Los 100 años del Puerto de Olivos no pasaron inadvertidos, por lo menos, para la comunidad

Escribe: Agrupación Vecinos Puerto de Olivos



El 1 de agosto pasado, los vecinos y vecinas del Partido de Vicente López, agrupaciones vecinales y representantes de prestigiosas instituciones vinculadas con el patrimonio histórico y con el deporte náutico se convocaron en el Puerto de Olivos para celebrar el centésimo aniversario del decreto de construcción de dicho Puerto. En esa oportunidad, la vecina Marcela Verbrugghe dirigió unas palabras a los convocados y a los transeúntes que fueron atraídos por el acto. Verbrugghe narró brevemente la historia del lugar celebrado.


Cuando se busca información sobre el origen del Puerto de Olivos, inevitablemente se hace referencia a Matías Sturiza (1856-1928), hijo de un marinero eslavo, amante del mar, quien le infundió el mismo amor por nuestro Mar Dulce, el Río de la Plata. Fue Matías Sturiza quien imaginó la construcción de dos escolleras –una norte para la náutica; otra sur para proteger al puerto de las sudestadas– y dos balnearios para el disfrute de todos los vecinos. Vislumbró la posibilidad de realizar su sueño cuando en 1919 conoció la intención de la Dirección Nacional de Navegación de construir un puerto alternativo como refugio y escala para la navegación entre Buenos Aires y Tigre.


Con un fuerte convencimiento y la persistencia que lo caracterizaba logró obtener, con el apoyo del entonces Intendente Zorraquín, la firma de un decreto fechado el 1 de agosto de 1921 en el cual el presidente Hipólito Yrigoyen autorizaba la construcción del Puerto de Olivos.

Sturiza era propietario de tierras en la zona y tuvo la generosidad de donar parte de ellas para ese fin. La construcción comenzó a fines de 1921 y en octubre 1922 se terminó la primera etapa de la obra: la escollera sur, destinada a proteger de los vientos del sudeste el dique de cabotaje y el canal de acceso al mismo. Dicha escollera termina en un morro que forma una rotonda de 20 m de diámetro cuyo centro coincide con el casco del antiguo buque remolcador ex Espora que allí se fue a pique.


Pero su sueño llegaba más lejos aún: realizar una avenida costanera flanqueada por árboles y parques, desde San Fernando hasta la avenida Rivadavia, en la Ciudad de Buenos Aires. Lamentablemente dicho sueño no pudo hacerse realidad. Su propuesta incluía parquizar toda la ribera pues consideraba que el Parque Tres de Febrero (bosques de Palermo) ya “estaba quedando chico”. Sturiza plantó cientos de árboles en toda la costa pero murió sin ver su obra concluida.


El proyecto del Puerto de cabotaje para los lanchones fruteros (Vicente López era una zona de muchas quintas con huertas y frutales) entre Buenos Aires y Tigre se vio frustrado por la obstrucción de los canales; luego llegaron los buques areneros que fueron depositando material que de a poco dificultaría también el movimiento del desembarcadero.

En 1930 se construyó la segunda escollera -al norte- como prolongación de la calle Alberdi y una isla donde se instaló el Club Náutico Olivos, que cumplirá cien años de su fundación en Octubre de este año. Pocos años después, en 1927, también se fundó el Yatch Club Olivos y fueron llegando las regatas con sus equipos de competencia. En los años 60 se formó el Círculo de Pilotos de Yate.


Al mismo tiempo, en torno al Puerto de Olivos comenzó a crecer la urbanización constituyéndose una particular y hermosa zona ribereña, de casas bajas, veredas arboladas, mucho verde, aire, sol, brisa y río.


Años más tarde se construyó el balneario Las Escaleritas del que disfrutaron muchísimos vecinos hasta los años 70, cuando debido a la contaminación de las aguas se prohibió el ingreso de personas al río; con esa excusa se cerró también el acceso a la playa. Con la recuperación de la democracia se habilitó nuevamente, pero en los `90 una vez más se cerró al público con el argumento insostenible de la seguridad presidencial (a unas cuadras del lugar se encuentra la Quinta de Olivos).


El Puerto de Olivos terminó siendo fundamentalmente un puerto deportivo y a escala humana, con clubes náuticos que albergan numerosas embarcaciones, lo que hace un sitio muy especial y bello, que es concurrido por miles de vecinos y personas de otros lugares por el particular atractivo que genera.

A partir de 2004, al amparo de un nuevo Código de Ordenamiento Urbano, crecieron grandes edificios sobre Av. del Libertador y luego sobre las calles que conducen al río. Se cortó la amplitud y perspectiva del paisaje, se perdieron valiosas vistas, se inundó de autos, se instalaron oficinas, se perdió el silencio y se colapsaron los servicios públicos, en especial las cloacas.


