Los pobres no preocupan,dan miedo

16-May-2020

Mirta Robles, Marta Raggio, Fernanda Miño, Juan Medina, Hugo Amanquez, algunos de lo rostros silenciosos que abonan "que de esta salimos todos juntos". Otros, desde hace décadas, prometen salvaciones colectivas para los empobrecidos, y lo único que logran son cargos

 Foto: La solidaridad es la que nunca decae

 

Por: Tano Armaleo.-A esta altura de la cuarentena con todo lo que esto implica en materia de conocer y reconocer pensamientos y procederes que con anterioridad eran, de algún modo, opacado u ocultado por la realidad, se evidencia que “los pobres no preocupan, dan  miedo”. Especialmente a un sector de la población que ven en los pobres la raíz de todos los males existenciales. Lo que sucede en los barrios de la CABA, por caso Bajo Flores, Carlos Mujica, más conocida como Villa 11 14 de Retiro, es una clara muestra de lo expuesto. A pocos les preocupan la vida de miles de vecinos, solo temen que el contagio se lleve puesta la vida de otros vecinos, no precisamente del barrio. Caso contrario, no se comprende el desdén y poca celeridad en prever el actual desborde sanitario, muertes incluidas, que está generado el COVOID 19.

 

Llama la atención como, ahora, en medio de una terrible e inédita pandemia que llegó al Río de la Plata luego de atravesar mares y cielos y que el “corona” está esmerilando vidas sobre barrios empobrecidos planificadamente, surge la urgencia por atener la salud de los y las vecinas. Temen que el contagio de vecinos en barrios empobrecidos termine por ampliar y potenciar de manera exponencial el virus. Absolutamente cierto, como tan cierto fue que,  por ejemplo, el barco de Buquebus que trajo pasajero contagiados fueron invitados por el gobierno de la Ciudad a pasar la cuarentena en lujosos hoteles.

 

Sin embargo, con la mecha encendida en los barrios y aún sabiendo que esto podría suceder,  las autoridades no actuaron y no actúan, con la celeridad , y DIGNIDAD, del caso. A diferencia de los contagiados VIP, los empobrecidos no son trasladados a un centro de salud, mucho menos a un hotel. Son aislados en sus propias viviendas. En realidad, confinados a padecer el virus hacinados. Infinidades de testimonios de vecinos y organizaciones barriales dan cuenta del “mal trato que nos dan” argumentan desde La Garganta Poderosa, organización social que trabaja en barrios carenciados. Carenciados de todo, hasta de agua potable. “Los camino no llegan, para hacernos de agua tenemos que caminar por todos los pasillos” explican vecinos.

Ciertamente que la pobreza no es nueva, ni mucho menos patrimonio de una zona. Atraviesa toda la República. Ni hablar del conurbano. Los empobrecidos se acumulan por millones. Se observa claramente en lo que respecta a la Región Norte, que si bien se han tomado medidas sanitarias más serias, así surge de la realidad, nada indica que en caso de desborde del “corona”,  los y las vecinos sean destinados a hoteles o centros adecuados como sí son derivados los que vienen de viaje del exterior. Porque a los migrantes lo tienen hacinados en terminales de colectivos. Es lo que está sucediendo en Córdoba con gente que necesitan regresar a Jujuy y Salta.


Con sólo ver y comprobar (es lo que pudimos relevar) que hoteles como el que tiene la Fuerza Aérea en Vicente López, al igual que el Círculo Militar de Villa Martelli, el Liceo Militar de San Martín, Campo de Mayo, e infinidades de hoteles y alberges ubicado a lo largo y ancho de toda la Región Norte no han sido incluidos por las autoridades sanitarias para derivar, llegado el caso, a pacientes de barrios empobrecidos que presenten síntomas leves y requieran aislamiento -no internación-, da la pauta del desdén sobre un sector de la población.

 

Empobrecer a los pueblos es producto de políticas predeterminadas. Así como pagar bajos salarios o  pretender crecer  económicamente sobre las espaldas del más desposeído, es parte de un modelo, que por estas horas se ve claramente reflejando, lo propio sucede cuando se evade impuesto o se fuga capitales. Ayer se conoció por parte del Banco Central que durante los últimos 4 años se fugaron 86 mil millones de dólares, mucho de ellos a paraísos fiscales.100 personas, sí, 100 personas fugaron 24.679 millones de verdes, en tanto, 10 compradores, empresas, se llevaron 7.945 millones de la misma moneda.

Son miles de millones de pesos, varios PBI de impuesto no pagados en tiempo y forma. De haber tributando, seguramente millones de personas que hoy están confinadas y asiladas en barrios empobrecidos,  estarían mirando la pandemia con mismo cristal de otros vecinos. Desde un cómodo departamento o un verde jardín.


Sostener que “los pobres no preocupan, dan  miedo” se basa en que en estos momentos se debate una ley para que, por únicas vez,  tributen las grandes riquezas. Esas que suman de a millones de dólares, cerca de 11.000 personas en todo el país. Sin embargo, espacios políticos como Cambiemos -obvio que empresarios se muestran renuentes, y es comprensible desde su lógica- han mostrado rechazo a la medida. Son los que reclaman menos aislamiento, que la gente salga a la calle como si el COVID 19 no produjera estragos. Son también, los que levantaron la voz por las detenciones domiciliarias presentándolas como liberación de presos. Y nada dicen sobre por qué el COVID cobra más vida en los barrios empobrecidos. Solo temen que la pandemia los pueda alcanzar.

Frente a semejante escenario, uno recurre al archivo de la memoria. Es allí donde  surgen rostros como los de Mitra Roble vecina del barrio “Las Flores” de Villa Martelli quien sin amilanarse y dejar llevarse por el rencor, levantón el Jardín de Infantes “Las Hormiguitas” donde concurren 70 chicos de barrios;el municipio acaba de renovarle todo el sector de cocina y prometió construir un tinglado. Además de educarse, los chicos reciben desayuno y almuerzo y clases particulares. También aparece el rostro de la asistente social Marta Raggio -gran sostén de Las Hormiguitas-, tanto que donó de sus escasos recursos para comprar la vivienda donde hoy funciona el Jardín.

 

En este archivo también aparecen los ex concejales Juan Medina, Hugo Amanquez, y la concejal Fernanda Miño (actual funcionaria nacional), vecinos de La Cava. No abandonaron el barrio, porque abandonarlo hubiese sido dejar atrás una historia inconclusa: la de que de esta (de la pobreza) salimos todos juntos. También me brota el rostro de no pocos dirigentes que, en su afán de purgar pecados, militan en los barrios en el convencimiento que darán vuelta la historia. Cuando tuvieron todo, todo el poder, municipal, nacional y provincial, poco y nada cambio aquella triste realidad de los empobrecidos. Unos siguen hacinados, otros ocupando cargos públicos o bancas; siempre cobrar.

 

Por fortuna el panorama no es desalentador en lo que a futuro inmediato se refiere. La pandemia es la gran oportunidad para revertir la injustas inequidades a la que fueron sometidos millones de personas. Todo indica que el gobierno de Alberto Fernández tiene la convicción de retornar a una Argentina que reina la paz y la igualdad.

 

 

 

 

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