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Cristina habla frente a funcionarios y dirigentes con fatiga e inercia política

A partir de las 19, la vicepresidenta estará hablando en Avellaneda. Será el primer acto tras el fallo y el segundo luego del atentado


Cuando en horas más (19), la vicepresidenta Cristina Fernández hable en Avellaneda, el país, el mundo de la política para ser más preciso y medios de comunicación estarán atentos a la bajada de línea, y de los ejes políticos que ella marque en dicha circunstancia. Será el momento en que funcionarios y dirigentes, en su gran mayoría con falta de creatividad, fatiga intelectual y escasa voluntad para generar política desde los ámbitos dónde le toca actuar, estén aguardando la señal por “dónde y cómo seguir”, mientras la oposición, el Poder Judicial y grupos económicos, juegan a fondo y sin pudor. Y con total promiscuidad tal cual se acaba de ver en el viaje emprendido por magistrados, funcionarios y empresarios del Grupo Clarín realizado a la estancia del empresario inglés en lago Escondido.


Será el primer encuentro con dirigentes y funcionarios luego del “fusilamiento” judicial tras el fallo de la devaluada y prostituida Corte Suprema. También será el primer discurso luego del anuncio de su renunciamiento a toda candidatura para el 2023. Ahora se suma el reciente fallo de la Corte a favor del gobierno de la CABA. El mismo le otorga más Coparticipación Federal de la que le corresponde. Tema que seguramente abordará la vicepresidenta.


Las expectativas son mayúsculas toda vez que el Frente de Todos tiene una falla de origen que nunca logró superar: conformar una mesa de trabajo y acción política del triunviro conformado por Alberto Fernández, Sergio Massa y Cristina, respectivamente.


No es ningún secreto que el peronismo siempre fue y se manejó con conducciones centralizadas, y acciones descentralizadas. Así fue como la militancia y la dirigencia actuaba y generaba política en cada rincón del país. Desde Perón, pasando por Carlos Menem, a Néstor Kirchner y Cristina Fernández, el poder institucional nunca se compartió. Pero el hecho de ser una coalición gobernante ameritaba darle forma a esta nueva estructura de poder. Tragar saliva, comerse más de un sapo, seguramente, era lo que esperaba la población que votó por el Frente de Todos que hiciera el triunviro para que, de verdad, el gobierno concrete aquellos sueños y proyectos prometidos en el 2019. Claro que no todo es negativo y un desastre como algunos se empeñan en analizar. Se podrá coincidir que, muchas veces, los más críticos salen de las propias filas.

En el mientras tanto, lo cierto es que, dirigentes y en particular la mayoría de los funcionarios del gobierno nacional, sean aquellos que responden a Cristina o Alberto, no se lucieron por sus jugadas o avanzadas políticas. En su gran mayoría, actúan como relatores de la realidad. Aseguran, explican y comentan qué hay qué hacer con la Corte, con el Poder Judicial, con el FMI, con la pobreza, con los salarios, con el indulto de Milagros Salas, con el medio ambiente, con el mundo del trabajo, pero nunca se le conoció un proyecto o iniciativa al respecto, Bien se los podría definir como tibios, timoratos a la hora de tomar decisiones. No se los observa con fuerza y voluntad política para enfrentar al poder que tanto daña los intereses nacionales y populares. Parecen más atentos a cuidar la poltrona que tomar determinaciones concretas. ¡Esperan órdenes!


Perón, antes de fallecer, dijo: no me lloren, crezcan. Siguiendo la misma línea, y como gran exegeta peronista, Cristina Fernández luego de recibir el fallo de la Corte, y mostrarse un tanto fastidiada por la falta de movilización en las calles, y seguramente inquieta ante la inercia de su tropa, recordando al fundador del Justicialismo, dijo; llegó la hora de que cada uno y una, saque el bastón de mariscal que tiene guardado en la mochila.

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