La doble moral le gana a la razón

Una doble moral que les permite, a un buen sector de la población, convivir con falsos relatos, absurdos y mentiras como si fueran verdades absolutas. Fatiga intelectual, ira, y odio alimentan el menú

Foto: Mauricio Macri, el supremo Ricardo Lorenzetti y Elisa Carrió

Por: Tano Armaleo.- A esta altura del partido, es evidente que millones de argentinos conviven y disfrutan la vida con una doble moral a cuesta. Y una fatiga intelectual extraordinaria que nada tiene que ver con la capacidad cultural, sino, más bien, con la voluntad de hurgar, en descubrir la verdad. Doble moral que les permite convivir con falsos relatos, absurdos y mentiras como si fueran verdades absolutas. Además, cuando la corrupción alcanza a aquellos que ellos consideran impolutos optan por evadir el debate o en su defecto aplicar un absurdo reduccionismo: son todos iguales. En realidad, no son todos iguales. ¿Este fenómeno de la doble moral, del doble discurso es nuevo?, no. Viene desde el mismo fondo de la humanidad. Sólo que ahora, la tecnología, los benditos algoritmos que todo mira y todo digita, a través de las pantallas, ha sometido a la humanidad a un complicado nivel de devoción que impide a estos cultores de la doble moral y discurso, parar la pelota y analizar la realidad. Indagar sobre lo que es verdad y lo que es mentira. Así de sencillo. Prefieren depositar, tal vez con odio manifiesto hacia el otro, toda la confianza en quien ellos consideran su líder político, guía espiritual o gurú. Son devotos al extremo de negar toda realidad. No se atreven a interpelar o ponerse de pie aun cuando el absurdo es manifiesto.

La doble moral, el doble discurso viene acompañando a la humanidad desde sus orígenes, esto ha permitido conquistar y cautivar mentes y corazones de millones de seres. Así como imperios enteros arrasaron a pueblos con la espada y la cruz, con la anuencia de devotos que asumían esas tropelías como algo natural, no muy distinto fue el holocausto en la Alemania nazi. O en tiempos más recientes, las invasiones imperiales a países asiáticos y de medio oriente también fueron y son avaladas por una población entregada a la devoción, que les permite sostener la doble moral y discurso. Nada de esto sería tan sencillo de lograr si del otro lado de la vida, o si se prefiere de la milenaria grieta, el periodismo no fuera cómplice silencioso. Seguramente, no cambiaría el rumbo de la historia. Hace varias décadas que los grandes medios periodísticos dejaron de ejercer su rol para convertirse en meros operadores de grandes grupos económicos. Cuando la prensa calla, o lo más grave, monta falsos relatos como si fueran verdades absolutas, una buena porción de la población, en esa fatiga intelectual con la que convive, termina por comprar estos mensajes. Doble moral y doble discurso que se ven claramente por estas horas en el país a partir de la llegada del macrismo al poder institucional.

Si en tiempos remotos un sector de la población, siempre con esa doble moral y doble discurso, le restó importancia, por ejemplo, al fusilamiento de Dorrego, al de Camila O' Gorman, los crímenes de judíos en Buenos Aires (pogromos), los fusilamientos en la Patagonia, el derrocamiento de H. Yrigoyen, el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955, o los 30 mil desaparecidos en tiempos recientes, no es casual. Muy por el contrario. Es la consecuencia de un modelo cultural y político muy bien delineado que avanza sobre el falso relato y la mentira sabiendo que del otro lado existe una población devota que nada cuestiona: traga sin masticar. Por estas horas, se volvió a conocer que la familia Macri, que hizo su fortuna de la mano del Estado, utilizó el blanqueo de capital (año 2016) para blanquear dinero tal vez sucio y espurio, cuando la ley lo impedía. Gracias al gobierno de Juntos por el Cambio, decreto del entonces presidente Macri mediante, la familia del ex presidente blanqueó millonadas de dólares. Se podrá coincidir que esto podría ser un “detalle” menor frente a los múltiples hechos de corrupción acaecidos en el gobierno de Juntos por el Cambio. Sin embargo, y en gran parte gracias a esa prensa cómplice y una justicia (y Corte Suprema) entregada, la población no considera estos hechos de corrupción como tales. Prefieren descargar las frustraciones, la ira y odio, sobre el otro. Entendible toda vez que nadie quiere asumir errores, más aún cuando se los vienen señalando. Acá se podría aplicar aquello de que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Ante este panorama, sería ingenuo pensar en conjugar voluntades con un sector de la población que hace del doble discurso y moral un modo de vida. Con sólo escuchar a dirigentes como Vidal, Macri, Carrió, Santilli, Negri, por caso, que, con su “chip instalado”, alientan y estimulan la doble moral y doble discurso, se confirma que nada es posible con este sector de la población. Menos aún si no existe la predisposición a saber escuchar y comprender que la búsqueda de la verdad es el camino para consolidar la tolerancia que toda sociedad requiere para no implosionar. Que, a la luz de los acontecimientos, todo indica la dirigencia de Juntos por el Cambio y ciertos medios de comunicación, es lo que esperan. Es en este punto en que vale rescatar la mejor tradición democrática del peronismo: no subirse al escenario de la virulencia que propone la oposición. Si bien es cierto que el presidente Alberto Fernández intenta, es lógico que así proceda, no enfrenar a estos sectores opositores y mediáticos que socavan y degradan las instituciones y la figura presidencial con saña, no es menos cierto que no se puede gobernar conformando a los 48 millones de argentinos. Nadie en el mundo gobierna para todos. Lo que no significa salir a enfrentar a los que no lo votaron. Solo aquellos cultores del doble discurso y moral abonan esta postura que nunca ellos practican cuando les toca gobernar. Más aún, dinamitan todos los puentes por donde la población podría cruzar la grieta. Porque de esto se trata: la grieta siempre existirá. Solo que unos tienden puentes, tal el caso del gobierno del Frente de Todos y, otros, impiden que la gente vaya de un lado a otro, destruyen el camino con falsos relatos y mentiras. Se asemejan a esos falsos profetas que tanto daño han causado y causan a la humanidad.