La falta de voluntad política podría destruir una belleza arquitectónica: Villa San Roque


Ubicada en pleno corazón de olivos

Villa San Roque es una antigua casona que, por su refinado estilo arquitectónico, no pasa inadvertida. Es un verdadero símbolo, una magistral pieza de la mejor arquitectura urbana diseñada por el ingeniero italiano Icilio Chiocci hacia principios de 1920 (ampliar detalles nota central: El castillo de la familia….) que por estas horas se encuentra bajo amenaza de ser vendida, y con destino incierto. Nada impide que la casona, ubicada en Corrientes y Azcuénaga de Olivos, sea demolida para dar paso a emprendimientos inmobiliarios. Si bien la Ordenanza 29960 de algún modo estipula la preservación de estos valores culturales dentro de Vicente López, la no regulación de los artículos 5 y 7 pone en riesgo la edificación.

El temor a una demolición, o remodelación, tiene razón de ser toda vez que el actual intendente, Jorge Macri, ha mostrado una verdadera vocación de dar curso a infinidades de excepciones municipales en beneficio de grandes emprendimientos inmobiliarios. Organizaciones vecinales dan cuenta de más de 450 excepciones. Recientemente, así lo hemos publicado de manera exclusiva desde éstas página, decenas de vecinos de La Lucila se manifestaron en la puerta del municipio y sostuvieron una álgida reunión con el jefe comunal debido a la construcción de dos mega torres (22 pisos) en Avda. Libertador y Vicente López-ver nota completa en: www.diariolonuestro.com.ar; Explotó la bronca entre vecinos de La Lucila con Jorge Macri- Alertados por la venta de San Roque -valuada en 1,5 millones de dólares-, vecinos, dirigentes políticos y agrupaciones en defensa del medio ambiente y de la costa de Vicente López, han salido a fijar posición.

“Lo que más nos preocupa es mantener el patrimonio”, decía en declaraciones a la prensa Flavia Affanni, doctora en Historia del Arte y presidenta de la Asociación Civil Pro Vicente López (PROVILOP), que junto a Convivencia Urbana, Unidos por el Río y la Agrupación Intervecinal del Puerto de Olivos, transita -hace más de 15 años- las calles del distrito intentando frenar el “desguace ambiental del cual es víctima Vicente López”, tal cual confiaran en su momento, el ex concejal Carlos Roberto (PS) y el dirigente Néstor Bachés. “Nuestra aspiración, de máxima, es que la Municipalidad la adquiera para hacer un museo o un centro cultural. De mínima, solicitamos que obliguen a quienes la compren a que no modifiquen su fachada ni la amplíen”, detalla Affanni. Si bien han juntado firmas y llevado el reclamo a los estrados oficiales, aún aguardan respuesta.

Es tan fuerte el valor arquitectónico y cultural de San Roque que, además de que el ingeniero fuera reconocido y ponderado por las actuales autoridades municipales, ha sido motivo de estudios en la UBA. Y fue la arquitecta Ana Gómez Pintus quien tomó como tesis doctoral a los trabajos del italiano Icilio Chiocchi. InnumerableS viviendas y edificios en territorio argentino tienen el inconfundible sello del ingeniero. “En el plano de las prácticas profesionales, el pasaje de una primera etapa de obras urbanas, en donde se desempeñó como proyectista a la orden de diversos comitentes, al segundo período que concentró su actuación suburbana, implicó una revalorización de su formación ingenieril, eminentemente pragmática, dando lugar a la combinación de las tareas de proyectista y las de inversor, ampliando su práctica profesional de acuerdo a las posibilidades que quedaban planteadas en las áreas suburbanas a partir de la creciente expansión”, reza parte de la tesis de Pintus.

Exigiendo el Código Urbano al límite, el municipio autorizó la construcción de dos imponentes torres que serán construidas en La Lucila que ,desde hace décadas, se viene generando un fuerte y dañino impacto ambiental. Y si de deño ambiental se habla, otro factor conflictivo proviene por la venta del Círculo Miliar de Olivos, Malaver y Avda. Libertador: levantarán un hotel de lujo; excepción de por medio.

Historia del castillo de la familia Rodríguez Ortega

Esta clásica postal fotográfica de la estación de Olivos destaca la belleza arquitectónica del pequeño castillo San Roque con su portón de entrada sobre la calle Corrientes 608. Es una construcción emblemática de ese paisaje, a pesar de que no luce con el esplendor que merece; por su ubicación protagónica pide un destino honorable, por ser parte del patrimonio simbólico de los vecinos del barrio de Olivos. Su actual propietario es el ingeniero Eduardo Rodríguez Ortega, prestigioso matemático y docente, con su familia, hijo de otro ingeniero con su mismo nombre y sobrino de Leopoldo Rodríguez Ortega, que fue quien construyó esta casa en 1922. Según su propio relato, pertenecían a una familia muy extendida, de antiguo arraigo en nuestro país y poseedora de una considerable fortuna. Entre sus antepasados estaba José Santos Insaurregui, de suficientes méritos como para que su nombre le fuera impuesto durante un tiempo a la actual calle Corrientes. Eduardo Rodríguez Ortega padre nació en Buenos Aires en 1871, estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y luego se fue a Alemania para estudiar. Allí se recibió de ingeniero y trabajó en obras de gran importancia. Mandó a llamar a su hermano menor, Alberto, que siguió sus pasos en la misma carrera, y a Leopoldo nacido en 1893, que en ese país se graduó en Ciencias Económicas. Ambos trabajaron en tareas destacadas y regresaron a la Argentina con un considerable acrecentamiento en su fortuna. Leopoldo decidió invertir en estas tierras en Olivos, la esquina mencionada, donde proyectó construir una réplica en menor escala del castillo de la ciudad de Lieja en Bélgica, rodeado de bellos jardines. También compró la esquina de enfrente, que con los años se vendió para construir los locales de la tradicional fiambrería. Leopoldo trabó amistad con gente representativa de Olivos, entre ellos con el párroco de la iglesia Jesús en el Huerto de los Olivos y así ofreció su ayuda para terminar de construir el templo. Por sugerencia de este párroco hizo la donación de las tierras y de la construcción del asilo de ancianos sobre la calle Pelliza, que todavía lleva su nombre. Leopoldo enviuda joven y sin hijos. Las circunstancias de la vida hicieron que su fortuna menguara. Sus hermanos, dedicados al estudio, fueron profesionales destacados, Alberto Rodríguez Ortega fue quien trajo a nuestro país el sistema de hormigón armado y construyó la primera casa con esas características en la esquina de Rivadavia y Ayacucho. Fotografías y datos biográficos figuran en el libro de geografía de Cartavio utilizado como texto en las antiguas escuelas normales. Fallecieron en la década del cuarenta. La evolución socioeconómica en general y las circunstancias familiares llevaron a una reducción de la fortuna de los antepasados pero brilla en riqueza cultural y profesional de los actuales propietarios de esta emblemática casa.


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