrece el oficialismo. Para esto, explican los entendidos en alquimias electorales, es imperioso tener dirigentes creíbles, con prestigio y  garantía de honestidad. Todo lo que le falta a los funcionarios del gobierno nacional. El peronismo, la oposición, lo sabe y se mueve, en línea general, en esa dirección

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