Una merecida épica por la llegada de la vacuna Sputnik; contra la del odio, aún falta

Frente a las presiones opositoras y juegos de intereses nacionales e internacionales, la sabiduría popular marcó la cancha


Por. Tano Armaleo.- Es evidente que llegada de la vacuna Sputnik, 300.000 dosis, fue rodeada y cubierta por un manto de épica como hacía años no se observaba. El contexto nacional e internacional, donde la epidemia del odio y las constantes agresiones sobrevuela de manera descarnada, seguramente contribuyo a que dicha epopeya fuera escrita y vivida con una interesante pasión política y popular. Redes sociales, pantallas de TV, y cuanta plataforma digital sirviera para mostrar que en cada vacuna subyace una bocanada de oxígeno en medio de un mar de críticas despiadadas e intereses defendiendo negocios corporativos de laboratorios, fueron, y son utilizadas, para poner claridad y desterrar falsos relatos. Son falsos relatos que provienen de la oposición. En Argentina, queda claro quienes se han enrolados en la línea del odio y agresiones: la prensa corporativa y un amplio sector de Juntos por el Cambio. Con tal de aniquilar al oficialismo gobernante llegaron a argumentar que inyectarse la Sputnik, era inyectarse veneno. Es lo que dijo la psicópata Elisa Carrió, ante el silencio cómplice del resto de sus socios de Juntos por el Cambio

Frente a tantas agresiones, que no viene al caso detallar porque insumiría decenas y decenas de líneas, es donde se comprende el motivo de tanta épica y gestualidad ética en torno a la llegada del primer lote de vacunas contra el COVID; la rusa, Sputnik. Se aguarda que para fin de enero también llegue la vacuna de los EE.UU, Pfizer. Un plan de vacunación en medio de una pandemia es difícil anclarlo a un marco ideológico. No obstante, es lo que en Argentina pretende ejecutar la oposición y los poderes mediáticos.


La llegada de la vacuna es una senda de esperanza, sin embargo, hay millones que prefieren seguir inmerso en la pandemia del odio. Acá, y en el mundo entero también

O es casualidad que el derechista Sebastián Piñera, presidente de Chile, recibiera en persona -hoy- en el aeropuerto la vacuna de los EE.UU, 10.000 dosis. Como tampoco es casualidad que el gobierno argentino también le diera la trascendencia que el caso amerita. La diferencia es que uno, Piñera, buscó réditos políticos al ser él el que las recibiera. Alberto Fernández, en la sensatez y seriedad institucional, no fue a Ezeiza a recibir las 300.000 dosis. Envió al ministro de salud, y al jefe de gabinete. Y esto sí es ideológico.

Uno, el chileno, se sube a cualquier escenario a la hora de venderse. El otro, el “argento”, priorizando el bien de la población, se corrió de la centralidad. Dejó que las emociones populares fluyeran como aquel río que logra salir al mar luego de estar frenado por un dique de contención. Algunos la catalogaron como jornada histórica. Y tal vez lo sea, ya que la vacuna contra el odio, el falso relato y la mentira es frenada y desnudada por la ciencia.