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Cristina y la evocación a Perón: “no me lloren, crezcan”

Ratificó, mediante un escrito , que no será candidata


Trago amargo dejó la ratificación de Cristina Fernández de Kirchner que no será parte de ninguna lista electoral. Lo hace en el convencimiento de que la persecución judicial y mediática, más que debilitar su figura, intenta materializar lo que hace más de 70 años procuran hacer los factores de poder hegemónicos y de la derecha nacional: destruir al peronismo; al campo nacional y popular. “Destruir”, así lo dicen sin pudor estos sectores, a todo intento de construcción colectiva que implique garantizar soberanía nacional, ampliar derechos sociales e inclusivos, apostar el desarrollo tecnológico y recrear la cultura de la solidaridad frente a la sociedad del individualismo y de descarte que tanto refiere el Papa.


Seguramente, y más allá de lo que dice públicamente, cuesta imaginar los motivos íntimos por el cual Cristina prefiere correrse de la contienda electoral. Más para una conductora como ella, forjada en el gran escenario que ofrece el peronismo, que no renuncia ni al tute.


Es difícil para un peronista, para el pensamiento del campo nacional y popular, comprender que una conductora como CFK, deje una asignatura pendiente. Más aún cuando la virulencia opositora, las “mafias judiciales y mediáticas” acechan y no ocultan sus ansias en prohibir que el populismo –así describe la derecha todo armado popular, lo hicieron, desde H. Yrigoyen a la fecha, con todos los dirigentes que miraron y gobernaron con sentimiento popular- vuelva a triunfar en las elecciones. Así como la presión extrema y extorsiva sobre el actual gobierno es impulsada por el Poder Judicial vía Corte, no menos dura son las acciones y arremetidas emprendidas por una buena parte del empresariado que, a base de remarcaciones de precios y presiones devaluacionistas, esmerila bolsillos y expectativas sociales.


Son tiempos de mucha violencia, verbal y explicita. La más elocuente fue el intento de asesinato sobre la vicepresidenta. Con sólo escuchar y ver actuar a la dirigencia de la derecha nacional es fácil entender que la agresión y el odio son parte de un discurso que promete seguir escalando. Y, más aún si estos sectores lograran alcanzar alguna victoria electoral. De ser así, cosa poco probable confía la mayoría de las encuestadoras, la mentada grieta podría profundizarse al extremo de generar mayor virulencia.

Si alguien es consciente de que el país necesita, desde hace años, dirigentes que amalgamen y apliquen la tolerancia y respeto en la diversidad como impronta política, es Cristina. Por eso jugó sus fichas en Alberto Fernández priorizando el bien general sobre la individualidad sectorial. Ahora pareciera estar realizando un proceso similar. Solo que no quiere ser ella quien vuelva definir quién debiera ser el candidato o candidata.


Así como Perón decía, en sus últimos años de vida, “no me lloren, crezcan”, al igual que “la organización vence al tiempo”, de algún modo, CKF está replicando el mismo criterio: lo importante es el proyecto. Dentro de este contexto, resta saber si la vicepresidenta dejará de ser una gran electora, o actuara con la grandeza de acompañar y organizar la consolidación de un proyecto político que despierte la mística y pasión peronista, especialmente en dirigentes que parecen más preocupados en transitar la vida que en caminarla haciendo camino al andar. Queda claro que el Frente de Todos está más cerca de la victoria que de la derrota. Esto, en tanto y en cuanto abandone la modorra y fatiga militante, y deje de considerar que todo es negativo. Caso contrario, el populismo, una vez más, será vencido por las manos judiciales y mediáticas: lo hicieorn con Yrigoyen, con Perón, Illia, Isabel Perón, Alfonsíín, Néstor Kirchner y, ahora, con Cristina. Lo más complejo es revertir la derrota cultural.

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