El machismo mancha la pelota y las autoridades no parecen dispuestas a limpiarla

Los dirigentes tratan de eludir hablar de estos temas y -a veces- se manifiestan con posturas que es preferible que callen


El tipo de abuso y violencia que es la de género y más puntualmente en el ámbito del fútbol, donde prevalece aun hoy un machismo que se puede reflejar desde los cantos en las tribunas, hasta lo herméticamente cerrado el clóset, donde casi no hay jugadores que se animen a salir de él y manifestar ser homosexual, en muchos casos por temor al castigo y/o bullying que podría recibir de los futbolistas y de los hinchas, todavía no ha sido aborda con la intensidad que la realidad amerita.

Por: Fernando Gañete Blasco.

“Hacer objeto de trato deshonesto a una persona de menor experiencia, fuerza o poder.” reza la Real Academia Española cuando se busca el verbo abusar. Claro que este en general está acompañado de violencia que puede manifestarse de manera física, psicológica o económica. Hay muchos tipos de abusos, cuando alguien se siente más poderoso que otro y lleva a la práctica ese trato deshonesto en beneficio propio. Ese abuso puede ser de un mayor a un menor, de un jefe a su empleado, de un monopolio o empresa dominante hacia la sociedad. Aunque en este caso pocas veces se lo denomina abuso ya que el poderoso se blinda y se justifica con la “libertad de mercado”. Si hasta un político -Javier Milei- días atrás defendió el derecho a morirse de hambre de un asalariado no quiere ser explotado por su empleador, como si eso fuese la única opción, pero no defendió el derecho a reclamar mejoras salariales. Ahí hay un ejemplo de defensa del abusador, acompañado de violencia.

Suelen coincidir los defensores de esos abusos con otras formas de atropello, porque en líneas generales defienden a los poderosos y no a los vulnerables, también justifican explícitamente a la violencia “que el que quiere andar armado que ande armado” (Patricia Bullrich), “me parece bien que se vendan armas en los supermercados” (Javier Milei) y tantas otras frases temerosas que algunos políticos se animan a manifestar en el último tiempo.


Pero no es ese tipo de abuso y violencia la que nos convoca en estas líneas, si bien la manera de buscar la paz y la armonía en una sociedad pareciera bastante lejos de esos mecanismos e ideologías. Hoy abordaremos un tipo de abuso y violencia que es la de género y más puntualmente en el ámbito del fútbol, donde prevalece aun hoy un machismo que se puede reflejar desde los cantos en las tribunas, hasta lo herméticamente cerrado el clóset, donde casi no hay jugadores que se animen a salir de él y manifestar ser homosexual, en muchos casos por temor al castigo y/o bullying que podría recibir de los futbolistas y de los hinchas.


Las últimas semanas ocupó importantes espacios en los medios de comunicación el futbolista colombiano que juega en Boca Juniors, Sebastián Villa por la denuncia de una mujer que lo acusó en la justicia de abuso y violencia. Esta es la segunda denuncia de abuso en su contra. No es la intención de detenernos en un caso en particular, sino intentar analizar qué sucede en un ámbito como el fútbol con el machismo y sus consecuencias.

Según un relevamiento del portal Doble Amarilla, desde el 2015 a la fecha se registraron más de 30 denuncias sólo a jugadores que en ese momento militaban en la categoría máxima del fútbol argentino.

Otro colombiano con problemas es Johan Carbonero, de Gimnasia de La Plata, que en el 2020, una joven que trabajaba como recepcionista del hotel donde vivía el delantero, lo denunció formalmente en la Justicia por acoso y tentativa de abuso sexual. Ahora el futbolista deberá atravesar un juicio oral. Mientras tanto siguió jugando en el club platense. En su momento, la subcomisión de género de Gimnasia no se expidió, declarando: "estamos trabajando junto al club, cuando tengamos algo para comunicar lo vamos a hacer oficialmente". Pero no quedó sólo en el lobo platense, hoy está a punto de firmar con Racing que adquiriría de sus servicios tras pagarle a Gimnasia U$S 3.800.000 por el 75% del pase. La agrupación Racing Feminista se opuso a la contratación del jugador procesado: “Nos oponemos a la contratación de Johan Carbonero así como de cualquier profesional que se encuentre procesado por violencia de género. Esta acción iría en contra de los compromisos asumidos por la comisión directiva y contra el espíritu de nuestra institución”. Habrá que esperar si en Racing y sus dirigentes pesa más la ética o el negocio del fútbol.

Ese mismo año (diciembre de 2020) fueron imputados Thiago Almada y Miguel Brizuela del club Velez Sarsfield, por un caso de abuso sexual en una fiesta clandestina. En ese caso fueron separados del plantel, como parte del protocolo contra la violencia de género de Vélez, pero una semana más tarde fueron reincorporados a la práctica. Almada también jugó para la Selección argentina en los Juegos Olímpicos en Tokio. Fue vendido al Atlanta United en U$S 16 millones.

