“Se fue un amigo y compañero. Quedan los frutos de su lucha y dedicación”

A pocos días del fallecimiento de Osvaldo Caccia rescatamos la semblanza y entrega reflejada por un vecino que comprendió que la lucha colectiva era el camino para generar aquellos cambios necesarios para mejorarle la vida a la comunidad.


Por: Agrupación Intervecinal del Puerto de Olivos*

Los medios y las redes ya difundieron la triste noticia del fallecimiento, el 25 de abril pasado, del abogado Osvaldo Caccia. Necesitamos que pasaran unos días para poder, desde la Agrupación Intervecinal del Puerto de Olivos (AIPO) fundada por él y desde la Asociación Civil pro Vicente López –muy estrechamente vinculada–, compartir algunos recuerdos de lo vivido a su lado como amigo y compañero de camino. Pudimos acompañar a la familia en la despedida hasta el cementerio y vimos a muchas personas de diferentes ámbitos, que se acercaron para demostrar el enorme aprecio y cercanía al amigo que partió. Vimos a quienes compartieron los años de escuela primaria y secundaria, a quienes lo conocieron en el Colegio Marín como su profesor o colega, a quienes lo hicieron como profesor de Derecho Internacional en la Facultad de Derecho de la UBA y también a los amigos que fue encontrando en su activa vida de militante político, por los derechos humanos y por una Iglesia que tenga siempre un oído en el Evangelio y otro en el pueblo, como proclamaba su admirado y querido Monseñor Angelelli .

Los miembros de la AIPO, los de otras agrupaciones vecinales y vecinos autoconvocados de Vicente López lo conocimos simplemente como el vecino del Puerto de Olivos, el de bermudas y alpargatas, defensor de los derechos a un ambiente sano, fanático de los espacios verdes públicos, caminador de la ribera y conocedor de Vicente López como pocos. La mayoría de los vecinos y vecinas nos vinculamos con él a partir de su compromiso con el cuidado de lo urbano, lo ambiental y lo social en Vicente López, esferas que consideraba plenamente relacionadas.


Porque sabía que ese cuidado no puede ser sino comunitario, lo difundía cotidianamente y conquistaba vecinos a la causa. No tenía escrúpulos ni vergüenza en parar a las personas que se cruzaba por el barrio, o en ponerse a charlar en el tren o en el ascensor de su casa, y espontáneamente contarles las problemáticas de Vicente López. Logró contagiar su entusiasmo a muchos e involucrarlos en la tarea de revertirlas. Lo recordamos obsesionado por difundir las causas ambientales del lugar: era frecuente verlo entregando pequeñas tarjetitas con sus datos para continuar conectado con la gente con quien conversaba en la calle y se interesaba en el tema. Algunos conocimos a Osvaldo en una esquina cualquiera de Vicente López, cuando nos ofreció un volante, nos pidió una firma para apoyar algún proyecto vecinal o reclamo ante el gobierno municipal de turno. Muchos entablamos relación con él cuando, con otros vecinos y vecinas, volanteaba y reclamaba frente al Concejo Deliberante en 2004, en ocasión de la escandalosa sesión en la que se otorgaron las megaexcepciones al Código de Ordenamiento Urbano que dieron impulso a la destrucción del perfil urbano identitario del Municipio de Vicente López por la codicia de los especuladores inmobiliarios avalados, hasta hoy, por los sucesivos gobiernos municipales.

Muchos comenzaron a involucrarse en la preservación del Puerto de Olivos porque Osvaldo les contó con pasión el proyecto Un Puerto, Tres Parques, una Plaza, en el cual se plasmó su sueño de recuperar los espacios verdes públicos enajenados y lo que fuera el Balneario Las escaleritas, proteger un área natural lindera a esa playa y convertir la Manzana 41a (Av. Libertador, Sturiza, Solís y Camacuá), frente al Puerto, en una gran plaza verde y pública. Recordamos el día en que nació esta idea: varios vecinos de su agrupación estábamos tomando mate en su casa, cerca de una ventana con vista a dicha Manzana, hoy casi toda baldía y tapiada. Estábamos pensando en cómo revertir la falta de espacios verdes públicos por habitante en Vicente López (0,8m2 ), cuando nuestras miradas se fijaron en ese lugar. Enseguida recordamos a un grupo de vecinos de CABA quienes, después de mucho andar, lograron que la Manzana 66, que iba a ser ocupada por inversiones inmobiliarias, se transformara en un espacio público. Convertir nuestra Manzana 41a en un espacio verde público –como una parte de la compensación necesaria frente al colapso urbano de esa zona generado por la especulación inmobiliaria que la llenó de torres de lujo, muchas de ellas sin conexión a red cloacal– sería un acto de justicia socio-ambiental.


