Día del periodista: mucho por cuestionar, poco por festejar

Con comunicadores prostituidos y que presentan mentiras como verdades absoluta, la prensa regional continúa siendo garante de honestidad intelectual


Por: Tano Armaleo.-Si hay un valor supremo en el periodismo es el valor de la palabra. Y la búsqueda de la verdad. Sin embargo, la degradación, prostitución y virulencia verbal con la que muchos medios y periodistas transitan la vida periodística, da vergüenza ajena. Da vergüenza que mercenarios escudados detrás del periodismo presenten mentiras como verdades reveladas. El lado positivo, superlativo, es una libertad absoluta de prensa. Sí hasta nazis ocultos en la estrella de David dicen las atrocidades más extremas al punto de apostar a la desaparición de millones de personas. Y no faltan los y las energúmenas que amenazan al presidente asegurando que por ahora no le van a quemar la Casa Rosada. Queda claro que no son periodistas. Son comunicadores: comunican lo que le exige la patronal mediática. Esto significa que del otro lado de la vereda -los que abrevan del oficialismo- hay un periodismo serio y responsable?, no precisamente. La diferencia, que no es menor, es que los comunicadores macrista presentan mentiras como su fueran verdades reveladas.


Y no se trata de no tener ideologías -todos y todas las tienen- y definirse políticamente. No, nada que ver. Esto de argumentar no tener partido o ser impoluto en materia ideológica, es como considerar que la objetividad es una realidad incontrastable. Desde hace 43 años, Lo Nuestro reivindica que un valor irrenunciable en el periodismo es la honestidad intelectual. No mentir. Cuidar el valor de la palabra cualquiera sea la ideología de quien escribe. Porque la objetividad va de la mano de la subjetividad.


Con sólo pensar que Mariano Moreno con su Gaceta defendiendo la revolución de mayo, al igual que Sarmiento oficiando de periodista en El Federal con el objeto de forjar su candidatura política, Bartolomé Mitre montado sobre La Nación o Noble en Clarín, no tenían medios con el sólo objeto de hacer periodismo: hacía (y a hacen) política y negocios reñido con la ética. Queda claro que detrás de las grandes corporaciones mediáticas lo esencial no es el valor de la palabra. De aquella época a la actualidad, han pasado cambios radicales, entre ellos, el tecnológico, los benditos algoritmos, que vino a conquistar la subjetividad. Un escenario sobre el cual los medios hegemónicos sacan fuerte ventaja, sin que esto implique calidad informativa


Por defender intereses -de todo tipo- terminan, como dice el filósofo y escritor estadounidense N. Chomski, convirtiendo “la información en mercancía”. Por lo tanto, todo tiene precio. Y también lo tienen los comunicadores que deben defender dicha mercancía. Estos sátrapas defienden tanto la mercancía que un panqueque da menos vuelta.

Desafortunadamente, la historia recuerda que los gobiernos, por uno u otro motivo, terminan acompañando a este tipo de periodismo. No sólo financiándolos con suculentas pautas publicitarias y ventajas impositivas, sin ingresar a la estafa de papel prensa, sino que también los privilegia a la hora de permitir el acceso a la información. Todo, obviamente, en desmedro de medios independientes y limitados en cuanto a capacidad comercial y recursos tecnológicos. Obvio, la idea de las grandes empresas periodísticas es que los medios locales, regionales desaparezcan. En gran parte lo lograron en tiempos recientes, bajo el gobierno de Macri, que debieron cerrar más de 2000 medios en todo el país.


Mientras los gobiernos no definan un proyecto comunicacional que tenga el protagonismo social como actor privilegiado, y a la prensa independiente - incluidos los pequeños medios regionales de prensa -, como garante de que la información no tenga valor de mercancía, y que el acceso a la información sea parejo, no sólo para los grandes, difícilmente la verdad tenga fuerza en el contexto nacional. Porque en este no hacer nada bajo el argumento de no entorpecer la libertad de prensa, lamentablemente la fatiga intelectual y las pocas ganas de hurgar más allá de lo que le dice el “periodista serio” que tiene un vasto sector de la población dando todo como información seria, continuará engordando a estos pocos medios de prensa con alcance nacional. Seguirán engordando, mintiendo, distorsionando y engañando con recursos provenientes del Estado.