País rico, pueblo empobrecido y demasiados delincuentes

El 42% de pobreza debiera ser un punto de inflexión para comenzar a dar vuelta la historia. Con sólo pensar que un puñado de argentinos tenía oculto en guaridas fiscales 110.000 millones de dólares, que luego blanquearon, da la dimensión que el problema no es de caja, de efectivo.

Foto archivo:El ex presidente, durante la campaña de 2015, prometiendo "pobreza cero"


Por: Tano Armaleo.- Queda claro que algo anda muy, pero muy mal en el país. ¡Para el carajo!. Y viene desde hace décadas. Un 42% de la población viviendo en la pobreza, un 10% en la indigencia, y el 54 % de los pibes inmersos en la pobreza, no son datos que surgieron ayer. Y duelen los índices cuando se analiza que Argentina es un país inmensamente rico, con un pueblo llevado al empobrecimiento y que, además, genera alimentos para dos poblaciones locales. Por otra parte, sobra dinero. Tanto en el circuito nacional y como los depositados ilegalmente en paraísos fiscales: más de 200.000 millones de dólares según asegura la reserva federal de los EE.UU. Con sólo pensar que durante el macrismo se blanquearon 110.000 millones de dólares que estaban ocultos en guaridas fiscales, da la dimensión de la riqueza que genera el país.


Si el dinero fugado a lo largo de los años tributara (a la AFIP) como lo hace el resto de los mortales, otra sería la situación. Más de 2.000 millones al año evaden estos “buenos señores” que tienen nombre y apellido tal cual se comprobó durante el anterior gobierno. Son decenas de escuelas, hospitales, miles de kilómetros, tendido ferroviario, salarios dignos, cloacas, red de agua potable que se dejan de hacer debido a esta fuga y elusión de capitales.


Cierto es que hay una matriz política y administrativa que durante décadas le ha permitido evadir, eludir controles, y en muchos casos, utilizando artilugios y vericuetos legales que le ofrece la administración pública. Tal el caso de la exportaciones de granos, minerales y petróleo. El andamiaje legal facilita exportar, por ejemplo, soja a Paraguay o Uruguay cuando en realidad la carga va para China. Esta suerte de triangulación le permite evadir millones de dólares. Algo de esto quedó a la luz en el caso Vicentín: una estafa mayúscula perpetrada con la anuencia del gobierno de Macri. Artilugios que no hace más que potenciar la pobreza, entre otras secuela que generan estos mecanismos.


Sin ánimo de ingresar a un análisis retrospectivo histórico y minucioso, podríamos mencionar que la pobreza comienza a escalar seriamente, con índices alarmantes, en los 70. Más precisamente tras el golpe de 24 de marzo de 1976. La dictadura cívico militar vino a destruir todo vestigio de gobierno popular, aquel que aun en las contradicciones garantizaba un estado de bienestar y movilidad social ascendente. Con el terror en las calles y los crimines perpetrados, la dictadura no hizo más que instalar un modelo de derecha (neoliberalismo en términos económicos). Comenzaron una espiral de endeudamiento y de presiones de grandes grupos económicos nacionales e internacionales que sabemos lo esto implicó e implica: fuerte endeudamiento; 42% de pobreza. Cierto es que la pandemia ayudó a este desastre nacional.


Queda claro, y científicamente demostrado, que los gobiernos populistas, como gusta definir la derecha reaccionaria a los que piensan y gobiernan con sentimiento nacional, fueron los que tuvieron que cargar con el lastre de desendeudamiento. Ni más ni menos lo que por estas horas sucede: el FMI reclama 44 mil millones. Cifra que a la luz de la realdiad nacional, y por lo que genera y produce el país, sería imposible pagar en los términos acordado entre Mauricio Macri y el organismo internacional. Aun se le dieran 20 años de plazo a la Argentina. Si no hay un muy buen acuerdo quita de interés mediante, la mentada pobreza estructural seguirá vigente por décadas. Salvo que se meta mano a las empresas y bancos que año a año fugan dinero a paraísos fiscales, lo que le permite eludir, y evadir, difícilmente el fisco recaude donde de esta el dinero de verdad.


También habrá llegado la hora de cambiar radicalmente legislaciones y disposiciones ruinosas para el país. No puede ser que la exportación de petróleo o minerales sean certificadas por los empresarios y no por el Estado. Y lo mismo sucede con la exportación agropecuaria. También sucede en la hidrovía del Paraná, todavía controlada por privados. Esto implica que el país, además de no tener libre navegabilidad en sus ríos, los buques deben ir a puerto uruguayo –pagando canon- para recién después seguir por el curso del Paraná o el río Uruguay.

Con un 42% de pobreza, no hay margen para debatir. Llegó la hora de la inteligencia, de la sensatez, de la acumulación de fuerzas y de delinear estrategias claras y públicas que permitan acompañar la avanzada. Gobernar es tomar decisiones sin temer una tapa de un matutino y mucho menos recoger el hilo cuando un puñado de la sociedad gana las calles o ruta. Caso contrario, nada habrá cambiado. ¡O sí!. Tal vez, de un 42%, en un par de años tendremos un 35%, o menos. Pero esa pobreza estructural continuará, porque la matriz política genera pobres. Generación tras generación. Y de poco y nada servirá contenerlos con un plan. Y si de planes se trata, como omitir que durante el gobierno de Juntos por el Cambio fue donde más incrementos de planes sociales se produjeron. !Nada casual!.


Nadie puede imaginar que de la noche a la mañana se podrá terminar con la pobreza o la inflación que tanto socaba y empobrece. Pensar que hubo quien propuso (engañosamente por cierto) acabar de con la inflación y la pobreza; y ganó con esta premisa. Este 42% debería ser el comienzo para reinstalar en la mesa nacional, una justa y equitativa distribución de la riqueza. Mejorar salarios, controlar seriamente la puja distributiva que impacta en los precios de la canasta familiar, y tener mayor control de la economía, podrían ser las directrices por donde avanzar si de verdad se quiere dar vuelta la página.

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