A 70 años de los fusilamientos de José León Suárez
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Evocar, recordar, poner sobre la mesa de todos los argentinos y, sobre todo, en las aulas qué sucedió en aquel momento es un imperativo que las actuales generaciones no deberían soslayar.

Por: Tano Armaleo.-Si aquellos fusilamientos del 56 -por la espalda- llevados adelante en los entonces basurales de Suárez a pedido de la Revolución Libertadora encabezada por el general Pedro Eugenio Aramburu y el Almirante Isaac Rojas, fueron la síntesis de un sector de la población que a base de odio y venganza terminó con semejante aberración, todo indica que ese ideario persiste. Persiste en manos de un presidente que con autoritarismo y violencia institucional no hace más que recrear lo peor del ser humano. Lo hace, vale mencionar, gracias a la naturalización de un sector de la población. Lo mismo sucedía mientras la democracia del 55, encarnada en la figura de Juan Domingo Perón, era derrotada por la dictadura cívico-militar escudada detrás de la denominada Revolución Libertadora.
La historia y las crónicas periodísticas, especialmente las traídas con el tiempo por el asesinado periodista Rodolfo Walsh en lo que luego fue el magistral libro Operación Masacre, revelan la verdadera historia sobre los fusilamientos. Aquella que las clases hegemónicas, dominantes han procurado ocultar hasta la fecha.
En este sentido vale rescatar unas líneas del portal Causa Pendiente que dirige Claudio Leveroni donde explica que “timoneados por el ala más virulenta y antiperonista, que encabezaban el almirante Isaac Rojas y el general Pedro Eugenio Aramburu, habían decidido dejar de lado cualquier posibilidad de acuerdo con el gobierno constitucional destituido”. El mensaje se redobló con la salida del general Eduardo Lonardi, quien asaltó la presidencia el 23 de septiembre esgrimiendo “ni vencedores ni vencidos”. "La dupla dura lo reemplazó seis meses después colocando a Aramburu en su lugar. La represión y persecución a peronistas se redobló", concluye.
Dentro de las Fuerzas Armadas quedaban muchos leales a Perón, el general Valle era uno de ellos. Fue quien lideró los levantamientos -con el objeto de recuperar la democracia- del 9 de junio con grupos de la resistencia peronista organizados desde la más absoluta clandestinidad. La dictadura llevó a niveles tan extremos el odio y persecución que llegó hasta el paroxismo de sancionar el decreto 4161 que penaba como delito la sola mención del nombre del expresidente o cualquier alusión al peronismo.
Aquel levantamiento contra la dictadura resultó trágico. Concluyó con el fusilamiento, el 12 de junio, del General Valle en la Penitenciaría Nacional de la Ciudad de Buenos Aires (actual parque Las Heras), seguido por el asesinato de 17 militares y 18 civiles.
Entre la noche del 9 y la madrugada del 10 de junio de 1956 se producen los asesinatos en José León Suárez, ordenados por los líderes de la Revolución Libertadora, los dictadores Rojas y Aramburu, quienes derrocaran al gobierno del General Juan D. Perón el año anterior. Los mártires peronistas fusilados en los basurales trabajaban para poder restituir el orden constitucional junto al Gral. Juan José Valle, asesinado días después en la prisión de la calle Las Heras en CABA.
Acerca de los fusilamientos
¨La primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos de junio de 1956 me llegó en forma casual, a fines de ese año, en un café de La Plata donde se jugaba al ajedrez, se hablaba más de Keres o Nimzovitch que de Aramburu y Rojas, y la única maniobra militar que gozaba de algún renombre era el ataque a la bayoneta de Schlechter en la apertura siciliana¨, reza el prólogo del periodista y escritor Rodolfo Walsh en el libro Operación Masacre.
Rodolfo Walsh en Operación Masacre realiza una investigación que descubre los hechos en los basurales de José León Suárez, junio de 1956. Allí, en José León Suárez, fueron fusilados obreros, trabajadores, hombres de la Resistencia Peronista.
Luego de aquella matanza en los basurales no hay quien testifique, quien diga lo que ha pasado… todo estaba oculto. Seis meses después de la masacre alguien le dice a Walsh que hay un fusilado que vive y Walsh descubre, paulatinamente, que hay siete.
Que una joven y muchos hombres aterrorizados, incluido Rodolfo Walsh, son la base para llegar a la verdad.
