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El riesgoso escenario que ofrece el populismo intolerante y autoritario

Pensamiento único, autoritarismo, pagar para acceder a la educación y hospitales públicos, cero medicamentos gratis para jubilados, reinstalar las jubilaciones privadas para terminar con las estatales, tarifazos, despidos masivos en el Estato y fin de las obras públicas son parte del menú de la derecha nacional.


Por: Tano Armaleo.- Contradiciendo todos los pronósticos y enterrando las encuestas y operetas mediáticas, el diputado Javier Milei terminó siendo el hombre y partido más votado en las PASO del domingo 13 de agosto: 31% de los votos. Le siguió Sergio Massa con 22% (total partido 27% UP) y tercereando Patricia Bullrich con 17% (total partido 28% JxC). Un resultado, el del diputado Javier Milei (Libertad Avanza), que interpela al oficialismo, al resto de la oposición y, sobre todo, pone de manifiesto que hay un alto porcentaje de la sociedad que no le preocupa tener un gobierno populista intolerante y autoritario como el que propone el dirigente y la derecha en general.


De por sí, ser populista es un valor interesante en tanto y en cuanto esto significa representar los sentimientos y reclamos populares de las mayorías. Sin embargo, se torna riesgoso y peligroso para el país y el ciudadano de a pie si el populismo viene cargado de intolerancia y autoritarismo. Es lo que se desprende claramente del derrotero del dirigente político Javier Milei. Lo mismo sucede con la ex Montonera de Barrio Norte, Patricia Bullrich.


Así como el fastidio, la insatisfacción, la bronca y la falta de esperanza -justificada o no- llevó a que millones votaran a Macri a modo de castigar al gobierno de Cristina Fernández, y tras el fracaso del gobierno de Juntos por el Cambio la esperanza fue recuperada vía Frente de Todos, el domingo ese votante mutó al populismo intolerante.


Si en décadas pasadas esta porción del electorado no sacudía la modorra de las estructuras políticas y partidarias, esto se vio modificado en 2015 tras el triunfo de Mauricio Macri; la derecha llegaba al poder sin necesidad de golpes de Estado. Un triunfo -el de JxC en el 2015- que atravesó todo el país cargando votos que, en elecciones anteriores, nunca hubiesen migrado hacia la derecha. Sin embargo, sucedió nuevamente el pasado fin de semana durante las PASO.


El domingo, frente a la insatisfacción y tener que lidiar con bolsillos enflaquecidos, y producto de mucho trabajo en redes sociales y falsos relatos, gran cantidad de esos votos migraron para el populismo intolerante y autoritario (Libertad Avanza). Volvió a suceder la gran migración de votos de una punta a otra del pensamiento político. Con sólo analizar cómo votó cada provincia, cada municipio, no es complejo comprender que el voto fue destinado a una persona antes que a un pensamiento político. Todo indica que en la figura de Milei fue depositada parte de esa insatisfacción social. Aun cuando las heladeras hogareñas no están llenas, a diferencia del modelo de la derecha que dejó a la gente sin poder encenderlas y mucho menos llenarlas por los constantes tarifazos que llegaron al 3000%, las mismas, en la actualidad, funcionan y tienen comida en sus anaqueles.


Sin embargo, las elecciones le hicieron pasar un mal trago al oficialismo que, a pesar de todo, sigue gozando de buena salud. Sacar casi un 30% de los votos es muestra clara de que tiene resto como para recuperar terreno electoral. Obvio que debera instrumentar medidas concretas y no aguardar al 10 de diciembre.


El tema en cuestión es lo que propone el populismo intolerante y autoritario que abona el pensamiento único y la manera en que Unión por la Patria desnuda el discurso individualualista que alienta la derecha.


No por casualidad, frases como “los políticos no son la solución, son el problema”, cuando él es claramente un dirigente político, o asegurar que “daremos fin al kirchnerismo y a la casta política”, “vamos a meter plan motosierra para acabar con la casta”, “arancelar la educación”, “terminar con las jubilaciones estatales” , “el Estado no está para hacer obras públicas”, “la salud tiene que ser paga”, “hay que cortar con los derechos laborales que lo único que hacen es frenar la producción”, “hay que rajar a 200 mil tipos (trabajadores) del estado”, no hacen más que fertilizar el criterio de pensamiento único y del individualismo. El yo supremo frente al nosotros solidario.


Milei, al igual que Patricia Bullrich, que dice “es todo o nada”, se paran en la misma baldosa. No por casualidad, Milei rehúsa a todo debate político. No quiere confrontar y debatir los dos modelos políticos que están en juego. Además, Milei profesa suma empatía con Mauricio Macri.


Javier Milei, de algún modo, representa y trae al escenario aquello que el sociólogo Daniel Bell definía como “El fin de las ideologías”. Esto sucedía en los años 60. Luego, en los 90, Francis Fukuyama hacía escuela con “El fin de la historia”. El hilo conductor, para ser breves, era consolidar el pensamiento único, abonar la individualidad, dejar en claro que el mercado todo lo resuelve, que la gente se salva sola a partir de su creatividad y esfuerzo. Claro, no dicen que no todos nacen en un plano de igualdad.


“El fin de las ideologías”, “El fin de la historia”, es lo que este sector de la política propone como pensamiento ideológico.

No sólo esto, lo más llamativo es que al votante poco y nada parece interesarle que puede ser víctima de aquello que hoy aprueba y vota. Aun sabiendo que se puede quedar sin atención médica, sin poder pagar los estudios de sus hijos, sin poder tener un aire acondicionado, o no tener remedios gratis, no gozar de vacaciones laborales y varios etcéteras más, ese votante parece no racionalizar el daño que le puede causar este tipo de modelo político que fogonea la derecha. Es un votante imbuido de un alto grado de individualismo que cree que para crecer y avanzar, algunos deberán quedar en el camino. No se ven como objeto de sacrificio que exigen si llegaran a gobernar.


Para la derecha, ajustar las cuentas públicas significa castigar a la industria, a la producción, al trabajador, al ciudadano de a pie. "Es el precio que hay que pagar para crecer y ser libres, un país en serio", argumentan.Demás está decir que esto trae despidos masivos en todos los niveles, privados y públicos.


“El FMI no debería tener problemas con el programa que nosotros hemos planteado porque proponemos un ajuste fiscal mucho más profundo que el que ellos plantean. No va a ser un problema la relación con el FMI”, dijo Milei ratificando que sacrificar gente es parte del plan de la derecha.


Detrás de tanto avance de un modelo político que promueve el descrédito de los partidos políticos mientras construye riesgosas y violentas apuestas personales -Bullrich y Milei, respectivamente-, subyace una seria derrota cultural de lo que se da en llamar el campo nacional y popular. Cierto es que la dirigencia del progresismo, del poulismo de verdad, por atender ciertos reclamos terminan armando discrusos y ejecutando políticas contrarias a lo que dicen defender. La derecha marca agenda, y estos compran se corren tanto del eje que el ciudadano de a pie no mtermina de ver claramente la diferencia entre un sector y otro.

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