La peor discapacidad es la moral

A partir de los suceso de violencia vividos durante la entrega de los Oscar, se disparó un interesante debate en todo el mundo.


Por: Verónica Zesller*

La discapacidad moral es la peor de todas. Normalmente, no hago observaciones en las formas o los dichos de nadie. Pero la realidad es que soy una persona que, si bien tuvo la suerte de no vivir en un entorno donde el bullying fuera moneda corriente, también lo sufrí en diferentes maneras.


La burla, los adjetivos calificativos que hieren, el que te señalen con el dedo porque algo en tu aspecto físico es diferente al "promedio" de la gente, todo eso duele. Los “chistes” con diferentes problemáticas duelen.


Por un lado, nos llenamos la boca pidiendo por la paz en Ucrania, usamos su bandera, somos solidarios con el sufrimiento de mucha gente. Por el otro nos importa un rábano si lastimamos a alguien diciéndole "gordo", "enano", "mogólico", "sucio"... y tantos otros adjetivos.


La peor de las discapacidades es la moral. Porque no te permite ver que cuando lastimás a uno, lastimás también a muchos otros que ni te imaginás. ¿Cómo podemos pretender la paz en el mundo, si no hacemos ni lo más pequeño desde nuestro lugar? ¿Cómo pretender que no haya odio del otro lado del planeta, si en la calle o por la tele vemos constantemente gente que se agrede?


Yo entiendo que se puede estar enojado, que se puede estar en desacuerdo. Pero nada justifica la descalificación ni la burla. Como si tener un cuerpo perfecto te hiciera mejor persona ¿Dónde se enseña eso?


Todos carecemos de algo. Nadie es "perfecto". ¿Qué es la perfección en una persona? ¿Sacarse todos 10 en los exámenes? ¿Tener 1,70 metros de altura? ¿Saber hablar? ¿Saber leer? ¿Saber escribir? ¿Tener un cuerpo 90-60-90? ¿Ser rubio de ojos celestes?


Lo sucedido días atrás entre Will Smith y Chris Rock es un llamado de atención. No se justifica la violencia de uno, ni el mal gusto para hacer una “broma” por parte del otro. Pero es sólo una pequeña muestra de lo que somos como sociedad. Y creo que es un buen momento para hacer un mea culpa, cada uno desde su lugar, pensando y reconociendo en cuánto de lo que nos pasa, somos responsables. Creo que es para pensarlo. Y sobre todo, hacer algo al respecto. Ya es hora.


*Verónica Zesller: Periodista, vecina de Florida

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