Violentaron al fútbol, mancharon la pelota

Una desmedida represión policial terminó por empañar lo que debía haber sido una gran fiesta; ¿Interna policial?. Muchas cosas se hicieron mal y la prevención, para que la gente disfrute del espectáculo, estuvo ausente. Las responsabilidades son compartidas.

Imagen capturada por el fotógrafo agredido por fuerzas del orden (¿?)


Por: Fernando Gañete Blasco.- Lo que tendría que haber sido una fiesta de fútbol ya que se enfrentaban dos equipos que pelean por el liderazgo del máximo campeonato argentino, terminó en una tragedia que el destino quiso que no hubiese que lamentar más víctimas fatales. En el estadio de Gimnasia y Esgrima La Plata (GELP), en el bosque de la capital de la provincia bonaerense jugaban el local que recibía a Boca Juniors por la 23ra fecha, con ambos equipos aspirando a ser campeones. El partido se suspendió y hubo que lamentar una muerte y más de 100 heridos.


Dentro de la cancha todo parecía normal. El árbitro del encuentro, Hernán Mastrángelo, dio inicio al partido. Transcurrían 9 minutos y el gas lacrimógeno lanzado por la policía afuera del estadio invadió las tribunas y llegó al pleno campo de juego ayudado por el viento, los directores técnicos (Pipo Gorosito y Hugo Ibarra) pidieron parar las acciones. El árbitro entonces detuvo el partido. Las más de 20.000 personas del público que estaba en las gradas no sabían cómo evitar ese sufrimiento que el gas les provocaba. Algunos intentaron salir a la calle (con algunas puertas cerradas) otros rompieron los alambrados y invadieron -pacíficamente- al campo de juego. Los mismos jugadores fueron solidarios con el público (hasta Marcos Rojo, insultado por los hinchas locales por su pasado en Estudiantes les brindaba agua a los plateístas). Varios protagonistas se preocupaban también por sus familiares que habían acudido a ver el partido.


Con el estadio lleno, en las inmediaciones había miles de personas que querían ingresar, con la documentación en orden. La policía que en lugar de prevenir y generar anillos a varias cuadras de la cancha, comenzó a reprimir de manera desmedida. Tal es así que mientras había familias con niños era un aluvión de gases lacrimógenos y miles de balas de gomas contra quien no tuviera uniforme policial. Así es como hasta un camarógrafo de TyC Sports recibió dos balazos en el cuerpo, el profesional pudo registrar el momento donde el policía le apuntó a pocos metros y le disparó. Pasados 50 minutos de la suspensión del partido se seguían escuchando los disparos. La policía siguió al público a varios metros del estadio cuando el supuesto objetivo era simplemente que no intentaran ingresar. Acá no hubo barras ni armas de los dos lados, solo de la fuerza de seguridad.


La gran pregunta es: ¿Por qué pasó? Esta tiene una respuesta: muchas cosas se hicieron mal y la prevención para que la gente disfrute del espectáculo estuvo ausente. Las responsabilidades son compartidas y, más allá del deporte habitual de nuestro país que, en lugar de buscar los motivos y sus responsables para evitar que algo malo se repita, se busca culpables escaseando los análisis serios con datos. Lamentablemente son los encargados de informar por los medios los que levantan las banderas de culpar y pedir renuncias, sin antes buscar las causas de las cosas que nos ocurren y los orígenes de los problemas.


Por parte de la dirigencia deportiva, los que conducen los destinos de GELP optaron por jugar en su estadio subestimando la cantidad de personas que quisieran ir una noche de víspera de feriado, con un equipo que busca obtener su primer campeonato de la historia y que enfrentaba a un rival directo y nada menos que Boca Juniors. Así es que, en lugar de trasladar el encuentro al Estadio Único de La Plata, con capacidad para más de 50.000 espectadores se quedaron en el bosque que puede albergar a 21.500 personas. Cabe aclarar que todos los socios de GELP pueden ingresar con su carné y el DNI. Dato no menor, hay casi 28.000 socios activos y en condición de entrar. “Nunca van todos los que tienen posibilidad de ingresar” dice un dirigente platense. Por eso, para facturar, pusieron entre 3.000 y 4.000 entradas a la venta.

La AFA no sugirió cambiar de escenario y la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (APreViDe) dio el visto bueno para que se jugara en el Bosque y vendieran entradas.


Desde la bonaerense, quedó más que claro que la represión fue extremadamente violenta. El gobernador Axel Kicilloff, mediante un comunicado, apartó al jefe del operativo. “Mientras la justicia investiga si las condiciones de ingreso al estadio pudieron estar alteradas por una sobreventa de entradas, es evidente que el operativo realizado no fue capaz de brindar seguridad a quienes asistieron”, reza en parte el comunicado. Sebastián Perea fue desplazado de su cargo.


Ahora la pregunta desde la política quizá sea más profunda e importante: ¿Hay una interna en la bonaerense que puede ir más allá de este incidente cuando se está a un año de las elecciones? Si bien parece una teoría conspirativa, quizá no esté mal que las autoridades pertinentes investiguen.


Es que, coincidentemente con los hechos ocurridos entre Gimnasia y Boca, días antes Sergio Berni había designado un nuevo Jefe Departamental. En lugar de Diego Galarza fue designado Sebastián Perea, un hombre de la fuerza que ya había cumplido funciones en seccionales y en jefaturas distritales de la capital provincial y que hasta hoy se desempeñaba como director provincial de la Plantas Verificadoras. A esto se le sumó un confuso hecho que también pudo haber pasado a mayores un día antes del partido de fútbol.


Dos internos privados de la libertad fueron a rendir un examen a la Universidad de La Plata. Uno de ellos aprovechó el momento para intentar fugarse ante un descuido de agentes de la Policía Bonaerense. Esto generó una persecución y disparos con balas de goma en la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata. La fallida tarea de custodia de los policías, permitió que el detenido lograra escapar del aula donde rendía el examen. Varios minutos después, los agentes se dieron cuenta de lo que había ocurrido y salieron a buscarlo por el predio de la universidad. Cuando lo detectaron, el preso fugado intentó resistirse y los efectivos comenzaron a disparar balas de goma, donde las fuerzas de seguridad, tiene vetado el ingreso sin orden judicial. Tras la persecución volvió a ser detenido.


El Secretario Académico de la Facultad de Humanidades, Hernán Antonio Sorgentini, sostuvo que el preso que quiso escapar pertenecía a "la unidad 35 de Magdalena, que no forma parte del núcleo del programa educativo de la universidad".

A Sebastián Perea se lo vincula con la gestión de María Eugenia Vidal y se lo relaciona con la represión a los trabajadores de los Astilleros Río Santiago y algunos casos más.


Ante hechos de tanta gravedad, la madurez se demuestra en analizar y sacar conclusiones para que no se repitan, así como buscar las responsabilidades para que cada uno se haga cargo y en la próxima evitarlo, en lugar de buscar culpables y deslindarse así de las obligaciones pertinentes