Foto: Osvaldo Caccia


Además, constituiría un aporte urbanístico interesante pues sería el único lugar de la Av. Libertador desde el cual, por su cercanía, podría verse el Río. Aunque Osvaldo ya no esté físicamente, este sueño suyo sigue vivo en nosotros y seguimos trabajando para convertirlo en realidad. Hace 9 años se le manifestó un cáncer que afrontó con entereza y sin perder la alegría del encuentro con su familia, amigos y vecinos. Aunque puso gran energía y ganas para curarse, lo hizo sin aminorar jamás su compromiso en todo lo que lo apasionaba. Muchas veces, a pocas horas de sus sesiones de quimioterapia, se iba a dar clase, a juntar firmas, a alguna marcha o alguna oficina gubernamental a presentar denuncias por atropellos contra la calidad de vida en Vicente López. De gran corazón y generosidad, aunque lo desvelaba su área de cercanía que era el Puerto de Olivos, siempre se involucró en la defensa de numerosos espacios públicos como lo hizo en ocasión de la controvertida construcción del Vial Costero y en varios intentos de empresas y gobiernos de destruir áreas naturales. Tomaba como propios los atropellos padecidos por vecinos de barrios tranquilos de casas bajas, que veían la destrucción de los mismos por el avance desenfrenado de los negocios inmobiliarios. En varios de ellos Osvaldo se puso a disposición y los ayudó a crear agrupaciones y a organizarse para reclamar por sus derechos.



El año pasado participó activamente de la gran caravana realizada por las calles del Municipio en contra de las excepciones al Código de Ordenamiento Urbano votadas en el Concejo Deliberante, en particular las de fines de 2020 (entre ellas la que permitiría construir altas torres en el predio del colegio San Andrés de Olivos). Lo recordamos organizando las distintas alas de la caravana y proclamando, megáfono en mano y con un gran esfuerza para sus pulmones, los derechos de los vecinos frente a la Municipalidad. También fue un defensor de los edificios de valor patrimonial (desde el punto de vista histórico y arquitectónico) que en nombre del “progreso”– el económico de unos pocos– corren riesgo de ser demolidos o alterados en sus características. Muchos lo recordarán en sendos Abrazos simbólicos a la Casa San Roque o a la Asociación de Cultura Raggio. Numerosas veces también se involucró en problemáticas sociales en barrios vulnerados del Municipio. Pero su compromiso por la justicia socio-ambiental no se limitó a su territorio de pertenencia. Lo hizo extensivo a otras luchas por el cuidado de la Casa común, como solía decir haciendo referencia a la Laudato Si del Papa Francisco. Fue así que lo vimos trabajar, por ejemplo, con los vecinos de las islas del Delta, y hace muy poco participando como orador en la Audiencia Pública para tratar de impedir, junto a los vecinos de CABA, la construcción de Costa Urbana, un conjunto de altísimas torres sobre el último humedal que queda en la ciudad y que debería ser protegido. Aquí entregando al Papa un documento sobre la problemática urbano-ambiental en Vicente López.


