El lado que no oculta Juntos por el Cambio: la irracionalidad y el odio

La virulencia expresada en la manifestación de ayer y el silencio de la dirigencia, abren la puerta a escenarios de alto riesgo social


Por Tano Armaleo.-No es la grieta, es el odio persistente de un sector de la población que remite, indefectiblemente, a lo peor de la humanidad. Sin temor a exagerar, nos lleva a resabios de nazismo y fascismo, lamentablemente. Las imágenes, de ayer en plaza de Mayo y en distintas plazas del país, fueron una clara muestra que, más allá del natural rechazo que cualquier ciudadano pueda expresar sobre un gobierno, cuando un sector de la población es manipulado por el odio, el resentimiento y seducido por manos siniestras, el individuo habrá ingresado a un nivel de sumisión total hacia su “amo”. Es en esta instancia en que el pensamiento crítico, el raciocinio, queda a un lado para pasar a dar lugar a la sumisión.


Ver imágenes de bolsas mortuorias con nombres y apellidos de funcionarios y gente cercana al gobierno, carteles con frases seriamente agresivas y ofensivas y alejadas de la realidad, falaces para ser más preciso, no es ni más ni menos que la resultante de una manipulación perfectamente programada. Seguramente, la inmensa mayoría de los que salieron a manifestarse no acusan recibo del resentimiento que promovían. Están tan dominados, que naturalizan el odio, el resentimiento.

El problema no es que Juntos por el Cambio aliente la grieta. El problema es que, además de esquivar el debate y un análisis profundo de los motivos de por qué existe de la grieta, el macrismo, desde hace años, optó por el camino del odio. Un odio que se traduce en una preocupante virulencia social. Desafortunadamente la humanidad, Argentina incluida (pogromo en 1919, por caso y las dictaduras), tuvo planes y programas en que el odio religioso, racial y político mató a millones de personas. Aun más, gobiernos fascistas y nazis fueron votados por un sector de la población.



Cuando tanto odio se instala en la mesa, lo más complejo es mantener la sensatez. Queda claro que el macrismo busca el enfrentamiento. Por eso resulta alentador ver a un presidente, Alberto Fernández, poniendo racionalidad y apostando al respeto en la diversidad frente al odio y agresión destilada por la oposición.


Si la postura del gobierno resultó un buen paño de agua fría, la contracara la constituyó el silencio de la dirigencia de Juntos por el Cambio. Nada dijeron sobre la virulencia expresada en las plazas. Menos aún por esas nefastas bolsas mortuorias colgadas en las rejas de la Casa Rosada. Seguramente, haber salido a repudiar estos acontecimientos, “su ejército de seguidores” se habrían sentidos defraudados. No hay pero cosa para un engañado, un colonizado en la subjetividad, que descubrir la verdad en manos de su amo; el que los manipula desde la palabra y las pantallas de TV.

La saga de virulencaia que se vivió ayer, en realidad, es parte de una suerte de matri que está instalada en el mundo. La necesidad de profundizar un modelo económico, neoliberalismo, ha llevadao a generar una alianza estratéguca entre medios de comunición, jueces, y diirgentes políticos montando falsos relatos y envenenando la conciencia de amplios sectores de la población.

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