A 65 años del fusilamiento de José León Suárez, una grieta que no debe cerrarse

La denominada “Revolución Libertadora”, un 9 de junio de 1956, asesinaba, por la espalda, a militantes y militares que pretendía recuperar la democracia. Esto sucedía en los antiguos basurales de Suárez

Foto: Bombardeo Plaza de Mayo


Recordar, evocar, hacer historia, no solo es generar cultura sobre las nuevas generaciones. También permite reconocer de dónde venimos, hacia donde vamos, y, fundamentalmente, no permitir que manos siniestras intenten cometer los mismos crímenes. Porque eso fue la denominada Revolución Libertadora (cívico-militar), a la cual Rodolfo Walsh la definió como Fusiladora. Y verdaderamente lo fue. Lo fue al irrumpir el gobierno democrático de Perón un 16 de septiembre del 1955, y lo ratificó al fusilar, por la espalda, a militantes y militares. Esto sucedía un 9 de junio de 1956. Los crímenes de lesa humanidad fueron cometidos en lo que por entonces eran los basurales de José León Suárez, inmediaciones de Avda. Márquez y Triunvirato, partido de San Martín.


Ante la fecha, el Partido Justicialista de San Isidro, de Vicente López, el Grupo Maipú, todos partes activas y relevantes del Frente de Todos, al igual que CGT Zona Norte, y la Asociación Judicial de San Isidro han salido a evocar la fecha reiterando el “Nunca Más”.


Apellido como Aramburu, Rojas, Lonardi, Alsogaray, y tantos más de civiles, fueron los ejecutores de un plan (golpe de estado) siniestro con el solo objeto de instaurar un régimen de dependencia y sometimiento nacional. Para este se montaron sobre el terror y los crímenes de lesa humanidad. Así como un 16 de junio bombardearon Plaza de Mayo matando a más de 350 personas, entre ellas decenas de niños que viajaban en micro escolar, lo propio sucedía en la matanza de Suárez.


La gran mayoría de los fusilados eran militantes y dirigentes de la Zona Norte. Apellidos como Francisco Garibotto, Nicolás Carranza, Lizazo, y Norberto Gavino quien milagrosamente salvó su vida, junto al general Juan José Valle y Raúl Tanco son simplemente algunas de las víctimas que cayeron bajo las balas de aquella dictadura cívico-militar. Que, al igual que la del 76 y la del 66, contó con la anuencia de medios de comunicación y la aceptación de un pequeño sector de la población y de la iglesia que jugó un rol relevante.

De ahí la importancia no cerrar la mentada grieta con la que tanto machaca la derecha. Mantenla abierta permite hurgar en la historia y conocer, y reconocer acontecimientos que, desafortunadamente, vuelven a repetirse.

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