No fue ajeno, incluso, a colaborar, reiteradas veces, en el armado de algún partido político vecinal que nos ayudara a construir un Vicente López mejor. Fue un ferviente constructor de unidad y experto en tejer redes y vínculos solidarios entre grupos vecinales que estaban dispersos, conscientes de que la lucha y el reclamo mancomunado es más eficiente y más enriquecedor para todos. Estuvo lejos del individualismo de estos tiempos. Supo unir el aporte de diferentes disciplinas y también de distintas visiones sobre los temas urbano-ambientales. Por impulso de Osvaldo, y con él a la cabeza, hemos realizado hasta cosas impensables que, a primera vista, parecían una locura. Destacamos algunas. Durante una actividad en el Puerto, conoció a arquitectas, urbanistas y sociólogas integrantes de un equipo de investigación sobre historia urbana. En ese encuentro transmitió con profundidad y claridad las problemáticas urbano-ambientales de Vicente López y los conflictos por ellas generadas. Ello derivó en que los vecinos fuéramos invitados a exponer en las Jornadas organizadas por el Instituto Gino Germani y en las de Sociología en la Facultad de Sociales de la UBA. Fue así que simples vecinos pudimos presentar dichas problemáticas junto a expertos en el tema.

En otras ocasiones, Osvaldo logró que también fuéramos a exponer la temática en el ámbito del Congreso de la Nación, junto a otros grupos ambientalistas del país. Para visibilizar la problemática del Puerto de Olivos, amenazado en su identidad por los negocios inmobiliarios desmedidos, impulsó la convocatoria a los prestigiosos Croquiseros urbanos a realizar una jornada de arte en el lugar. En octubre de 2018, decenas de ellos realizaron excelentes acuarelas reflejando distintas vistas y detalles del puerto y su identidad. Osvaldo, junto a otros vecinos, tuvieron la osadía de solicitar el Salón de Exposiciones del Concejo Deliberante para la presentación de esas obras. Las autoridades del mismo accedieron a la solicitud, sin saber que los solicitantes eran los “locos” vecinos impulsores del proyecto Manzana 41a, contracara de la política de degradación urbana que se está llevando a cabo en el municipio, muchas veces avalada por excepciones votadas por las mayorías oficialistas de ese Concejo Deliberante. Cuando lo supieron, ya era tarde: la exposición ya había sido anunciada. Recordamos la alegría de Osvaldo recibiendo a los artistas expositores y a los visitantes.


Estaba feliz de que los vecinos nos hubiéramos “apropiado” de ese recinto para mostrar una interesante propuesta de la comunidad. Había organizado desde cómo estarían ubicadas las obras, quién presentaría, qué ofreceríamos para beber y comer. Fue una verdadera fiesta. Y Osvaldo se animó a más. En las Jornadas del Instituto Germani conoció a Phillipine Sellam, una cineasta francesa, a la que convenció para que hiciera un documental sobre el proyecto de la Manzana 41a (https://www.youtube.com/watch?v=74NnK5D7lb0&t=2s). En el marco de su soñado proyecto Un Puerto, Tres Parques, una Plaza, hace 5 años Osvaldo impulsó con otros vecinos la “Jornada de limpieza” de la playa de Las Escaleritas que se realiza todos los segundos sábados de cada mes por la mañana. La actividad es una cita fija a la que acuden vecinos y vecinas de todas las edades. Lo hacen por amor al lugar y para seguir construyendo conciencia ambiental. Osvaldo estaba atento a todos los detalles: desde la difusión y las fotos hasta que no faltaran los tachos, las bolsas y los guantes.



Un hecho imposible de olvidar fue la actitud de Osvaldo que, sin planearlo, derivó en la creación de la Mesa de Gestión Ambiental de Vicente López (MGAVL). Vecinos de La Lucila le contaron que se habían enterado del proyecto de la Municipalidad de hacer pasar un camino dentro de la Reserva Ecológica allí ubicada, y que el mismo destruiría el ecosistema de pastizal pampeano. Con la inmediatez que lo caracterizaba, se cargó la cuestión sobre los hombros y con toda su energía, a pesar de su enfermedad, difundió por todos lados el problema y, junto a los vecinos, planearon un Abrazo simbólico a dicha área. Ello hizo que se acercara al lugar un funcionario municipal quien se vio obligado a convocar a los vecinos a un desayuno de trabajo para discutir el proyecto en cuestión. Osvaldo sumó a otras agrupaciones vecinales y se dieron sucesivas reuniones con la Municipalidad lo cual, finalmente, derivó en la creación de la MGAVL que depende del Ejecutivo del gobierno municipal.


