Democracia: ¡afuera!
Aceptando las presiones de megamillonarios, no pocos gobiernos entienden que los valores en los que se basa la democracia no tienen razón de ser.

Por: Tano Armaleo.- La democracia perdió razón de ser. Así lo entiende un puñado de megamillonarios, entre ellos, Peter Thiel. Sostiene que “la libertad y la democracia ya no son compatibles”. También descree de la política. Mucho menos considera como pilar relevante a los partidos políticos. Thiel desembarcó en el país esperanzado en comprar decenas de miles de hectáreas sin ningún tipo de restricciones para instalar laboratorios de IA en la Patagonia. Es lo que le prometió el presidente Milei, quien también, como es sabido, descree de la democracia.
Estos dueños del mundo, entre los que se ubica el dueño de Facebook, de Google, de OpenAI, Amazone, Tesla, se inscriben en lo que el economista griego Yanis Varoufakis definió como “Tecnofeudalismo”.
Para ellos, la democracia perdió razón de ser. Perdió razón de ser porque no les es funcional a sus intereses. Son codiciosos y avaros.
El capitalismo que profesan no admite que los Estados los regulen y controlen. Lo dicen abiertamente. No quieren pagar impuestos. Por esto instalan sus sedes administrativas en guaridas fiscales. Y, cuando pretenden cobrarles impuestos extraordinarios como lo intenta materializar el gobierno de San Francisco (EE.UU) con el fin de financiar la salud de la población, lanzan campañas públicas desprestigiando la política, la democracia. En esta región de los EE.UU están radicadas grandes empresas tecnológicas en Silicon Valley (el Valle del Silicio). Allí viven cerca de 250/300 megamillonarios que no quieren saber nada con pagar un impuesto extraordinario para mejorar la salud pública. El gobierno de San Francisco pretende recaudar cerca de 100.000 millones de dólares. Algo similar, cabe recordar, se aplicó en plena pandemia: El gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kircherner puso en marcha (votación en el Congreso mediante) un impuesto por única vez a los ricos del país. El mismo alcanzó a cerca de 10.000 personas. Gracias al impuesto en cuestión, el gobierno argentino destinó esos miles de millones de pesos, cerca de 3000 millones de dólares, para pagar salarios privados y atender la pandemia.
La solidaridad, el sentido común dejó de tener razón de ser en estos megamillonarios.

Prefieren pagar multas por miles de millones de dólares antes que aceptar que los Estados los regulen como corresponde a toda economía de mercado. En Europa y los EE.UU, el dueño de Meta, Mark Zuckerberg, vive enfrentando juicios por el peligro -comprobado técnica y científicamente- que apareja la falta de regulación de las redes sociales.
Estos megamillonarios prefieren destinar millones de dólares para comprar jueces y presidentes, y medios de comunicación, para “persuadir” a la población de lo ventajoso que resulta descartar regulaciones estatales. No quieren pagar impuestos, así de claro. Controlan el mundo y las democracias atentan contra sus bolsillos.
Todo el mundo recuerda cuando periodistas de TN consultaron a Milei si creía en la democracia. Dudó en contestar. Las periodistas insistieron, repreguntaron. Nunca llegó la respuesta. El primer mandatario, como fiel exponente de esta ultraderecha que regentean los megamillonarios, tampoco cree en la democracia. Es un valor que no tiene incorporado en su humanidad. Lo propio practican sus ministros y funcionarios.
La democracia se apalanca en el diálogo, la búsqueda de consenso, en el fortalecimiento de partidos políticos y organizaciones sociales e intermedias; en el respeto en la diversidad.
En democracia, la solidaridad al igual que la justicia social y el generar marcos de igualdad y equilibrio social son un bien activo que busca todo gobierno bien nacido. No es precisamente lo que sucede en la Argentina de Milei. Él, junto a millones de argentinos, sueña con un país de baja calidad institucional y democrática. No por casualidad, descree de la educación pública. Tampoco cree en la salud pública. Dos valores esenciales que están garantizados en la Constitución.
Los “dueños del mundo” cuentan con empleados que cumplen fielmente con sus exigencias. Y millones de seguidores que, aún siendo víctimas de su codicia, no logran o no quieren comprender que el control, la dominación que ejercen sobre ellos no es con grilletes. Ahora, la dominación es trabajar para ellos de manera precarizada, con bajos salarios, sin beneficios sociales, sin poder acceder a una vivienda o un adecuado sistema de salud. Sin poder llegar a fin de mes, vivir endeudados en nombre de la libertad. Esto sucede mientras estos megamillonarios no pagan impuestos gracias a políticas como las que les ofrecen gobiernos como los de Milei.
Tienen tan distorsionado el concepto de democracia que para estos "buenos gobernantes", una estafa como #Libra, la fuga del oro del Banco Central, el Karina "3%", el narco Espert, los curros de Adorni y los meganegocios de los Menem, de los Caputo, de los Sturzenegger y la familia Neus con el Estado, es una cuestión de "libre mercado". Si así no fuera, y de verdad fueran estafas, estos sectores cuentan con manos judiciales y votos que avalan le evitan malos trances. Así como naturalizan la crueldad y desvalorizan la democracia también entienden que robarle al Estado no es delito. Estas derechas extremas atendiendo a grandes grupos económicos, alientan la evasión impositiva y fuga de capitales. Quienes incurren en estos delitos, según el gobierno, son "héroes". También esto naturaliza buena parte de la población.














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