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El fascismo en casa, ¿en casa de quién?

La desvalorización exprofesa y planificada de la palabra y de la política profundiza el sometimiento de la subjetividad, de la conciencia.


Benito Mussolini


Por: Tano Armaleo.- No pocos pensadores, filósofos, politólogos y analistas, de todo tipo y tinte ideológico, tanto de ultraderecha hasta llegar a los de izquierda, consideran al “próximo”, al otro, como fascista. Y lo fundamentan con teorías y análisis científicos y la realidad a cuestas. Así como entienden que Bolsonaro abona e hizo de su poder institucional una clara manifestación fascista, o lo propio sucede en Ucrania con Zelenski y en Israel con un Benjamín Netanyahu que está cometiendo crímenes de lesa humanidad en nombre de la libertad, en la otra punta del mundo, por caso en Argentina, también el término fascista es utilizado a la hora de denostar al adversario político, electoral. No muy distinto sucede con la ultraderecha española, VOX, que también es calificada como fascista.


La llegada de Javier Milei al gobierno como mascarón de proa de grandes grupos económicos -eso está expresado en cada uno de los ministros y en las políticas que acaba de anunciar-, es tildada, por la oposición, como un gobierno fascista. Otros consideran que en esto de poner en marcha un plan de ajuste que daña a no pocos sectores medios, de la producción nacional y el trabajo, argumentando que no “hay otro camino” y que “el sacrificio es necesario”, cuando en realidad sí existen otras alternativas, es donde el gobierno de Milei y sus socios de Juntos por el Cambio, tiene reminiscencias fascistas y también nazistas.  


Hablar de sacrificio, dejar a millones de personas en el camino, experimentar recetas fracasadas y otras que ni en laboratorios tienen certeza científica, son tomadas como intentos fascistas y nazistas, entienden los críticos al actual gobierno. Sabido es que el nazismo, que asesinó a más de 6 millones de personas, mayoría judíos, además puso en marcha una desdeñable y repudiable experimentación “médica” sobre indefensos ciudadanos. Aberrante, terrible por donde se lo mire a aquel régimen. 


Pero, así como el actual gobierno es considerado fascista, esta ultraderecha o anarco-capitalista como se define Milei, también acusa a la oposición del mismo modo. En particular, pone como fascistas y oprobiosos a gobiernos como los de H. Yrigoyen, Perón, Raúl Alfonsín y a Néstor y Cristina Kirchner.

En realidad, detrás de tanta simpleza a la hora de calificar, surge la devaluación de la palabra. La devaluación de la política como elemento ordenador. Y, especialmente, la degradación de la vida partidaria, de los partidos políticos. ¿Dónde quedaron aquellos filósofos griegos que tanto culto hicieron de la democracia?.


Si un gran éxito tuvo y tiene la derecha a nivel mundial, es haber cambiado, gracias a la gran contribución de los algoritmos, redes sociales y corporaciones mediáticas, el eje de discusión. La derecha ganó una gran batalla cultural. Convirtió la mentira en verdad y el falso relato en realidad subjetiva. Además, y lo más grave, construyó y construye sobre el odio, en que el otro es el “enemigo”. Así describe el presidente Milei a quienes no comulgan con el “ajuste necesario que había que hacer” y cada uno de los  puntos del DNU que presentó días atrás.


Si como muestra basta un botón, bien vale destacar lo revelado en el portal “causa pendiente” que dirige el periodista Claudio Leveroni. Aportando cifras a su comentario, la diputada y economista Julia Strada explicó que el “Banco Nación tiene ganancias por $700 mil millones neto inflación, YPF (que es S.A. pero quieren vender acciones estatales) ya lleva ganados USD 3.000 millones en 3 trimestres. Aerolíneas, USD 34 millones este año”. Además, refirió que la mitad de las transferencias del Tesoro a las empresas públicas son a ENARSA y por el gasoducto: 0,5% del PBI. En ese rubro le sigue Aysa y luego los trenes, “ambas brindan servicios fundamentales y hacen inversión en obras de aguas, cloacas y vías férreas”. En cuanto a los medios públicos, Strada puntualizó que “el déficit de TELAM es 0.0025% del PBI. Radio y Televisión Argentina es el 0,013%. Contenidos SE (que contiene Paka Paka) es sólo 0,001% del PBI”. 


De este modo, el relato que intenta motorizar el gobierno a modo de dar la “batalla cultural” que asegura estar dando el presidente con la “fuerza del cielo”, no se compadece con la realidad. Un realto que se monta en un peligroso prensamiento único que se traduce cuando explica (Milie) que los que se opone, por caso, al DNU, lo hacen "por sádico o corrupto". Es decir, en su marcado autoritarismo, no hay lugar para recrear otro pensamiento.


Es complejo y difícil en este contexto, donde la degradación de la palabra cobró fuerza, donde la política pareciera ser mala palabra y en nombre de ella se destruyen sueños. Resulta dificultoso dar debate sin caer en la tentación apresurada (y muchas veces sin fundamento) de calificar al otro de fascista o nazi.


Si quienes gobiernan tienen la obligación de ser tolerantes y respetuosos en la diversidad, ciertamente esto no está sucediendo. De ahí la importancia de volver a las fuentes políticas, de rescatar la esencia de la militancia, de la movilización popular, de la cultura de la solidaridad. De convertir la política en un lenguaje sencillo y claro para la población. Valorar la política como elemento de cambio social y grandes mejoras en materia de calidad de vida. Por degradar tanto la política, hoy son los mercados los que pretenden gobernar. De ahí la importancia que tienen, en el caso particular del país, que la oposición no entregue convicciones por votos. 


La desvalorización exprofesa y planificada de la palaba y de la política es tan fuerte que, por lo visto, ha profundizado el sometimiento de la subejtividad y no termina de ser revertida por el progresismo, por el campo nacional y popular.

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