Néstor Kirchner y una mística olvidada

Diversos actos en el día del fallecimiento, en medio de un complejo panorama electoral, desnuda al Frente de Todos


Por: Tano Armaleo.- Para la inmensa “masa del pueblo” evocar el fallecimiento de Néstor Kirchner, en medio de una panorama electoral complicado en términos resultadistas para el Frente de Todos, seguramente será ese espejo en el cual podrían mirarse si de verdad quieren revertir la cultura derrotista en la cual está inmersa la gran mayoría de la dirigencia, y, en espacial, los funcionarios.

Bastaría transitar locales partidarios, conversar con funcionarios, legisladores, y concejales para comprobar que las PASO no marcaron, simplemente, una caída electoral del Frente de Todos. En estos ámbitos, se percibe un ánimo derrotista alejado de la cultura peronista sobre la cual tanto supo construir Néstor Kirchner. A pesar que hay varios indicadores que señalan que hay provincias donde el oficialismo recuperará votos, tal el caso de la provincia de Buenos Aires, el desánimo cubrió al oficialismo; a todos y todas. Más aun a los funcionarios.


Bastaría ir poco atrás para saber y conocer esa gran capacidad de recuperación, de resilencia en términos psicológicos, que tuvo el peronismo a lo largo de la historia. Desde los bombardeos sobre Plaza de Mayo, el derrocamiento de Perón, la profanación del cuerpo de Evita, los 18 años de resistencia peronista, la desaparición de 30 mil personas en manos de la dictadura cívico-militar del 76, hasta la caída electoral en manos de la derecha macrista el peronismo sigue vigente. Queda claro que una elección es una simple foto de un largo recorrido que se construye generación tras generación. En tema que algunos creen que todo se reduce a un marco electoral.

Si la “organización vence al tiempo”, tal cual expresaba Juan Domingo Perón, queda claro que el Frente de Todos podrá descubrir, en esta suerte de máxima, el elixir que les devuelva el ánimo y, fundamentalmente la mística y épica que permite emprender cualquier camino.


Néstor Kirchner derrotado en las urnas (2009) por Francisco De Narváez, al otro día, sí, al otro día, volvió a caminar las calles. Reunirse con intendentes, y dirigentes de base. Nunca perdió la mística y pasión militante. Lo hizo, tal vez, convencido de que el gran triunfo de la derecha consiste en bajar la autoestima de la población. Tampoco se dejó cautivar por las falsas luces de una impronta política que desnaturaliza y destierra la historia. Tanto que los candidatos, actuales, no sale a la calle con apellidos, todo se reduce nombres; Victoria, Mateo, Sofía, por caso. Así como la derecha borró de los billetes la historia, eyectado a figuras nacionales, los actuales candidatos del FdT parecen no tener apellidos, sólo nombres. Es un mero detalle que describe quién escribe la a agenda electoral.


No es complejo interpretar que Kirchner, quien vino a recuperar el valor de la palabra y la política, tenía en claro para quién debía gobernar y qué intereses defender. Hoy, al igual que ayer, la lacerante pobreza, y la injusta distribución de la renta en un país inmensamente rico y con un puñado de gente que tiene depositado en guaridas fiscales más de 200 mil millones de dólares -en su mayoría ilegalmente-, confirma que gobernar es tomar decisiones todos los días. Y sobre todo, atender sin maquillaje infantil y falso progresismo, la agenda política por el cual el Frente de Todos llegó al gobierno en 2019.


Fue el ex presidente quien pagó al FMI, y también fue el presidente que sacó a millones de la pobreza, recuperó a cientos de miles de empresas hundidas por el modelo de la Alianza luego devenida a Juntos por el Cambio, bajó los índices de desempleo, aplicó un modelo productivo basado en el desarrollo científico y tecnológico posicionado a la Argentina entre los países más serios en el tema.


Queda en claro que una elección se puede revertir. La historia electoral así lo certifica. Sin embargo, lo más complejo es recuperar la autoestima, el saber para qué y para quiénes se quiere gobernar. No se puede conformar al 100% de la población. Lo que no implica salir a combatir, enfrentar cuan lucha encarnizada al adversario, aun si este resulta agresivo, virulento, y desestabilizador como lo expresan los enrolados en JxC.