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García Cuerva invitó a dejar de lado el odio y la violencia institucional y abrazarse más

hace 4 horas
3 min de lectura

Lo expresó al celebrar la misa tras la peregrinación a Luján que reunió a más de un millón de personas.



El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, al momento de celebrar la 52ª Peregrinación Juvenil a Luján, que reunió a más de 1 millón de personas, invitó, así se desprende de su homilía, a dejar el odio y la violencia institucional y abrazarse más. También apeló a “dejar de lado descalificar al hermano” o “ser indiferentes con el que sufre”. De algún modo, las palabras de Cuerva, que no cayeron bien en Casa Rosada, parecieran anticipar el camino por donde podría incursionar el Papa León IV cuando llegue al país.


Al decir de analistas, fue conmovedor ver a esa verdadera marea humana que representa un país herido, desgastado y cascoteado por políticas nacionales que dejan a millones tendidos en el camino.


“Nadie vino solo, en cada paso trajimos a nuestras familias, a los amigos, al vecino que la está pasando mal, al conocido que perdió el trabajo, a los enfermos, a los que nos pidieron que rezáramos por ellos”, sostuvo Jorge García Cuerva. Y agregó: “cuando nos descubrimos caminantes de un mismo pueblo no le damos lugar al individualismo y a los discursos de odio”.


Conceptos sobresalientes de la homilía


La Virgen nos sale al encuentro con su ternura; no nos pide “carnet de prolijidad espiritual” ni pregunta de dónde venimos o cuántos kilómetros caminamos. Directamente nos abre sus brazos y nos recibe, así como llegamos. Ella sabe lo que vive cada uno de nosotros; Ella sabe de nuestras luchas; Ella conoce tu corazón, y sin palabras pero con todo su amor te abraza fuerte.


Por eso, querido peregrino, dejate abrazar, dejate contener, nadie puede solo, nos necesitamos y la necesitamos a María para seguir caminando en la vida. A veces llueve adentro, llueve en el corazón y nos sentimos solos, heridos; nos duele la vida, la nostalgia y las ausencias pesan mucho. Son esos momentos en los que la Virgen María nos sale al encuentro y sentimos que nos dice: “Hijo querido, va a estar todo bien”.


Nuestra Patria tiene muchos abrazos pendientes: abrazos de perdón ante tanta descalificación e insulto; abrazos solidarios ante tanta indiferencia; abrazos de encuentro ante tanto extravío; abrazos profundos, no protocolares; abrazos del alma. Así como nos curamos las ampollas, queremos Madre curar los vínculos entre nosotros. Las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal ya supuran y parece que se está infectando el corazón del pueblo argentino.

 

Por eso es tiempo de unirnos. Si la Virgen de Luján nos abraza a todos, es imposible mirar al otro con desprecio, porque el otro es mi hermano. Por eso volveremos a nuestros hogares y nos tenemos que comprometer a ser artesanos de la fraternidad llevando el abrazo de María a los que no dan más, a los abuelos, a los que piensan distinto, a las personas con discapacidad y a sus familias, a los que no tienen trabajo, a los que están durmiendo en la calle, a los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, a los más pobres.


Que esta peregrinación sea entonces una escuela de fraternidad para nuestro país que se está preparando para la visita del Papa León. Que María nos enseñe a respetarnos, a perdonarnos y a dialogar con todos; que dejemos de descalificar al hermano, de ser indiferentes con el que sufre y de dar lugar al odio entre nosotros, porque hemos experimentado en Luján que, en su abrazo maternal, nos reconocemos hermanos.

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