San Isidro se muestra entusiasmado por la conservación de medio ambiente; La Cava sigue doliendo

Pone como ejemplo la recuperación de áreas costeras, las nuevas islas, y el parque púbico del puerto

El municipio de San Isidro, que gobierna el radical Gustavo Posse se muestra orgulloso en poner “el foco en la conservación y la recuperación de suelos, flora y fauna nativa”. La referencia se debe a las “cinco áreas naturales protegidas, las nuevas islas, el Parque del Puerto y la reciente recuperación de 1.200 metros de costa del Río de la Plata”. De acuerdo con la versión oficial, esta suerte de política ambientas siguen la línea de las estrategias que lanzó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para la implementación del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de Ecosistemas 2021-2030. Si bien esto podría ser una realdiad concreta y palpable, la contracara lo constituye el hecho de que en este mismo distrito, un “serio y grave daño ambiental” que lleva décadas y décadas aún están sin solucionar: las indignas condiciones habitacionales y sociales a la han sido confinadas más de 15 mil personas del barrio La Cava. Una clara muestra de una Argentina que no logra poner en foco una justa y equitativa distribución de la riqueza, en un país donde sobra alimento y dinero. Cierto es que hubo, en distintos momentos de la historia -siempre bajo gobiernos peronistas-, planes concretos de viviendas para el barrio. Así y todo, nunca se dio vuelta la historia de verdad, de raíces. Demás está decir que un plan integral de viviendas y urbanización barrial, excede el marco municipal. Tal vez ahora, con la dirigente Fernanda Miño, vecina del bario y responsable del plan nacional de urbanización de más de 3000 barriadas que encara el Ministerio de Desarrollo Social, La Cava ingrese a un escenario de equidad y justicia social que se merecen. “El objetivo es crear puentes entre las áreas protegidas que conecten la flora y fauna, permitiendo la reproducción entre las distintas poblaciones que el crecimiento de la ciudad va aislando. Plantando las especies nativas de la reserva ecológica hacemos que la reserva crezca en la ciudad, y por ende veremos resurgir su fauna asociada”, sostuvo Bárbara Gasparri, directora de Ecología y Conservación de la Biodiversidad del Municipio. Gasparri contó que los beneficios ambientales resultan esenciales, ya que juegan un papel fundamental en la regulación climática, el mantenimiento de la biodiversidad a largo plazo, y en la obtención de bienes y servicios indispensables para la supervivencia. A las áreas naturales protegidas hay que sumar el Parque Público del Puerto que ya cuenta con más de 180 árboles nativos, y la reciente recuperación de 1.200 metros lineales de costa, que se encuentra en la etapa de relevamiento para próximamente forestar una mayor cantidad de especies nativas que ayuden a aumentar la diversidad biológica.