Tras ser acusado de acoso el dirigente de Vicente López dio la cara


Gustavo Matías

Una delicada denuncia de acoso sexual acaba de recaer sobre el dirigente Gustavo Matías, principal referente de La Campora local y Secretario Adjunto del Sindicato de Portuarios Zona Norte. La misma partió de Sofía Belén, militante del peronismo de Vicente López, quien subió a su red de Facebook contando que padeció acoso por parte del dirigente. De acuerdo con la explicación de la joven, Matías, por aquellos años pieza de fuerte peso dentro de la agrupación a nivel regional, usufructuando y sacando provecho de su poder político, arremetió llevándola a un alberge transitorio. El consumo de drogas y la exhibición de armas de fuego por parte del acusado, fueron denunciados por Sofía a modo de mostrar lo dificultoso que habría sido enfrentar la situación en su momento.

Conocida la “reprochable situación”, las reacciones políticas y sociales fueron de total solidaridad con la joven. Si bien el Partido Justicialista aún no se expidió de manera oficial, su presidente Alberto Oliva, al igual que la Secretaria de la Mujer, Juliana del Bo, repudiaron la actitud y recordaron que “el Partido viene transitando un firme camino contra todo tipo de violencia de género”. Una realidad que se ve reflejada en Vicente López y en el trabajo articulado con las concejales del espacio, Marcela Cortiellas, Julieta Molto y Malena Cholakián, respectivamente. Las dos últimas, pertenecen a La Campora.

Al momento de ser consultado Gustavo Matías, el dirigente confió que "me duele toda la situación, tanto por ella como por mi familia" y amplio diciendo que "en realidad, no encuentro explicación racional al escrito de la compañera toda vez que no se compadece con la realidad y mucho menos con el actuar mio, quienes me conocen saben cómo trabajo en el terreno político y el respeto que tengo a toda la militancia; no sé por qué salió a decir lo que dijo". "Son agresiones gratuitas que sería bueno que la justicia investigue, tengo hijos, mujer, madre, hermanas, es mucho el daño que uno recibe por cosas que se suben en las redes, sin fundamentos, vaya a saber con qué intenciones o bajo qué impulso", sostuvo Matías.

Los hechos en primera persona

Desde que escuche a Thelma quiero escribir. Tipeo, borro, lloro, tipeo...borro.

¿Duele, no es cierto? Escuchar el dolor que produce una violación. Creo que duele tanto como el silencio en el que guardamos esos recuerdos que se reviven una y otra vez como un deja vu.

Nos sobran ovarios, decisión, para terminar con el patriarcado. Tipeo y lloro porque Thelma fuimos todas alguna vez. Porque todas callamos. Porque todas nos refugiamos en el silencio y el miedo. Aisladas. Solas. A oscuras.

Cuando tenía 18 años decidí luchar por mis ideologías y empecé a militar orgánicamente. No pensé que un compañero de mi organización iba a marcarme la vida para siempre. Gustavo Matías se llama, siento que hay que empezar a nombrarlo.

Como decía, cuando tenía 18 años, Gustavo Matías me propuso juntarnos para tener una discusión política. Yo accedí. Me propuso pasarme a buscar por casa, así no me tenía que mover sola por la calle. Yo accedí. Me propuso vernos para la cena, porque antes no podía. Yo accedí, haciendo énfasis en que a las dos horas debía ir a la casa de mi novio que estaba enfermo y tenía que llevarle una medicación.

A la media hora me avisan "puerta". Yo salgo y me encuentro con un tercer compañero que, entiendo, hacía de remis. "Vamos a buscar al gusty" me dijo, y siguió: "estos días está muy angustiado. Por favor te pido que lo cuides y lo escuches, está muy mal". Sentí pena, pensé que se refería a su problema con la droga, que estaba intentando rescatarse.

Llegamos a una casa que no conocía. Le cuento a mi novio que estaba en la casa del gusty pero que no podía decir nada porque la reunión era privada. Le pase la dirección y me dijo "esa no es su casa". Empecé a temblar.

Era agosto y hacía frío. Se cumplía un aniversario de la muerte de San Martín. Yo esperaba a Gustavo en el auto en un domicilio que no era su casa. Miro por la ventana y veo mucha gente que yo conocía. Nadie me saludó.

Gustavo se sube al auto, al asiento de adelante, donde estaba yo. Le digo que mejor me voy atrás porque no entraba e intento abrir la puerta trasera. No siento que haya manija, parecía estar arrancada. El compañero que manejaba acelera y empiezan a hablar que estaba triste, que se había comprado una gorra, que se iba de viaje. Una conversación normal, todo para ellos era normal.

Para mí no. Estaba en un auto con gente mucho mayor, no sabía a donde iba y había dejado de mandarme mensajes con mi novio porque no quería que lo vieran. Sentí miedo. Deje de escuchar. Todo a mi alrededor se volvió más oscuro y rápido.

Recuerdo que tomaron merca y ver dos armas, hicieron que las vea. Justo antes de llegar a un telo en la costa de Vicente López. Me dicen "bajate".

Hacía dos años que vivía en zona norte, no conocía las calles ni los colectivos. Iba siempre del colegio a casa. No sabía dónde estaba. Sentí miedo y bajé.

El conductor me dijo "por favor, cuidalo. Que se bañe". No entendí nada pero mi próximo recuerdo es estar en una habitación y él saliendo de la ducha. Se acercó a mí, no sé si desnudo o en toalla. Y no recuerdo más.

Creo que discutimos y que llamó por teléfono al conductor del auto porque yo "no servía para cuidarlo". Después de eso, recuerdo maltrato, amenazas, que nadie me iba a creer.

Aislada y es la oscuridad, en silencio. Como estuvimos todas alguna vez. En el medio conoci decenas de pibes con quienes llegué a estar por tener relaciones sexuales y...crisis, llanto, huida.

De esa oscuridad me saco el feminismo. Así de grandes son las compañeras. Así de bien hace hablar y derribar todas las piedras de esta construcción patriarcal. Así nos ponemos y así nos cuidamos..

Soy Sofía y soy una militante política, decidida de que vamos a dar vuelta la taba. Y lo que tenga que arder....que Arda


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