Del golpe del 55, a la actualidad, el mismo desafío: mantenerse unidos en la acción

La extraña estocada de Cristina puso en alerta a la alianza del Frente de Todos


La conducción política se nutre del sentido de la oportunidad, actuar cuando nadie lo imagina, sorprender. Por lo visto, Cristina Fernández ha cumplido con amplitud esta suerte de principio rector con lo que tanto insistía Juan Domingo Perón que, vale la pena recordar, hoy, 16 de septiembre, solo que de 1955, era derrocado por fuerzas militares y civiles.


La estocada infligida por la vicepresidenta al gobierno de la alianza gobernante -del cual ella es parte activa-, instruyendo a su gente (ministros y secretarios) a presentar renuncias, indudablemente fue repentina, y cuando nadie lo esperaba. Una movida que causo daños institucional toda vez que esto no había sido consensuado entre ella y el presidente Alberto Fernández; tampoco con Sergio Massa. El presidente se despachó de las renuncias a través de la prensa. El día anterior- martes por la noche- ambos habían mantenido una reunión en Olivos. Si bien nada trascendió de los temas allí tratados, extraoficialmente se supo que la vice presidenta reclamo celeridad en las medidas económicas y sociales, cambios de ministros, y ponerle dinero en el bolsillo a la población. Temas este último que contribuyo seriamente a que el Frente de Todos perdiera las elecciones. Una derrota que, mirando los números de la provincia de Buenos Aires, es factible de revertir.


Detrás de tantas idas y vueltas y pases de factura para determinar quién se carga con la derrota de las PASO, que dicho sea de paso nungun miembro de la coalición gobernante salió indemne, volvió al escenario aquello que decía un estrecho ministro del presidente hace poco más de un año atrás ante este cronista: “esto se mantiene si estos dos (Cristina y Alberto) no se pelean de vuelta”. El tercero, la otra pata del Frente de Todos es la de Sergio Massa quien en medio de la tormenta, se presenta como una suerte de árbitro.

La experiencia argentina de gobernar bajo la modalidad alianza no ha sido de lo más alentadora. La última, la Junto por el Cambio en realidad fue un emprendimiento gerenciado por Mauricio Macri donde lo socios, UCR y CC, tuvieron nula influencia en las decisiones del gobierno. Así le fue al país, lo hundieron.


Desde hace meses, Cristina viene señalando en privado y en público, diferencia por estilos y capacidad de “ministros que no funcionan”. Entre ellos varios que abrevan en el kirchnerismo. También insiste en que “hay que animarse, no tener miedo”. Tal vez, la ansiedad protagónica de Cristina y ver que los votos se escurren por cierta inercia oficial, le impiden ver que a quien ella eligió para pilotear el gobierno del Frente de Todos tienen su estilo y tiempos, por ende, ejerce la conducción bajo su propia impronta. Cierto es que por ser el Frente de Todos una alianza, el gobernar requiere un ejercicio especial.

En el mientras tanto, el presidente, como demostración de poder institucional, recibió el apoyo de gobernadores e intendentes; de la CGT y de organizaciones sociales.


Si aquella expresión de que “esto se mantiene si estos dos (Cristina y Alberto) no se pelean de vuelta” verdaderamente se cumpliera por estas horas -todo indica que así será-, más aún conociendo la lógica peronista, Alberto Fernández podrá salir fortalecido y por ende el Frente de Todos, en tanto y en cuanto recupere el camino por el cual fue electo en el 2019.

Cristina, movió sus piezas, extrañamente de manera torpe, pero también tuvo la capacidad de llamar al ministro Martín Guzmán sobre el cual recaer no pocas críticas del sector kirchneristas. Una llamada que intentó poner un poco de paños de agua fría en un escenario cooptado por la incertidumbre auto infligida, y la voracidad de una derecha que se refriega las manos cuando ve estos quiebres y la posibilidad de sacar provecho. No muy distinta a aquella derecha que derrocaba el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón y no dudo en destruir institucionalidad, censurar, perseguir, y matar al sólo efecto de instaurar un modelo para pocos.