Votar con la razón o votar con la emoción, esa es la cuestión.

En un mundo manipulado por las emociones un sector de la población festejaba aumentos tarifazos de hasta 3.000%

Foto archivo: Un ex presidente que se ufana de trabajar desde las 9 hasta las 19, para luego dedicarse a ver Netflix en su casa mereciendo el beneplácito de sus electores.


Por: Fernando Gañete Blasco.- Se celebró un nuevo acto electoral que dejó diversos análisis. Tras las PASO, al oficialismo nacional y bonaerense le dejó un cierto alivio esperanzador. Para la oposición, una grata sensación de que con una fuerte batería mediática se puede vencer la memoria de la población acerca de funcionarios que participaron en los gobiernos de Fernando De la Rúa y Mauricio Macri para que los vuelvan a elegir y continuar con esas políticas (y aun potenciarlas).

Más allá de los resultados numéricos y de si hubo ganadores y perdedores, tratamos de analizar la toma de decisión de la población a la hora de colocar el voto. Es por ello que hacemos hincapié en los principales medios de comunicación que logran -disfrazados de imparcialidad- convencer a un sector de la sociedad que se manifiesten siempre de la misma forma. El disfraz es tan eficaz que hasta logra que ese sector esté convencido que no está influenciado por dichos medios al emitir su voto.


Una muestra objetiva de esa influencia lo mostró el periodista Alfredo Zaiat cuando reveló un estudio de la consultora Ejes de Comunicación que indica que del 1 de enero al 25 de octubre de 2021 hubo 1444 participaciones de 230 economistas (207 hombres y 23 mujeres) en la televisión y en radio. De estos 230 economistas, más del 95% con tendencia ortodoxa y de una clara ideología neoliberal. Esos gurúes de la economía son especialistas en anunciar catástrofes si la política busca un reparto equitativo de la riqueza con justicia social. Está demás decir que son pagos por las compañías que buscan concentrar la riqueza. En 2018 el que lideró ese ranking fue nada menos que Javier Milei, otra muestra de la influencia de los tanques mediáticos.


Esos mismos medios utilizan distintas reglas de acuerdo a quien se mida. A saber:

- Busca que se le tenga paciencia a quien gobierna y manifieste que “pasaron cosas” sin explicar demasiado o “hubo una tormenta de frente”. Pero es crítico de un gobierno en medio de una pandemia mundial.

- Descalifican por comprar determinadas vacunas, pero no les pareció mal cuando otro gobierno desinvirtió en Salud pasándolo de Ministerio a Secretaría.

- Juzgan por lo que se demora en acordar con los acreedores, sin haber emitido juicio a quien se endeudó en más de U$S80.000 millones para financiar la fuga de capitales.

- Publican tapas con indignación por cuentas (que luego se descubre que son falsas) en paraísos fiscales de personas de gobiernos que no quieren, pero callan cuando a nivel mundial aparecen cuentas reales (Panamá o Pandora Papers) de funcionarios y sus familiares.

- Reprueban los congelamientos de precios de alimentos en la búsqueda de ponerle límites a los especuladores, pero festejaban los grandes aumentos de tarifas de hasta 3.000%. Claro, los movilizan los mismos intereses ya que los dueños de algunos de esos medios tienen empresas de servicios de telefonía, proveedores de internet, etc.


Estos son algunos de los ejemplos, así como lo que muestran cuando quieren y ocultan si no les conviene visibilizar. Le dan aire a Jorge Macri y Rodríguez Larreta cuando reclaman “diálogo” al gobierno, siendo los mismos que jamás le ofrecen ese diálogo a la oposición en Vicente López y CABA respectivamente. Tienen absoluta mayoría en el HCD en el distrito bonaerense y en la Legislatura porteña, pero se alarman por la posibilidad de que el gobierno nacional tenga quórum propio en la Cámara de Diputados. Con ello logran que los mismos vecinos que salen con carteles de “No a las torres, no a las excepciones” voten a los mismo que imponen esas excepciones que son grandes negocios (ados?) Ver Jorge Macri con excepciones a cuesta volvió a imponerse (https://www.diariolonuestro.com.ar/single-post/jorge-macri-con-excepciones-a-cuesta-volvi%C3%B3-a-imponerse).


La estrategia de esos medios es clara: criticar lo que hagan los gobiernos que no comulgan con sus intereses, sea lo que sea. Cuanto más fuerte sea la indignación, mejor para sus objetivos. De esa forma movilizar emocionalmente. No mostrar alternativas políticas para que la población no piense, sino que sólo sienta (si es bronca u odio mejor), y de esa forma no generar un debate racional. Los políticos que ellos utilizan mantienen ese discurso y proponen poco. Es que cuando hablan desde lo racional mencionan propuestas como “bajar los salarios a la mitad para que haya más trabajo” (María Eugenia Vidal); “quitar las indemnizaciones para que las empresas contraten más” (Horacio Rodríguez Larreta); “La deuda con el FMI la usé para pagarle a los bancos” (Mauricio Macri). En los medios hegemónicos ocultan esas declaraciones y retan (en privado) a los declarantes por hablar con sinceridad.


Aunque parezca paradójico, los que deben informar, desinforman y buscan el hartazgo de conocimiento de la sociedad, consiguiendo que gran parte de sus seguidores descalifiquen algo tan importante para un país como la política y mencionen slogan como: “A mi la política no me importa”, “Son todos iguales”, “Yo a los peronistas no los voto ni loco/a”. De los mismos autores de: “Hay que achicar el Estado”, “Las empresas privadas funcionan mejor que las estatales” u otras frases, pero cuando los aumentos de tarifas son terribles, el país se derrumba con el corralito, se toman deudas impagables a costa del bolsillo de la población para que otros se lleven el dinero a paraísos fiscales, recurren a la racionalidad o se olvidan por un momento del sentimiento.

Votar con la razón o votar con la emoción, esa es la cuestión.