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A 50 años del golpe cívico-militar, San Isidro muestra desprecio por valores democráticos

  • 6 mar
  • 3 Min. de lectura

Sus calles honran la memoria de dictadores y asesinos.

 


El país está a semanas de evocar los 50 años del más terrible y horroroso golpe de Estado  cívico-militar que recuerde la historia: el del 24 de marzo de 1976. Sin embargo, hubo otros golpes no menos sangrientos. Por caso, el de 1955 cuando la denominada Revolución Libertadora derroca al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. También se produjo, un 16 de junio del 55 -antes del golpe de Estado- un feroz bombardeo sobre Plaza de Mayo perpetrado por militares, que costó la vida de más de 300 personas, entre ellas, decenas de chicos que viajaban en micro escolar, y dejando a más de 1200 heridos. Entre el golpe del 55 y del 76, vale mencionar, la población democrática también fue víctima de otros dos golpes cívico-militares. El perpetrado contra Arturo Frondizi (1962) y contra Arturo Illia (1966).

 

Si la democracia, no es ningún secreto, es una construcción colectiva y diaria que merece ser cuidada y mejorada desde el máximo escalón institucional y fortalecerse en las aulas, en el seno de los hogares, en las fabricas, en las calles, en San Isidro esto no es lo que precisamente sucede.

 

Dos de sus calles cargan con nombres de dictadores. Confesos asesinos que empuñaron el fusil para socavar la esperanza y sueño de millones de compatriotas en nombre de una falsa libertad.  

 

En Martínez, la antigua calle Ombú, en los años de terror y muertes cuando el general Videla y Martínez de Hoz gobernaban con la anuencia de la Sociedad Rural y la Unión Industrial, fue ungida con el nombre del general Pedro Eugenio Aramburu. El mismo que había sido activo partícipe del golpe de 1955, y mandara a fusilar al general Valle y decenas más de dirigentes y militantes peronistas. 

A un par de kilómetros de Martínez, más precisamente en Béccar, otra calle honra la memoria de otro dictador: el Gral. Eduardo Lonardi. Otro activo participante de la dictadura escudada detrás de la denominada Revolución Libertadora.

 

Inimaginable sería transitar calles de Alemania, Italia o España donde apellidos como los de Hitler, Mussolini o Franco aparezcan en carteles. Sin embargo, en San Isidro es naturalizado ante la conciencia de dirigentes que se dicen democráticos y de miles de ciudadanos de a pie que ignoran quiénes son estos nefastos personajes.

 

Desde 1933 a la fecha, en este distrito hubo infinidades de Proyectos de Ordenanzas, todos provenientes del peronismo, que tuvieron como objeto desterrar estos dos apellidos que “ilustran las calles” como si fueran dos próceres. El radicalismo que gobernó desde los inicios de la recuperación democrática (1983) hasta el 2023, nunca se dignó sacar semejante afrenta de sus calles.

 

Concejales como Juan “Coco” Lallana, Raúl “Lalo” Lauzurica, Domingo Santarcieri, en los 80; luego en los finales de los 90 ediles como Marcos Lohlé y Pablo Fontanet, y más acá en el tiempo, ediles como Marcos Ciani, Gastón Fernández, Manuela Schuppisser y Marcos Díaz, todos ligados al pensamiento democrático, se cansaron de presentar proyectos para eliminar esos dos nombres. La resistencia radical y del vecinalismo cajoneó cada uno de dichos proyectos.

 

En referencia a los carteles puestos sobre Aramburu, el entonces concejal Gastón Fernández explicaba, en torno al Proyecto de Ordenanza elaborado con sus pares del bloque del Frente de Todos, que “esta iniciativa busca recordar los trágicos sucesos ocurridos durante su mandato y reafirmar el compromiso con la memoria, la verdad y la justicia en nuestro país”.

 

“Durante su mandato se ordenó la proscripción del peronismo y se llevó a cabo la represión del levantamiento de junio de 1956, liderado por el General Juan José Valle y el posterior fusilamiento de Valle y otros militantes y civiles en los basurales de José León Suárez”, detallaron desde el peronismo sanisidrense.

 

Tal vez, en estos momentos en que la presidencia del HCD tiene una figura de fuerte raigambre radical, Jorge “Panadero” Álvarez, el bloque oficialista se digne a hacer docencia abriéndose camino en medio de una crueldad y violencia institucional libertaria como nunca antes en la historia democrática de estos últimos 40 años se haya vivido. Una decisión que, seguramente, excederá al presidente del cuerpo. La decisión final recae en manos del intendente, en este caso, de un Ramón Lanús que llega a la política de la mano del PRO.

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