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Pérdida y desperdicio de alimentos: cada persona tira, en promedio, 38 kilos de comida apta para el consumo durante todo el año

hace 2 minutos
3 min de lectura

Clara advertencia del Colegio de Nutricionistas bonaerense. Causas del descarte. Consejos para evitar el desperdicio.



La gente, el ciudadano de a pie no llega a fin de mes. Más de 6 millones de personas están endeudadas y sin poder salir del usurario corralito. La pobreza crece al igual que la desigualdad social. Es una Argentina que produce alimentos para 400 millones de personas y, sin embargo, a raíz de un modelo injusto millones no comen lo que debieran para estar bien alimentados. En este contexto, en el país se estima que “hasta un tercio de los alimentos producidos se pierde o desperdicia a lo largo de las distintas etapas de la cadena alimentaria, desde la producción primaria hasta el consumo final”. Así se desprende de un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por su sigla en inglés).


Dentro de este complejo y alarmante panorama, Franco Monnerais, matriculado en el Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires, advirtió que “en nuestro país, cada persona tira en promedio 38 kilos de comida apta para el consumo durante todo el año”. Y agregó: “los grupos de mayor descarte doméstico corresponden habitualmente a productos de alto valor nutricional: frutas y verduras frescas, lácteos y panificados”.


En el mundo se tiran a la basura aproximadamente 1.300 millones de toneladas de comida en buen estado cada año. Según la FAO, cerca del 14% de los alimentos producidos en el mundo se pierde entre la cosecha y la distribución, mientras que un 17% adicional se desperdicia en la venta al por menor y en los hogares.


La pérdida de alimentos se debe principalmente a fallas técnicas, problemas logísticos, de infraestructura o condiciones climáticas adversas, reduciendo la cantidad o calidad del alimento antes de llegar al consumidor, mientras que el desperdicio de alimentos hace referencia a alimentos que eran plenamente aptos y seguros para el consumo humano, pero que se descartan por decisiones o motivos evitables (compras excesivas, errores de planificación, mala conservación o criterios estéticos).


De esta manera, la pérdida y el desperdicio de alimentos es un desafío crítico para la sostenibilidad y la soberanía alimentaria a nivel global.


Por todo esto, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 29 de septiembre como el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, con el objetivo de contribuir a sensibilizar sobre la importancia de este problema y sus posibles soluciones en todos los planos.


Consejo para evitar el desperdicio


Desde Colegio de Nutricionistas bonaerense se promueve una serie de recomendaciones para evitar el desperdicio de alimentos en los hogares:


*Verificar los alimentos disponibles en la casa antes de hacer las compras, armar una lista en función de comidas posibles y adquirir productos con una intención concreta de consumo.

 

*Aplicar el criterio First In, First Out, es decir, que lo primero que entra es lo primero que se consume.

 

* Utilizar correctamente la heladera, ubicando los alimentos según sus requerimientos de temperatura. Por ejemplo: estantes superiores para cocidos y sobras; estantes medios para lácteos y huevos; estante inferior para carnes en recipientes cerrados; y cajones para frutas y vegetales.

 

* Rotular con fecha las preparaciones en el freezer, blanquear los vegetales antes de congelarlos y descongelar siempre en la heladera.

 

* Reutilizar sobras en recetas "comodín" (salteados, tortillas, sopas, croquetas) e incorporar partes no convencionales (como tallos, hojas o cáscaras limpias). Las sobras deben refrigerarse en menos de 2 horas y recalentarse completamente a alta temperatura una sola vez.

 

Políticas de Estado y educación


Finalmente, el Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires destacó la importancia de abordar el desperdicio de alimentos desde la educación y las políticas de Estado, ya que” se trata de una problemática que atraviesa las dimensiones ambiental, económica y social”. Desafortunadamente, cuando los gobernantes dejan todo liberado a las reglas del mercado las secuelas y daños en materia de salud son elocuentes.


Según consignaron profesionales del Colegio de Nutricionistas, “cuando los alimentos descartados terminan en basurales o vertederos, su descomposición contribuye a la generación de gases de efecto invernadero”. En este sentido, sucede que, a nivel global, la pérdida y el desperdicio de alimentos representan entre el 8% y el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.


Además, “reducir el desperdicio permite optimizar el uso de recursos agrícolas y económicos, favoreciendo la eficiencia de los sistemas alimentarios y contribuyendo a mejorar el acceso a alimentos nutritivos en contextos donde coexisten distintas formas de malnutrición”.


Queda claro que garantizar que la comida llegue a cada mesa de los 48 millones de argentinos es tarea irrenunciable del Estado. Solucionado este primer y elemental paso, así lo entienden sociólogos y dirigentes sociales, el resto, tal cual señalan desde el Colegio, es parte de un adecuado marco educativo y acción solidaria.

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