El apriete por WhatsApp de EE.UU. amenaza a una cooperativa argentina para boicotear a Huawei
El agregado económico de la Embajada de Estados Unidos en Argentina, Andrew Dilts, envió un mensaje de WhatsApp al teléfono particular de Sergio Fernández Novoa, gerente de CALFibra, la división tecnológica de la Cooperativa Provincial de Servicios Públicos de Neuquén (CALF). El episodio revela un nuevo nivel de injerencia: ya no hay embajadores ni notas formales sino amenazas directas al celular de un gerente.

Imagen recreada con IA
Mientras el poder económico internacional y los Estados Unidos de Donald Trump esperan que los políticos argentinos que ellos controlan habiliten a quedarse legalmente con todas las tierras y riquezas nacionales, pese a la resistencia del pueblo que frenó el intento de la Ley de extranjerización de Tierras, la diplomacia estadounidense extorsiona abiertamente. Es que la Embajada norteamericana utilizó un mensaje de WhatsApp para presionar a una cooperativa de Neuquén, advirtiendo que revocaría las visas de sus directivos si no cancelaba un acuerdo con la empresa china Huawei. El episodio revela un nuevo nivel de injerencia: ya no hay embajadores ni notas formales, sino amenazas directas al celular de un gerente.
El mensaje que llegó por celular
Todo comenzó el 12 de julio. El agregado económico de la Embajada de Estados Unidos en Argentina, Andrew Dilts, envió un mensaje de WhatsApp al teléfono particular de Sergio Fernández Novoa, gerente de CALFibra, la división tecnológica de la Cooperativa Provincial de Servicios Públicos de Neuquén (CALF).
El texto no era una invitación a dialogar. Era una advertencia: el gobierno de Estados Unidos está implementando una nueva política que restringe o revoca visas para directivos de empresas que expandan operaciones con Huawei en Argentina. Y entonces, la pregunta que lo decía todo: "¿Existe la posibilidad de cancelar la iniciativa?"
La cooperativa había viajado a China a fines de abril, allí acordó una alianza con Huawei para construir un datacenter regional y comprar equipamiento para su red de fibra óptica. En julio presentaron proyectos de ciudades inteligentes. Nada fuera de lo común, salvo que involucraba a un gigante tecnológico chino en un país que Washington considera su "patio trasero".
"Seguridad nacional" como excusa
Cuando CALF pidió explicaciones formales al embajador Peter Lamelas, la respuesta no fue técnica ni diplomática. Fue política. Lamelas encuadró el acuerdo como un tema de "seguridad nacional" y sentenció: "las personas y entidades que socaven dicha seguridad no gozarán del privilegio de ingresar a Estados Unidos".
La cooperativa, en un comunicado público, rechazó las formas: "una cosa es que un Estado decida sobre sus visas; otra es que esa posibilidad se invoque por un canal informal, ante un trabajador, junto con la pregunta de si puede cancelarse un proyecto que sólo compete a los órganos de gobierno".
Y remarcaron un dato clave: el mensaje de WhatsApp llegó el 12 de julio. La nota formal pidiendo fundamentos técnicos la enviaron el 29 de julio. Hasta hoy no han recibido ninguna objeción técnica. Sólo la amenaza.
Sumisión o silencio del gobierno argentino
Hasta el momento el gobierno nacional no emitió un pronunciamiento público de respaldo a la cooperativa. CALF tuvo que recurrir por su cuenta al Ministerio de Relaciones Exteriores, solicitando que "arbitre los medios y realice las gestiones que estime conducentes". La pregunta que queda flotando es: ¿por qué un gobierno soberano permite que una embajada extranjera presione a una empresa provincial con amenazas migratorias sin mediar palabra?
El silencio oficial contrasta con la reacción en Neuquén. La diputada del MPN Cielubi Obreque presentó en la Legislatura una declaración de "más enérgico repudio, rechazo y preocupación" por el apriete norteamericano. Pero el eco nacional es casi nulo.
La cooperativa se defiende: "No somos chinos, somos neuquinos"
En su comunicado, CALF salió a aclarar que su red no depende exclusivamente de Huawei: tienen proveedores estadounidenses (HPE, APC), europeos (MikroTik) y suizos en particular (ABB). Su criterio, aseguran, es "el mejor servicio al mejor precio".
Pero también lanzaron una pregunta incómoda: "la tecnología de Huawei opera en toda la infraestructura de telecomunicaciones y energía de Argentina, incluyendo operadoras de primera línea. Hasta donde sabemos, no se han dirigido comunicaciones equivalentes a ninguna de ellas".
Es decir: ¿por qué a una cooperativa del sur sí y a las grandes empresas no?
El patrón que se repite
El episodio encaja en una lógica conocida: Estados Unidos presionando para que América Latina no elija socios tecnológicos que no sean los suyos. Pero lo novedoso es el método: ya no hay notas diplomáticas ni reuniones de cancillería. Hay un mensaje de WhatsApp a un gerente, una amenaza de visas y un gobierno nacional que mira hacia otro lado.
La estrategia actual de la administración Trump, según expertos de El Orden Mundial, no es improvisada. Responde a la vieja aspiración de garantizar que el continente americano vuelva a estar a merced de la gran potencia. El objetivo no es necesariamente imponer democracia, sino asegurar gobiernos dóciles, alineados con los intereses económicos y geopolíticos de Estados Unidos.
Ante esta presión, muchos gobiernos latinoamericanos optan por la sumisión. Expertos señalan que los golpes de Estado encubiertos, como el de Guatemala en 1954 contra Jacobo Árbenz, fueron "exitosos a la hora de colocar a un Gobierno títere"
Mientras tanto, la cooperativa neuquina sigue adelante con su proyecto. Pero el mensaje quedó claro: en la nueva guerra fría tecnológica, Washington no pide permiso. Aprieta. Y si el gobierno argentino no reacciona, la sumisión se vuelve cómplice.














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