Con los sucesivos gobiernos se elevó, en forma explosiva y caótica, el crecimiento edilicio y así se fue alterando el perfil urbano que caracterizaba al barrio hasta perder su identidad. Muchos de sus antiguos pobladores tuvieron que irse pues sus casas quedaron encerradas entre torres y sombras y la zona se fue encareciendo cada vez más.


Luego de concluir la breve historia del Puerto de Olivos, Marcela Verbrugghe hizo referencia a las actuales expectativas de los vecinos para el área portuaria.


Señaló que los vecinos y vecinas quieren devolverle al Puerto el espíritu que en parte ha perdido: “(…) recuperar espacios verdes públicos para que sea un lugar de esparcimiento, de deportes, donde se pueda pasear, descansar, mirar el movimiento de las aguas, otear el horizonte, respirar el aire fresco con olor a río, estar con uno mismo, y calentarnos con ese sol que hoy va quedando escondido por las torres”.


El proyecto de los vecinos del Puerto es ambicioso pero posible: un Puerto deportivo y a escala humana; tres Parques que lo rodeen, rescatando los espacios verdes, y una Plaza, que esperan pueda ser un gran espacio verde público que compense, en parte, lo que se ha perdido por las numerosas nuevas construcciones. Con ello pretenden recuper


ar el Puerto de Olivos como ícono de la ribera.

Se expresó que el Puerto de Olivos es, en los hechos, Patrimonio Natural y Cultural, pues conforma la identidad de sus habitantes, quienes desean que en un futuro cercano obtenga una declaración formal como tal.


El acto con el que comenzaron los festejos del Centenario que se extenderán, en principio, hasta agosto de 2022. El vecino Matías Herrero destacó que se cuenta con el apoyo de numerosas instituciones, muchos de cuyos representantes estuvieron presentes: Asociación Fundadores y Pioneros de Vicente López, Centro Cultural Alfonsina Storni, Centro de Investigación Histórica de Vicente López, Comité Científico Argentino de Paisajes Culturales, Consejo Internacional de Monumentos y Sitios Argentina, grupo de Historiadores del Fondo de la Legua, Junta de Historiadores del Camino del Bajo, Museo de la Forrajería. También tuvo el importante respaldo de los Clubes deportivos de la zona: Club Náutico Olivos, Yatch Club Olivos, Club de Pilotos de Yate, Club de Pescadores de Olivos, así como con el de los Scouts Navales Puerto Olivos.


También participó del acto conmemorativo el bisnieto de Matías Sturiza, el Sr. Eduardo Rodríguez Pelliza, quien dirigió unas palabras a los presentes.


El vecino Osvaldo Caccia, en representación de la Agrupación Intervecinal del Puerto de Olivos (AIPO), impulsora y organizadora de los festejos, agradeció especialmente a los Croquiseros Urbanos de Buenos Aires, al artista plástico Lucas Maeder y al diseñador Demián Mejía Garfunkel por haber donado su tiempo y profesionalismo que hicieron posible el logo y el afiche del Centenario. También hubo agradecimientos para la Prefectura del Puerto de Olivos, quien brindó asistencia en todo momento, y para una importante empresa de Vicente López –que quiso mantener en el anonimato su generosa ayuda– que facilitó un camión con pluma para reacondicionar el viejo mástil, así como a dos tradicionales comercios del Puerto que donaron la nueva bandera que se izó al finalizar el acto, luego de 12 años sin ella. El párroco de San Pío X – parroquia correspondiente al Puerto–, el Padre Toki Morea, luego de bendecir el pabellón nacional, dirigió unas palabras en relación al cuidado del ambiente y la importancia de llevar adelante proyectos como el de los vecinos, en beneficio del bien común.


Los vecinos y vecinas del Puerto de Olivos esperan que este primer acto, que inicia un período de festejos, pongan en luz el valor del sitio y la necesidad de preservarlo y que con ello se impulse su declaratoria oficial como Patrimonio Natural y Cultural. Natural, por su río, playas y vegetación de alisos y juncos que consideran importante preservar para favorecer el ecosistema del lugar que, además, está integrado por numerosas especies de aves y mamíferos como coipos. Cultural, porque forma parte de la identidad de sus habitantes, no sólo por el espíritu deportivo – que se manifiesta en la imagen que brindan veleros y amarras– y el de pequeños pescadores que lo caracteriza, sino también por el deseo de recuperar para todos el uso que hace décadas muchas personas hacían de sus dos playas –Las Escaleritas y la ubicada entre Alberdi y R.S. Peña – y consolidar una cultura de cercanía y de frente al río y sus riberas, cultura que por muchos años se les negó.


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