Municipales de Vicente López recordaron a Susana Valle, víctima de la venganza y el odio

Era la hija del Gral. Juan José Valle. asesinado por la dictadura del 55, encabezadas entre otros, por el Gral. Pedro E. Aramburu y su par Lonardi. Los restos del defensor de la democracia descansan en el Cementerio de Olivos. Los asesinos tiene calles en su honor.


“El STMVL recuerda y rinde homenaje a la luchadora y militante del campo nacional y popular, querida y noble amiga que dejara en custodia del STMVL la llave de la bóveda donde descansan los restos de su fusilado padre el Gral. Juan José Valle. Tu memoria como la de tu padre vive eternamente en nosotros”, reza el comunicado de prensa emitido por el Sindicato de Trabajadores Municipales de Vicente López al celebrarse, el pasado 3 de septiembre, un nuevo aniversario del fallecimiento de Susana Valle. El escrito de la entidad gremial lleva la firma de Víctor Pirillo, Secretario Gral. del sindicato. Si bien Susana Valle no murió asesinada, cierto fue que un cáncer la consumió. "El cáncer no fue la causante de su muerte, ella también fue victima de la venganza y el odio", aseguraron al momento de recordar el fallecimiento de la hija del Gral. Valle.


Los restos del Gral. Valle, fusilado por la dictadura del general Pedro Eugenio Aramburu, descansan en el cementerio de Olivos. Valle fue uno los tantos se intentaron recuperar el orden democrático subvertida por la denominada Revolución Libertadora, encarada entre otros por el Gral. Lonardi, y el mismísimo Aramburu; y una caterva de civiles que le dieron encarnadura a aquella dictadura. Tan dura y vengativo fue aquel régimen que, además de prohibir mencionar el nombre de Perón o Evita, en cualquier medio, mandó a fusilar a decenas y cientos de militantes y adherentes al Justicialismo. Entre ellos, al Gral. Valle.


Por esas cosas nada extrañas de la vida tanto Lonardi al igual que el otro asesino, Aramburu tienen en San Isidro dos calles en su honor. Fueron impuestas por gobiernos dictatoriales. A pesar de los varios proyectos legislativos (Concejos Deliberantes) presentados para desterrar aquello apellidos de las calles, el municipio de San Isidro no se digna en tirara aquellos carteles. En Alemania, por caso, es imposible recordar o evocar la figura de Hitler. Mucho menos hacer apología de aquellos años nefastos. Existe legislación que castiga estos intentos de recordar al nazismo.

Siempre en tren de evocar y recordar, en definitiva abonar el camino de Memoria, Verdad y Justicia, el partido Justicialista de San Isidro, con la forma de José Luis Casares y Liliana Burgos, presidente y vicepresidenta, respectivamente, también evocaron la figura de Susana Valle


El gran lingüista e historiador búlgaro Tzvetan Todorov dice: "Somos memoria". Susana Valle no fue cualquier memoria: su vida, su nombre y su muerte están asociadas a la turbulenta historia de la Argentina del siglo XX. Hija única del general peronista Juan José Valle y de Dora Cristina Prieto, nació en Avellaneda en 1936.


Susana, guardaba en su memoria esa noche, en que le permiten ver a su padre durante unos instantes en el patio gris de la Penitenciaría Nacional. Susanita llora, pero lo ve llegar erguido -entero y sonriente- rodeado por un grupo de Infantería de Marina que lleva puestos cascos de acero y ametralladoras. Los soldados parecen más asustados que el oficial que va a morir en 20 minutos. Los milicos les permiten conversar unos minutos en una sala fría, siempre custodiados por los infantes armados. Valle se sienta en una silla y ella se coloca en sus rodillas. En un cuarto contiguo, un enfermero militar tiene preparados dos chalecos de fuerza por si el padre y la hija sufren un shock emocional. Pero no dan muestras de ningún quebranto, son los jóvenes escoltas los que están a punto de desmayarse.

Valle le cuenta a Susanita por qué decidió no asilarse en una embajada y sí entregarse: “¿Cómo podría mirar con honor a la cara de las esposas y madres de mis soldados asesinados? Yo no soy un revolucionario de café”. Antes de enfrentar el pelotón renuncia al ejército, pide ser fusilado de civil y rechaza al confesor que le han asignado, Iñaki de Aspiazu, por ser capellán militar. En su lugar, solicita la presencia de monseñor Devoto, el popular obispo de Goya. Llega Devoto, comienza a sollozar emocionado. Valle bromea: “Ustedes son todos unos macaneadores. ¿No están proclamando que la otra vida es mejor?”. Y a su hija, que tiene las mejillas llenas de lágrimas, le dice: “Si vas a llorar, andáte, porque esto no es tan grave como vos suponés; vos te vas a quedar en este mundo y yo ya no tengo más problemas”.


Aportes informativos: Agencia Paco Urondo, y Clarín