El ex jugador de River, Boca, Cerro Porteño y la selección paraguaya, Jonathan Fabbro, fue juzgado por cinco hechos de abuso sexual agravado y corrupción de menores, con su ahijada como víctima. La causa comenzó cuando la madre de la niña hizo la denuncia, luego de que el hermano de la víctima descubriera las conversaciones entre Fabbro y la nena. En agosto de 2019 los jueces Luis Oscar Márquez, Claudia Moscato y Darío Medina, integrantes del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°12, lo condenaron a 14 años de prisión por los delitos de abuso sexual agravado y corrupción de menores. Fabbro fue detenido el 20 de diciembre de 2017 en el estado mexicano de Puebla, y en mayo de 2018 fue extraditado a la Argentina. Hasta ese momento siguió jugando profesionalmente.


Lamentablemente la lista continúa y, por lo que se aprecia, puede seguir engrosándose debido a que muy poco se hace para evitarlo. Es fácil caer en comprender, que no es lo mismo que justificar, sino buscar las causas para corregir lo que está mal; los futbolistas, muchos de ellos formados y educados en una cultura machista, se encuentran a los veintipico de años con fortunas, éxito, fama, un futuro próspero. Características que también seducen y ellos se sienten empoderados en un ámbito donde se creen casi omnipotentes.


¿Qué hace el mundo del fútbol al respecto?

Los dirigentes tratan de eludir hablar de estos temas y -a veces- se manifiestan con posturas que es preferible el silencio. Sin ir más lejos, en el caso Villa, Juan Román Riquelme defendió al jugador como profesional y manifestó: “Lo que pasa fuera de la cancha es otro tema”. Un gran problema de los dirigentes es creer que es otro tema, sigue siendo la imagen del club, pero más allá de ello, pareciera que no tuvieran empatía con las víctimas de la violencia y el abuso al ponerse del lado del victimario. Como si ello fuera poco, estas actitudes de los jugadores “fuera de la cancha” hacen que su cotización caiga y el club pierda dinero. Ante esa situación, hay dirigentes que prefieren hacer la vista gorda y ocultar lo sucedido en lugar de trabajar para enseñar a sus jugadores para que estas cosas no sucedan. Es cierto también que todos son inocentes hasta que la justicia dictamine lo contrario, pero es importante es enseñar, por sobre todo en un ámbito que conserva las más rancias actitudes machistas.

Según un relevamiento del INADI, el 19% de los clubes del país tiene protocolo en caso de violencia de género, el 23% lo está elaborando, y el 58% no tiene. Pocos son los que evitan erradicar la violencia de género desde la docencia y la preparación de sus atletas.

El 9 de setiembre pasado el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad (MMGyD) junto con la Secretaría de Deportes del Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación contaron la experiencia de formación Micaela Deportes: Herramientas para construir un deporte con perspectiva de género y diversidad. La Ley Micaela (Nº 27.499) establece la capacitación obligatoria en género y violencias de género para todas las personas que trabajan en la función pública, en los tres poderes del Estado, en todos sus niveles y jerarquías y que ahora se intenta llevar a los clubes. Pocas son las instituciones del fútbol (incluida la AFA) que lleven a la práctica estas herramientas con sus profesionales.

Lamentablemente no es potestad del fútbol de estas tierras, también ocurre a nivel internacional. El futbolista brasileño Robinho fue condenado por un Tribunal de Milán a nueve años de cárcel por un episodio de violación sexual perpetrado en 2013. El colombiano Andrés Escobar está preso en Islandia. El español Santi Mina, delantero del Celta de Vigo, fue condenado por la Audiencia de Almería a cuatro años de prisión por un hecho de abuso sexual ocurrido en junio de 2017. Robin van Persie, exdelantero holandés fue detenido en junio de 2005, a los 22 años, después de que una joven de 25 lo acusara de haberla violado en un hotel en Rotterdam. Y también la lista de casos llenaría muchas páginas.

A nivel mundial, motivados por la FIFA, las distintas federaciones nacionales y las confederaciones continentales comenzaron a mejorar las condiciones del fútbol femenino. Habrá que ver si por convicción o porque lo ven como un potencial negocio hasta aun no explotado, donde el ranking está dominado por los Estados Unidos, seguido por Suecia, Francia, Países Bajos, Alemania, Canadá, España, Inglaterra y Brasil en las diez primeras posiciones. En el ranking masculino no están las potencias económicas en las principales ubicaciones.


La sociedad en su conjunto está esperando que el fútbol tome el toro de la violencia por las astas. Los jugadores son espejos para muchos niños y jóvenes; las empresas buscan a los futbolistas para que transmitan sus mensajes comerciales, sería importante que con sus ejemplos muestren las formas de manejarse que pueden hacer al mundo un poco mejor. Por supuesto que hay muchos futbolistas con los valores elevados, esperamos que sean aquellos que se dejan llevar por el machismo los que aprendan, así como también el conjunto de la sociedad aprenda que la violencia no es la jugada correcta.

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