Falleció Alejandro Filomeno
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Vecino de San Isidro, dirigente del peronismo y gran cultor de la política democrática. Querido y respetado por propios y extraños

Partió Alejandro Filomeno (72). Partió sin haber hecho lo suficiente, sin embargo, dejando en el camino un largo y rico legado: poner la política como motor de cambio y garante de valores democráticos. Lo hizo desde el llano como vecino de San Isidro junto a otros tantos dirigentes más. Nunca caminó solo. Entendió la política como un gran acto colectivo. Así actuó en la vida y cuando le tocó jugar en el plano legislativo.
Aquellos sueños los materializó como senador provincial (1997-2001) y también como diputado nacional (2001-2005) cuando defender los intereses nacionales, los derechos humanos y la justicia social eran devorados por el mercado en nombre del peronismo. Además, trabajo desde su profesión como abogado y también como legislador, temas vinculados a la expolición laboral infantil.
Enfrentó al menemismo y no le tembló el pulso para armar, junto a otros dirigentes, lo que luego derivó en el FREPASO.
Entendió la llegada de Kirchner como esa bocanada de oxígeno que puso a la política, e institucionalidad, en la órbita que corresponde. Claro, también fue junto al Centro de Estudios Arturo Sampay de Zona Norte, gran impulsor del mismo, un claro opositor al modelo de la derecha que regentea Milei junto a sus socios, por ahora, del PRO y la UCR, y algunas manos peronistas, por cierto.
Desde el plano legislativo, Filomeno trabajó y elaboró no pocos proyectos vinculados a derechos humanos, cuestiones ambientales, legislación del trabajo y temas referidos a cuestiones relacionadas a obras y proyectos para la Zona Norte. Fue hasta su último respiro (martes 9 de junio), y aún con todo el padecimiento que implica convivir con el alemán (Parkinson), un fiel y activo integrante del Centro de Estudios Sampay. Supo cosechar el respeto y valoración de dirigentes políticos de los más variados sectores de la comunidad.
No parte tan sólo un dirigente político. Parte un amigo, un compañero, pero sobre todo, un hombre que hizo de su gran cultura -lector empedernido- y militancia, un acto de humildad y solidaridad. Fue, como muchos más de su generación, la contracara de los Adorni, de los Menem, de los Milei, de los Manzano, de los Caputo, de los Macri de la vida.















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