Fue Osvaldo quien, en un minucioso trabajo, fue invitando a ese espacio a más agrupaciones y organizaciones. Dado que la MGAVL no funciona como deseábamos y hubo muchos desencuentros y enojos por decisiones municipales, varias agrupaciones estuvieron muy cerca de abandonarla. Fue Osvaldo quien las convenció de que no lo hicieran. Insistía en la importancia de que entre todos debemos preservar ese espacio que ha sido impulsado por la comunidad y donde, aunque con muchas falencias, podemos seguir llevando cuestionamientos y propuestas en materia ambiental. En las reuniones de la MGAVL Osvaldo a menudo discutía con gran vehemencia, a veces hasta el enojo; sin embargo, sabiendo entretejer vínculos como nadie, hizo de todo para recomponer relaciones, acercar posiciones y cohesionar a los integrantes. No pudo asistir a la reunión de la Mesa que se realizó el día anterior a su última internación. Uno de nosotros lo llamó para contarle como había ido todo. Aunque ya se cansaba mucho al hablar, no dejó de preguntar qué temas habíamos tratado y quién había estado, nombrando uno por uno para asegurarse de que no hubiera faltado nadie. Desde 2019 puso mucho empeño en impedir la construcción de un restaurante en un espacio público de su querido Puerto de Olivos, al borde del río, en un un área que el Código Civil no lo permite.


Dicho predio debería ser un espacio público para disfrutar abiertamente de la visión del río. Apenas supo del pretendido local gastronómico, Osvaldo organizó un Abrazo simbólico al lugar, luego realizó desde la AIPO numerosos reclamos y denuncias en diversas instancias gubernamentales. A pesar de sus esfuerzos, el local se inauguró sin respetar la normativa vigente. Aunque él ya no pueda luchar para que ese lugar vuelva a la comunidad, los vecinos y vecinas, siguiendo su ejemplo, seguiremos reclamando hasta lograrlo. Las cosas imposibles solo tardan un poco más. Los últimos días usó las pocas fuerzas físicas que le quedaban para seguir construyendo redes e incorporando vecinos a trabajar en equipo. Desde su cama se dedicó a hablar por teléfono para seguir buscando apoyo en diferentes causas en favor de un ambiente sano. Sabiendo que no le quedaba mucho tiempo de vida, nos encomendó muchas tareas a continuar: la recuperación del predio del ex balneario Las escaleritas, la protección de la maravillosa área natural ubicada a metros de esa playa –con increíbles alisos de río y numerosas especies de aves – y la declaración del Puerto de Olivos como paisaje natural y cultural.


En 2021, en ocasión de cumplirse el Centenario del Puerto de Olivos, junto a los integrantes de la AIPO, Osvaldo convocó a clubes, instituciones y personas vinculadas a la historia y a la vida del Puerto de Olivos para organizar su celebración que se realizó una tarde de agosto frente al río. Estuvo feliz cuando dos diarios de alcance nacional publicaron extensos artículos sobre la celebración que con tanto amor había generado. Uno de sus últimos sueños, que planeó hasta pocos días antes de partir, fue organizar la Regata del Centenario del Puerto de Olivos para, además de celebrar ese aniversario –que preveía seguir conmemorando–, visibilizar la importancia de que el Puerto se mantenga deportivo, recreativo, a escala humana, para disfrute de vecinos y visitantes y especialmente para que conserve su identidad y se frene el avance de la especulación inmobiliaria con más cemento y más torres que no necesitamos. La pérdida de Osvaldo nos duele enormemente y lo extrañaremos en cada actividad que continuemos. Sabemos que, aunque no pudo ver todos los frutos que deseaba, su trabajo fue muy fecundo, dejó una huella indeleble y un camino trazado. Sus amigos y compañeros de sueños y luchas por un mundo mejor, deseamos que descanse en paz.

Seguramente ya estará disfrutando de la presencia de Dios –en quien creía profundamente y lo sostuvo en su larga enfermedad– y también de un horizonte de cielo y río… sin torres.

Agrupación Intervecinal del Puerto de Olivos (AIPO) Asociación Civil pro Vicente López (PROVILOP) vecinos.aipo@gmail.com