DISCAPACITADOS: "no sólo somos la escoria del Transporte Público"

Mirada concreta sobre el padecimiento cotidiano. Durante el anterior gobierno a más de 70.000 personas le arrebataron certificados de discapacidad

Por: Verónica Zeller

Mi nombre es Vero Zeller, y para aquellos que no me conocen, si bien soy (como digo siempre) un ser humano igual que cualquiera, nací hace casi 44 años con una discapacidad llamada "acondroplasia". La misma vino acompañada (por si fuera poco) por otra característica que, en muchos casos, viene aparejada y que es la hidrocefalia (el líquido cefálico no drena como corresponde y comienza a alojarse en la cabeza, lo que trae como consecuencia fortísimas cefaleas y, si no es tratada a tiempo es inminente la muerte).

Bien. Mencionado "el combo", paso a describir los motivos de esta nota.

Cuando alguien padece alguna discapacidad, tiene "derecho" (así se le llama) a ciertos "beneficios" (así se los conoce) que, para muchas personas tal vez puedan parecer "un regalo que no corresponde". Para mí no. Es un "derecho" y paso a explicar razones.

En mi caso particular, al ser "enana" (como se nos llama... pero la realidad es que somos "gente pequeña") hay situaciones cotidianas que me cuestan tal vez el doble. Pero Dios siempre es generoso y como bien se menciona en la película "La Novicia Rebelde", cuando cierra una puerta en algún lugar deja abierta una ventana. Es decir, hay cuestiones cotidianas que posiblemente me cuesten el doble que a la gente promedio (y no "normal" como escucho siempre. Al fin y al cabo... quién fija lo que es normal o no? Quién se siente "plenamente normal"? Qué es "lo normal"? Normales son las normas, no las personas).

Uno de los "beneficios" que poseemos quienes somos diagnosticados con alguna "discapacidad" es la que fija el Decreto Nacional N° 38/2004, que establece que "el certificado de Discapacidad previsto por la Ley N° 22.431 y su modificatoria es documento válido para acceder al derecho de gratuidad para viajar en los distintos tipos de transporte colectivo terrestre, sometidos a contralor de la autoridad nacional" (podría criticar algún punto de este Decreto, ya que significa que somos Discapacitados para la Nación, pero no para la Provincia, para la cual hay que tramitar otro tipo de documento... pareciera que los discapacitados de Capital son diferentes... no entiendo aún como no se unifica esta cuestión, en lugar de tener que ir por todas las dependencias de Salud y Transporte Nacionales, Provinciales y Municipales sacando una credencial para cada caso...). Hasta hace algunos años, uno podía viajar por todo el país "gratuitamente". Habitualmente con sólo mostrar el Certificado o la copia legalizada, se podía viajar en los colectivos sin mayor inconveniente. En el caso de los viajes de larga distancia, había que tramitar el pasaje "48 HORAS ANTES" del viaje. Esto traía muchas veces aparejados algunos problemas como: la no disponibilidad del pasaje (en realidad, te lo negaban las empresas). La situación hizo que, con el tiempo se perfeccionara el sistema y las tecnologías, y ahora se pueden solicitar los pasajes con un mes de anticipación y por internet...

Todo bien, hasta diciembre de 2019. Ya lo volvieron a complicar... ahora las empresas te otorgan la posibilidad de viaje bajo este sistema peeeero... para retirar el pasaje, primero tenés que ir hasta la terminal de ómnibus de origen, llevar impreso el comprobante de la solicitud de viaje, fotocopias del DNI y del certificado y por poco faltaría "examen de orina y certificado de buena conducta". Pero, una vez presentado todo, no te dan el pasaje. Te dicen que "lo tienen que mandar a imprimir", o que "no están todavía emitidos", o que "hay que entregar los papeles y luego esperar desde 72 horas despues de entregarlos, hasta probablemente 48 horas previas al viaje"... es decir "tenés asignado el pasaje, pero no te lo dan hasta que ellos deciden...". Lo tenés, pero no te lo aseguran.

Por ello digo. Tenemos beneficios, pero tampoco son sencillos. A veces pienso que mucha gente que critica "los beneficios", tampoco se pone en la piel de quienes los tenemos. A los beneficios, yo preferiría ser una persona "promedio". Nadie sabe todas las razones que podría enumerar para explicar porqué. Son cotidianas:

- No llego a los timbres.

- Los mostradores de bancos y oficinas me superan en la mayoría de los casos por 20 o 30 cm a mi altura.

- Si los colectivos no arriman al cordón, tengo que subir de rodillas.

- Me sacan fotos por la calle, o hasta me filman! y se me cagan de risa en la cara por mi condición (aunque muchos no lo puedan creer).

- En los Centros de Discapacidad no accedo a los baños (son más altos que los tradicionales!).

- Los cajeros de los bancos, en su mayoría, no están accesibles.

- Los matafuegos, al igual que los martillitos para romper los vidrios en los transportes públicos, se ponen a determinada altura... a la que habitualmente no llego.

Mucho he oído de "inclusión" por estos meses... qué tal si hablamos de "inclusión en serio"?

La próxima que alguna persona me diga que "a mí me regalan las cosas", o que "no debería tener ciertos beneficios"... le voy a recordar esta nota.

Y no es que tenga mal humor, ni que me enoje porque sí. Es más. Quienes me conocen, saben que bromeo conmigo misma, y soy la primera en "cargarme". Pero a aquellos que les gusta sacarme fotos para cagarse de risa, les pido que me respeten, que al menos me pregunten! (seguramente me sacaría la foto con ellos!)... No tengo mala onda, ni soy mala leche. Me gusta llevarme bien con todos... y también me gusta sentirme parte, sin notar que hay diferencias que, aunque a veces sean evidentes... no son fáciles de sobrellevar en el día a día. Se trata de ponerse "aunque sea un poquito" en el lugar del otro. Inclusión y empatía. Hablemos en serio.

Vero Zeller, periodista, productora radial, vecina de Florida

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