El crimen quedó impune, sus asesinos no pagaron por aquella matanza, pero salió a la luz y Walsh logró desnudar a la dictadura y a una clase oligárquica.
Bien vale la pena rescatar la memoria de aquellos fusilados, muchos de ellos vecinos de la Zona Norte, donde el magistral periodista y escritor pone luz a través de “Operación Masacre”:

NICOLAS CARRANZA, vecino de San Isidro. Estaba casado, tenía seis hijos, entre ellos una recién nacida de cuarenta días. Cesante del ferrocarril Belgrano y prófugo de la justicia por peronista, como todos los peronistas tenían que soportar el decreto 4161, que prohibía todos los símbolos peronistas. Su hija mayor Elena, de tan solo 11 años, fue llevada a la comisaría e interrogada por cuatro horas sobre las actividades de su padre: ¿era peronista su padre?... vivía con su familia en el barrio obrero de Boulogne, en la provincia de Buenos Aires.
FRANCISCO GARIBOTTI, vecino de San Isidro, casado y con seis hijos, cinco varones y una mujer. También ferroviario, del Belgrano, sabe que todo está complicado y tiene temor y espera, algún día todo pasará, se dice y lo dice a su familia.
HORACIO DI CHIANO, vecino de San Isidro, casado, tenía una hija, obrero de la compañía de electricidad Italo, donde trabajaba haciendo guardias nocturnas, le faltaba poco para jubilarse y aspiraba a seguir trabajando un tiempo más y retirarse definitivamente.
MIGUEL ANGEL GIUNTA conocido como Don Lito, era un trabajador del calzado, trabajaba en una zapatería en Buenos Aires y vivía en Florida, partido de Vicente López.
ROGELIO DIAZ, se sabe poco, era un suboficial retirado de la Marina. Hay dudas que se refieren a su participación o no en el movimiento revolucionario. Era un hombre moreno, alto, corpulento, estaba en la casa que asaltaron.
CARLOS LISAZO, vecino de Vicente López, tenía 21 años, trabajaba con su padre como martillero. Hay, según Walsh, dudas sobre su pertenencia al movimiento revolucionario. Sin embargo se encontró una carta dirigida a su novia donde le decía: ¨Si todo sale bien esta noche…¨
NORBERTO GAVINO, vecino de San Isidro, él como otros estaba en el levantamiento. Había sido suboficial de la Gendarmería Nacional, en ese momento trabajaba como vendedor de terrenos. Estaba prófugo y su esposa, que desconocía sus actividades, había sido arrestada para quitarle información y obligarlo a entregarse.
MARCELO, un personaje que aparece y desaparece haciendo hincapié en que Carlos Lisazo no sea llevado a ningún otro lado.
MARIO BRION vive a cien metros de la casa fatídica, en Franklin 1812. Casado, con un hijo, conocido como un buen trabajador y un vecino emprendedor para llevar adelante las iniciativas de mejoramiento en el barrio.
PEDRO LIVRAGA, casado, tres hijos, vivía en la calle Florencio Varela 1624 en Florida. De joven trabajaba como peón de albañil y con el tiempo llega a la maestría del oficio, terminando como constructor. Su hijo JUAN CARLOS es el fusilado que vive. Sus distintos trabajos iban entre oficinista de la Aeronáutica, luego colectivero y después de los sucesos del basural, en la construcción.
Su testimonio será que no sabía nada del levantamiento y por otro lado que no tenía antecedentes penales. Pero será el único que se anime a reclamar judicialmente.
VICENTE DAMIÁN RODRÍGUEZ, obrero del puerto, cargaba bolsas y hacía todos los turnos que podía, era peronista y opositor. Estaba casado y tenía tres hijos; alquilaba una casa muy pobre. No queda claro si estaba conspirando.
A TROXLER y BENAVIDEZ los tienen detenidos desde antes y no los mezclan con estos otros protagonistas. Los testimonios que brindan muy posteriormente los sobrevivientes de los basurales hablan de otro detenido de apellido italiano y un suboficial anónimo. Los sobrevivientes fueron Troxler, Benavídez, Gavino, di Chiano, Torres, Guinta y Livraga.
Increíblemente y como si la historia volviera a repetirse, Rodolfo Wash terminó asesinado por otra dictadura, la del 24 de marzo del 76.
(fuente y datos históricos: Sur correntino).














