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En medio de tanta individualidad y egoísmo persisten los legados solidarios e inclusión educativa

Esto queda reflejado en el trabajo que llevan adelante las Casas Salesianas

 



Por: Ariel Fresia*

Hace poquito un grupo de estudiantes de una Escuela Agrotécnica Salesiana ganó un concurso nacional y al ver sus rostros de felicidad y orgullo pensaba en el camino que los llevó hasta ahí. Un camino que empezó hace más de un siglo y gracias a una persona que no los conoció pero que, sin embargo, transformó sus vidas. Eso fue gracias a un legado solidario -también conocido como testamento solidario- denominado así porque es una forma de donación en la que una persona cede su patrimonio, dejándolo como herencia destinada a proyectos sociales, educativos y culturales.


En el origen de muchas de las Casas Salesianas en el país hay un legado solidario como punto de partida. La Escuela Agrotécnica Salesiana (EAS) “Ambrosio Olmos” en Río Cuarto (Córdoba) nació por el legado de la Sra. Adelia María Harilaos de Olmos. En el caso de la EAS Gentilini (San José- Misiones), el Sr. Pascual Gentilini donó las tierras al Estado Nacional con usufructo vitalicio en beneficio de los salesianos. Y así, otros casos como el Centro de Formación Profesional “Alejandro Estrugamou” en Venado Tuerto (sur de Santa Fe), ya que Estrugamou donó la estancia al fallecer sin dejar descendencia. En todos estos casos hubo una donación que posibilitó que miles de jóvenes puedan educarse y posteriormente ganarse la vida dignamente. Jóvenes que de otra manera no hubieran tenido esa oportunidad de acceder a la educación, superarse día a día y construir un proyecto de vida que hoy se extiende a sus hijos y hasta a sus nietos. La vida de las personas que legaron sus propiedades trascendieron así en obras educativas y solidarias. ¿Podemos imaginar una mejor forma de ser recordados?


Muchos podrán decir “eran otros tiempos”. Efectivamente, eran otros tiempos, pero hoy también es posible. Un legado solidario es algo tan simple como un acto de amor a través del cual -y por intermedio de un escribano- los bienes de los que disponemos hoy pueden mejorar el futuro de otras personas cuando nosotros ya no estemos presentes. Por lo tanto, se trata de un instrumento que está al alcance de una gran proporción de personas de clase media. Ya no es algo exclusivo de personas ricas poseedoras de grandes fortunas y/o porciones de hectáreas. Si bien el legado puede consistir en un inmueble, también pueden serlo un terreno, joyas o, simplemente, los ahorros de una cuenta bancaria.


Entonces, ¿por qué un instrumento de solidaridad tan popular en Canadá, Europa, Australia y Nueva Zelandia sigue siendo tan desconocido tanto en África y Asia como en Latinoamérica y específicamente en Argentina? Una primera razón es la de asociar un testamento solidario a la muerte. Sí, es cierto que el momento en que nuestras posesiones pasen efectivamente a otras manos será cuando hayamos muerto. Sin embargo, el acto de planificar en qué queremos que se conviertan cuando ya no estemos está fuertemente asociado a la pulsión de vida, al deseo de garantizar la supervivencia de la humanidad y a la trascendencia de nosotros mismos en obras que nos sobrevivan.


Una segunda razón es la de relacionarlo como posibilidad para personas que no tienen descendencia directa o que sólo tienen parientes lejanos con los que no se frecuentan. Sin embargo, nuestro Código Civil y Comercial permite que incluso las personas que tienen herederos forzosos por ley puedan testar solidariamente parte de su patrimonio -hasta un 33,3% si los herederos son descendientes o hasta un 50% si los herederos son ascendientes o cónyuge- sin desatender a sus familias, ya que alguien puede heredar a sus hijos lo que a su vez ha heredado de sus padres -manteniendo así la línea familiar- y no obstante testar en favor de personas desfavorecidas lo que ha obtenido con parte del fruto de su propio esfuerzo. Una vez que se ha garantizado el bienestar, la salud y la educación de los hijos propios, ocuparse de los niños, niñas y jóvenes que han crecido en entornos menos ventajosos es una muy buena opción.


Así como muchas Escuelas Agrotécnicas Salesianas han sido canal para legados solidarios, hoy Por los Jóvenes-Don Bosco puede canalizar la intención de testar solidariamente bienes muebles e inmuebles y transformarlos en inclusión educativa a través de becas y ampliación de oferta educativa en poblaciones vulnerables, para que miles de jóvenes continúen formándose para la vida e insertándose en el mundo del trabajo.


*Director de Por los Jóvenes-Don Bosco

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